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martes, 2 de marzo de 2021

21 aprendizajes para la escuela de 2021

 El valor del rol docente, la necesidad de la escuela para reducir desigualdades, la urgencia de eliminar la brecha digital, la apuesta por el trabajo colaborativo y la evaluación formativa, la prioridad de los vínculos… Esta nota repasa 21 aprendizajes de 2020 para recuperar en 2021.



CRÉDITO: Geralt @Pixabay

El año 2020 planteó desafíos inéditos, que dejaron varios aprendizajes para repensar la escuela en 2021. A partir de las notas que publicamos el año pasado, repasamos algunos de los aprendizajes que nos sirven para encarar el ciclo lectivo que empezará en unos días.

1. Sin escuela se profundizan las desigualdades. “Si hay algo que la pandemia desnudó fue la desigualdad en las condiciones de vida de los hogares y cómo eso impacta en la educación de los chicos. La crisis sanitaria nos está dejando como consecuencia la ampliación de esa desigualdad que ya teníamos y que se hace más grande todos los días”, sostiene Melina Furman en el documento Educar para el país que queremos ser.

2. La brecha digital es una brecha educativa. “Las principales causas de abandono escolar tenían que ver con que los jóvenes necesitan salir a trabajar, con el embarazo adolescente y con el cuidado de hermanos menores o de familiares. Con la pandemia, todo esto se agrava por la falta de dispositivos electrónicos o problemas de conectividad para poder seguir las clases de manera virtual”, explica Angela Tanaka, de Asociación Conciencia.

3. Poner el foco en el bienestar integral de los estudiantes. Frente a la pandemia, varias escuelas hicieron hincapié en acompañar a los alumnos más allá de lo pedagógico. Así lo piensa Gabriela Cartolano, del Colegio Tolkien: “Creo que esto vino para quedarse y para crecer. Una educación diferente, en la que se prioriza el estado integral del alumno, no solo sus capacidades cognitivas, sino todo su ser: espiritual, emocional y físico”.

4. Prever espacios para la escucha. Contar con instancias específicas para poner en común cómo se sienten estudiantes y docentes fue una estrategia valiosa ante la incertidumbre. María Serrano, directora del Colegio Ikastola, ejemplifica: “Organizamos mateadas virtuales con los alumnos, a veces en horario de clase a la mañana y a veces a la tarde. Fueron espacios para charlar, para ver cómo estaban y alentarlos a que no bajaran los brazos”.

5. El aprendizaje depende de un vínculo afectivo. “El docente propone a sus estudiantes un vínculo afectivo, pedagógico y profesional. Este vínculo no es obvio y no sucede en todas las clases. Tiene que ser intencionado, y tiene un propósito evidente: acompañar en el proceso de aprendizaje. Cuando ese vínculo está, los estudiantes empiezan a ‘cruzar’ el puente, se involucran y participan más”, reflexiona Oscar Ghillione.

6. Las tutorías son una herramienta clave para sostener las trayectorias. El rol de los tutores fue fundamental para hacer el seguimiento personal y académico de cada estudiante.  En el Taller Escuela María Asunción Guglielmi, por ejemplo, “cada docente asumió tutorías con grupos pequeños, de unos diez estudiantes, a quienes seguía semanalmente y con quienes fue generando un vínculo más estrecho”, explica el director, Marcos Roca.

7. Una oportunidad para revalorizar la tarea docente. El 86% de las familias valora el esfuerzo que hicieron los docentes para acompañar a los estudiantes durante la pandemia, según los resultados de la Evaluación Nacional del Proceso de Continuidad Pedagógica, a cargo del Ministerio de Educación. Otras encuestas arrojaron resultados similares durante 2020: pese a la preocupación por los aprendizajes, las familias reconocen el trabajo de los maestros.

8. Madres y padres se involucraron como nunca. “La pandemia nos hizo abrir los ojos: independientemente del nivel socioeconómico de cada uno, de si nuestros hijos van a escuela estatal o privada, del lugar del país donde vivimos o de nuestras ideologías, necesitamos trabajar juntos, con los docentes y la comunidad educativa, para poder brindar a nuestros hijos la educación que merecen”, plantea la declaración Familias por la Educación.

9. El trabajo conjunto entre escuela y familia potencia los aprendizajes. Madres y padres fueron protagonistas, como nunca antes, de los procesos de aprendizaje de sus hijos. Sofía De Tezanos Pinto, maestra de primaria, recuerda: “Yo grababa videos para los chicos y para los padres, explicándoles cómo explicarles a los chicos. Fue fundamental enseñarles a los padres cómo queríamos que acompañaran las actividades”.

10. La comunicación construye comunidad. El 2020 obligó a repensar la frecuencia y los modos de comunicarse. “Antes solo nos comunicábamos con las familias cuando pasaba algo, por ejemplo si un chico no asistía a clases. En 2020 lo hemos tenido que hacer con el 100% de nuestra matrícula. Eso nos sirvió para vincularnos desde otro punto de vista y desde otros canales con las familias”, señala Flavia Ricci, directora de una escuela secundaria.

11. La innovación depende de la mirada docente, no de las herramientas. “La innovación está en la mirada de los docentes y en sus creencias. Por ejemplo, ¿creemos que tenemos que trabajar en equipo? ¿creemos que todos nuestros estudiantes pueden aprender? Por supuesto que hacen falta recursos. Pero mientras llegan los recursos, también tenemos que hacer cosas”, afirma Pepe Menéndez, referente en procesos de transformación escolar.

12. La tecnología está al servicio de la pedagogía. En 2020 quedó claro el valor de la tecnología, pero también la prioridad de la intención pedagógica: “Se discute sobre cómo incorporar tecnología en las aulas (o en casa), pero poco se discute sobre cómo las tecnologías pueden ser un acelerador de pedagogías para mejorar los aprendizajes, reducir disparidades y empoderar a los docentes y estudiantes”, plantea un informe del BID.

13. Fomentar la autonomía. La educación remota evidenció la necesidad de potenciar la autonomía de los alumnos. “En el contexto actual, la autonomía es clave, por ejemplo para saber organizarse para estudiar, o para que cada estudiante comprenda mejor de qué manera aprende”, sugiere Agustina Blanco, y resalta la importancia de los procesos metacognitivos y de ayudar a los estudiantes a explicitar sus aprendizajes, “haciendo visible el pensamiento”.

14. Seleccionar contenidos y habilidades prioritarios. La sobrecarga curricular es un desafío común a varios sistemas educativos: a medida que se suman las demandas hacia la escuela, se acumulan presiones por enseñar cada vez más contenidos y habilidades. La pandemia puso en evidencia la necesidad de priorizar, sin perder de vista el valor de la currícula como herramienta para construir “un horizonte común”.

15. Aprovechar las TIC para personalizar la enseñanza. Las plataformas permiten hacer un seguimiento individualizado de cada estudiante, e incluso proponerles tareas diferenciadas. “La pandemia visibilizó herramientas pedagógicas que pueden potenciar la tarea docente, y que lo liberan de algunas tareas administrativas para enfocarse en la personalización de los aprendizajes”, destaca Carla Gamberini, directora regional de Mangahigh.

16. El ABP ubica a los alumnos como protagonistas. Varias escuelas aprovecharon la desestructuración de 2020 para trabajar por proyectos. Especialistas en ABP, Josefina Arrighi y Marisol Maña enumeran algunos rasgos clave: “El alumno como protagonista activo, el docente como guía, la indagación como camino central del aprendizaje, la integración de los contenidos, la evaluación formativa constante y el uso flexible del tiempo y el espacio”.

17. Una buena clase virtual tiene momentos claramente diferenciados. “Algo que funcionó fue planificar las clases online para que tuvieran momentos bien marcados: un momento de inicio en el que se conversa con los chicos para ver cómo están, luego el momento de clase con un soporte visual, otro momento para conversar con ellos, y finalmente el cierre”, cuenta Alejandra Vatrano, directora de primaria.

18. La evaluación formativa se basa en la retroalimentación. Elena Barberà, especialista de la Universidad Abierta de Cataluña, subraya el valor de una evaluación basada en “la retroalimentación y el aprovechamiento que de esta realizan los alumnos y los mismos profesores”. Esta forma de evaluar coloca en el centro el diálogo entre profesor y alumnos en torno al contenido: un intercambio orientado siempre a avanzar en el conocimiento.

19. El trabajo colaborativo favorece la innovación. “Planificar juntos no es fácil pero hay que intentar aunar ideas y trabajar por proyectos. Aprovechar la reducción curricular para amplificar las dosis de interdisciplina. Armar buenas preguntas y poner a los chicos a investigar, conectar temas, hacer propuestas frondosas que se recorren en varios días, no actividades sueltas que se evaporan”, propone Axel Rivas en Pedagogía de la excepción.

20. Acompañar y cuidar a los chicos en el mundo digital. Frente al grooming, el ciberbullying y otros riesgos que se agudizaron con la mayor exposición a las pantallas, los chicos necesitan de nuestro cuidado. “Aunque nos confunde a veces ver que los chicos se manejan muy naturalmente en el mundo digital, necesitan de los adultos para cuidarlos. Muchas veces los cuidamos en un montón de temas, y nos olvidamos de este”, reflexiona Sebastián Bortnik.

21. Es hora de priorizar la educación. La campaña #ALasAulas, lanzada a fines del año pasado, convocó a todos los argentinos a comprometerse para priorizar la educación en 2021, con clases presenciales siempre que las condiciones epidemiológicas y sanitarias lo permitan. “Mientras más gente tome conciencia del gran desafío que tenemos, más soluciones vamos a poder construir entre todos”, afirman los impulsores de la iniciativa.

 

 

 

 

 

Por Alfredo Dillon

Fuente https://agendaeducativa.org/21-aprendizajes-para-la-escuela-de-2021/

miércoles, 30 de septiembre de 2020

VUELTA A CLASE: ESTOS SON LOS DESAFÍOS EMOCIONALES Y PSICOLÓGICOS DE ALUMNOS Y PROFESORES

 Además de las medidas sanitarias, la enseñanza presencial durante la pandemia presenta nuevos retos que requieren de una capacidad de adaptación constante

 


Distanciamiento social. Mascarillas. Educación híbrida, presencial, online. Burbujas de convivencia. Gel hidroalcohólico, desinfección, confinamiento y protocolos de actuación. El debate sobre la vuelta a los centros educativos de los 8,2 millones de alumnos no universitarios matriculados en España está marcado por la preocupante evolución de una pandemia que continúa expandiéndose sin freno aparente. Un retorno que presenta, además, numerosos desafíos emocionales y psicológicos que alumnos y profesores tendrán que afrontar en los próximos meses, y que les exigirán una permanente capacidad de adaptación.

 

Es en este contexto de cambio que la Universidad de Cambridge celebra estos días el Cambridge Live Experience 2020, un congreso online y gratuito en el que, a lo largo de tres días (8, 9 y 10 de septiembre), más de 20.000 docentes de todo el mundo asisten a 55 webinars que pretenden orientar, inspirar y apoyar a los profesores en su retorno a las aulas. Para abordar esos desafíos emocionales y psicológicos, EL PAÍS ha conversado con cuatro de sus ponentes: Andy Cope, especialista en bienestar y crecimiento personal; Kate Brierton, psicóloga clínica; Nahla Al Malki, consultora ELT; y Ricardo Morales, coordinador de servicios académicos de Cambridge University Press en México.

 

Aulas de apoyo emocional

Más allá de las medidas de contención sanitarias, los docentes han empezado a recibir en sus clases a unos alumnos cuyas vivencias estos meses han sido muy diferentes. Algunos habrán disfrutado del contacto con la familia y de una menor presión académica, mientras que otros habrán pasado por experiencias difíciles y potencialmente traumatizantes. Para la mayoría, el mayor reto será ahora mantenerse motivados por aprender a pesar de la incertidumbre acerca de cómo la pandemia afectará a sus estudios y a su vida, con la posibilidad de nuevos confinamientos y una vuelta a las clases en remoto.

 

Por eso, “una de las tareas más importantes de los profesores será la de ayudar a todos estos estudiantes a regularse emocionalmente y a que se sientan capacitados para seguir adelante. Hay que escuchar y validar cada experiencia individual; un sentimiento o emoción nunca está equivocado, porque no podemos controlar cómo nos sentimos”, sostiene Kate Brierton, psicóloga clínica en Compassionate Cambridge. Usar el lenguaje para generar un sentimiento de pertenencia, añade, es también útil, con frases como “estamos juntos en esto y nos podemos ayudar unos a otros”, que pueden evitar que los menores se sientan solos y sin ayuda.

 

Una de las posibles estrategias es la de crear aulas sensibles al trauma, con entornos que proporcionen apoyos a todos los estudiantes, incluyendo los más vulnerables, “con una rutina constante y predecible, y una atmósfera tranquila y silenciosa, sin demasiado ruido ni ajetreo. Los profesores pueden ser conscientes de su comunicación no verbal, moviéndose más lentamente por la clase, evitando los movimientos bruscos y hablando con un tono regular y reconfortante”, afirma Brierton. “Y en lugar de inclinarse sobre los estudiantes, lo que podría provocar la reacción de un estudiante traumatizado, bajar a su altura para hablar con ellos”. Si un estudiante se siente angustiado, es recomendable disponer de un espacio, fuera del aula, donde el alumno o alumna pueda tomarse el tiempo que necesite para tranquilizarse.

 

¿Cómo reconocer señales de estrés emocional en los alumnos?

Cualquier cambio en su conducta con respecto a antes de la pandemia puede indicar la existencia de estrés emocional, ya sea a través de un aislamiento social, de comportamientos desafiantes o de otros síntomas como dificultades con grupos de compañeros, cambios en el peso o incluso señales de fatiga. “Los profesores deben también vigilar la posible aparición de autolesiones o señales de trauma, como hipervigilancia, reactividad emocional, flashbacks o disociación, que puede manifestarse con el menor soñando despierto”. Los niños más pequeños pueden desarrollar una dependencia excesiva de los familiares adultos, estar nerviosos en situaciones nuevas o mostrar síntomas somáticos, como dolores de cabeza o de estómago.

 

Una oportunidad para redefinir la nueva normalidad

El papel de los profesores en la recuperación educativa e incluso emocional de los alumnos es, por tanto, clave. Pero para ello, apunta Brierton, “es necesario que antepongan su propia salud. Cuidarse a sí mismos es vital en estos momentos: comer bien, dormir lo suficiente, practicar ejercicio…”. La enseñanza es una profesión que demanda mucha energía, y que es física y mentalmente extenuante. “Si no te sientes bien físicamente, si no tienes la energía suficiente, es muy difícil que puedas dar lo que no tienes. Hay que cuidar la salud física y mental… Si el sueño y el ejercicio vinieran en pastillas, curarían la mayoría de los problemas del mundo”, argumenta Andy Cope, especialista en bienestar, conferenciante y autor de The Art of Being Brilliant.

 

Y después, aunque parezca complicado en esta nueva normalidad de la covid-19, es necesario mantener una actitud positiva, porque las emociones son contagiosas: “Como profesor en un aula, si estás estresado, preocupado o con ansiedad, adivina qué es lo primero que tus alumnos van a percibir inmediatamente de ti. Es imposible no tener un impacto, y por tanto hay que encontrar la manera de que este sea positivo”, explica Cope. “Solo el 10 % de tu felicidad se debe a circunstancias externas; el resto viene de cómo piensas, y sobre esa parte podemos aprender a tener el control” e impactar no solo nuestras vidas sino las de quienes nos rodean. Hay estadísticas que lo corroboran: tener un buen amigo feliz nos hará un 14 % más felices; si se trata de un hermano o hermana, seremos un 17 % más felices; y si tienes un vecino feliz, tú serás un 37 % más feliz, según explican Nicholas Christakis y James Fowler en Connected: The Amazing Power of Social Networks & how they Shapeour Lives.

 

Hemos entrado, y estamos cansados de oírlo, en una nueva normalidad. Pero lo bueno (y también lo malo) es que nadie sabe exactamente cómo es, y eso precisamente brinda una oportunidad para que todos (y no solo los docentes) decidan por su cuenta cómo será esta. “No sé tú, pero yo no quiero volver a mi vieja normalidad, porque en ella estaba cuatro horas diarias en la carretera, sufría de estrés y ansiedad…”, reflexiona Cope. Y respecto a las escuelas, se pregunta: “¿No sería fantástico si pudiéramos salir de la covid-19 en una posición mejor de la que teníamos cuando entramos? ¿Si incorporáramos el bienestar a los centros educativos, incrustándolo en el aula de manera que cuando venga la próxima pandemia, o lo que sea, estemos en una mucha mejor posición para lidiar con ello mental y emocionalmente?”

 

El secreto, para Cope, está en la psicología positiva, en ese puñado de personas que podemos encontrar en nuestra vida que mantienen la energía, la pasión, la sonrisa y la positividad en todas las circunstancias, incluso en medio de una pandemia global como la que nos afecta; en qué hacen para sentirse así de bien y en qué podemos aprender de ellos. “Eso es lo importante de la psicología positiva: que tiende a ser una conducta aprendida, y te recuerda las cosas que tú puedes hacer para tomar el control”. Por ejemplo, la ratio de tres a uno: en el aula, el profesor debería proponerse ser tres veces más positivo que negativo; y si estoy en la sala de profesores, y escucho a la gente compartiendo tres cosas positivas (risas, alabanzas, ánimos) por cada cosa negativa, estaré bastante seguro de que el ambiente es adecuado.

 

“Pero no queremos hacerlo simplemente bien, queremos hacerlo excepcionalmente”, argumenta. Por eso, recomienda que la proporción sea aún mayor. “Una de las cosas que puedes hacer es escucharte a ti mismo, de manera que por cada aspecto negativo que compartas, lo equilibres con otros seis positivos, seis cosas buenas, seis alabanzas a un colega que ha hecho algo bien, seis momentos de risa… Y, de hecho, las investigaciones actuales en el aula apuntan incluso a una ratio de ocho a uno. Si estoy en el aula y escucho ocho cosas positivas por cada negativa, podré estar seguro de que esa clase tiene la energía necesaria”.

 

La regla de los cuatro minutos

Otro consejo es lo que Cope denomina la regla de los cuatro minutos, porque es más o menos el tiempo que tarda una persona en percibir cómo te sientes. Para un profesor, eso significa que tienes que dar lo mejor de ti mismo los primeros cuatro minutos: cuando entras en la sala de profesores, con energía, entusiasmo y positividad; los primeros cuatro minutos de clase, para que luego todos respondan positivamente; los primeros cuatro minutos de una reunión de claustro, o al irse a casa desde el trabajo… “Si todos podemos completar bien esos cuatro minutos, y ser genuinamente alegres y positivos, nos daremos cuenta de que creamos una energía en la gente que nos rodea”.

 

Separados físicamente, pero participativos

El distanciamiento social impuesto por el coronavirus ha modificado también la forma de impartir clase o de participar en las actividades lectivas, al forzar un espacio físico entre los alumnos que hace más difícil el trabajo en grupos. Sin embargo, esto no significa que no haya estrategias a las que los docentes puedan recurrir: “Los profesores deben reflexionar sobre sus propias creencias respecto al aprendizaje, y como conseguían implicar a sus alumnos antes de la pandemia”, esgrime Nahla Al Malki, consultora de ELT y formadora de CELTA. “Si parten de esas prácticas originales y de esos principios de aprendizaje, rápidamente encontrarán sus propias estrategias para superar las medidas de distanciamiento”.

 

Así, la participación de los alumnos puede potenciarse facilitando un aprendizaje basado en la investigación, con clases invertidas (flipped classrooms) o la colaboración entre compañeros y en grupo, y desarrollando un sentido de la responsabilidad y de propiedad sobre su propio proceso de aprendizaje. No serán, en un sentido estricto, nuevas estrategias, sino que usarán herramientas nuevas: por ejemplo, a través de soluciones TIC o celebrando debates en espacios abiertos.

En cualquier caso, es importante no caer en el error de que el distanciamiento necesariamente hará que los profesores impartan exclusivamente clases magistrales: “Estas lecciones pueden ser útiles en contextos concretos o para ciertas asignaturas, pero desde luego no debe ser nunca la forma en que los estudiantes experimenten todo su aprendizaje. Los alumnos deben implicarse a un nivel más profundo para desarrollar sus habilidades, y aprovechar plenamente lo que sea que estén aprendiendo”, cuenta Malki.

 

Encontrar la resiliencia necesaria

En este contexto tan atribulado, es importante que tanto profesores como alumnos puedan considerar que el de la pandemia no deja de ser un proceso en el cual se viven diferentes etapas, como señala Ricardo Morales, coordinador de servicios académicos de Cambridge University Press en México: el impacto o trauma inicial ante una situación inesperada; la reacción, que consiste en adaptarse al nuevo entorno y buscar soluciones que permitan reconvenir la estabilidad; y el crecimiento: aprender de lo acontecido y tomar todo lo positivo que esta nueva situación ha traído. Es ahí en dónde la resiliencia toma un rol importante: “Considerar que no todo lo que se ha vivido ha sido catastrófico; por el contrario, se han adquirido nuevos conocimientos, habilidades y destrezas que nos ayudarán a mejorar en las siguientes etapas de la vida”.

 

 

 

 

Por: Pablo Meneses

Fuente: https://elpais.com/economia/2020/09/09/actualidad/1599648299_945483.html

 

miércoles, 5 de agosto de 2020

6 desafíos clave de los equipos directivos frente al COVID-19

La planificación en contexto de emergencia, el acompañamiento y la contención de docentes y familias, la retroalimentación de las actividades escolares y la preparación del regreso a las clases presenciales son algunos de los retos que enfrentan los equipos de conducción. Unicef elaboró una serie de materiales para orientar el abordaje de estos desafíos.


Planificar en un contexto de emergencia; acompañar al equipo docente, las familias y los estudiantes; contener a docentes y familias; ofrecer retroalimentación de las actividades escolares; favorecer el desarrollo de nuevas prácticas de enseñanza y preparar el regreso a las clases presenciales son 6 desafíos clave que enfrentan los equipos directivos de las escuelas en el marco de la pandemia de COVID-19.

Con el objetivo de orientar a los directivos en torno a estos desafíos, UNICEF elaboró una serie de cuadernillos titulada Los equipos de conducción frente al COVID-19: claves para acompañar a los docentes, las familias y los estudiantes en contextos de emergencia, dirigida por Cora Steinberg, especialista de educación UNICEF Argentina. A partir de una serie de preguntas disparadores, los cuadernillos buscan aportar a la reflexión y al abordaje de los múltiples retos que enfrentan los equipos de conducción en el contexto de la pandemia.

“El rol de los equipos de conducción es clave en la vida de las escuelas, y más aún en contextos de emergencia. La planificación estratégica es crítica para acompañar a quienes lideran el cambio, de forma que acompañen a sus equipos en asegurar las condiciones de seguridad y sostenimiento de las actividades”, plantea Luisa Brumana, representante de UNICEF Argentina, en la presentación de los documentos, que fueron elaborados por María Teresa Lugo, Valeria Kelly, Claudia Castro, Carina Kaplan, Rebeca Anijovich, Mariana Maggio y Lila Pinto.

La planificación estratégica es crítica para acompañar a quienes lideran el cambio, de forma que acompañen a sus equipos en asegurar la seguridad y sostenimiento de las actividades
Luisa Brumana

Desafío 1: Planificar en contextos de emergencias
“La emergencia reclama formular líneas de acción con una mirada territorial“, escriben María Teresa Lugo y Valeria Kelly en el primer cuadernillo de la serie. “Los equipos directivos se han visto empujados a reorganizar la institución; a identificar las líneas prioritarias que permiten que la escuela se sostenga aunque la actividad pedagógica se traslade a los hogares. Por eso, en este escenario, la mirada desde la dirección es irremplazable para realizar un estado de situación, identificar fortalezas y obstáculos de los equipos en este contexto, comprender sus diferentes lógicas y actuar sobre la base de consensos y evidencias”, afirman.

Las autoras subrayan el valor de un liderazgo distribuido y el fortalecimiento del trabajo en equipo como estrategias clave para avanzar con acciones claras en tiempos de incertidumbre. También destacan que una buena gestión de las comunicaciones es fundamental para lograr la sinergia y el compromiso entre todos los actores, hoy dispersos en tiempos y espacios diversos. Y aclaran: “Una buena gestión de la comunicación no solo es la que baja eficientemente la información requerida, sino también la que teje vínculos, organiza tareas, busca consensos, convoca a resolver problemas de manera colectiva”.

Los equipos docentes son “la primera línea” en cubrir la emergencia: esto demanda a sus directivos “una modalidad de conducción particular, entre la coordinación y organización del trabajo, el acompañamiento emocional y la comunicación permanente“. Con respecto al aporte de las TIC en este contexto, Lugo y Kelly señalan que las tecnologías digitales “son grandes aliadas cuando se diseña una estrategia que contemple las diferentes condiciones de acceso de la comunidad escolar y la experiencia de los equipos docentes y de gestión”.

Una buena gestión de la comunicación no solo baja la información requerida, sino que también teje vínculos, organiza tareas, busca consensos, convoca a resolver problemas de manera colectiva
María Teresa Lugo y Valeria Kelly

Desafío 2: Acompañar a docentes, familias y estudiantes
“La mirada general del equipo directivo hacia la escuela, su visión, tanto de los recursos como de los actores de la comunidad educativa, es importante para poder generar las condiciones necesarias que permitan que la educación se sostenga”, escribe Claudia Castro con respecto a este desafío. Para Castro, “se trata de entender el rol de la conducción como acompañamiento a la tarea que realizan los equipos docentes: disminuir el control y aumentar la disponibilidad para consultas y dudas, generar espacios que inviten a pensar juntos”.

Lograr la cercanía en contextos de distanciamiento pasa por considerar las condiciones de las personas que forman parte del entramado de la comunidad educativa y adaptar la respuesta a esas condiciones. En ese sentido, la autora sostiene que el desafío más importante cuando se reanuden las clases presenciales será que todas y todos regresen a la escuela: “No perder a ningún estudiante en el camino dependerá de muchas cosas; lo que la escuela, equipos directivos y docentes hagan durante esta etapa puede ser lo que establezca la diferencia”.

Por otra parte, en el acompañamiento a las familias y los estudiantes, la escuela no alcanza: “Es el momento de fortalecer o generar redes que trabajen a favor de niñas, niños y adolescentes”, señala Castro. Los problemas de maltrato aparecen aquí como una de las principales preocupaciones. Según datos de la encuesta de UNICEF sobre el impacto de la pandemia en Argentina, en el 50% de los hogares se perciben mayores momentos de discusiones y enojos entre adultos, y en el 30%, entre adultos e hijas o hijos. En el 1% de los hogares, se vivieron situaciones de violencia familiar durante la cuarentena. En el 51% de los casos, esas situaciones involucraron a niñas y niños.

No perder a ningún estudiante en el camino dependerá de muchas cosas; lo que la escuela, equipos directivos y docentes hagan durante esta etapa puede ser lo que establezca la diferencia
Claudia Castro

Desafío 3: Contener al equipo docente y las familias
“El rol del equipo de conducción es imprescindible para generar las condiciones necesarias para que los lazos de afectividad pedagógica compensen la lejanía propia del aislamiento social obligatorio –define Carina Kaplan en relación con este desafío–. En contextos de excepcionalidad, resulta central cuidar el bienestar emocional de quienes están participando de la experiencia pedagógica: tanto el de las personas adultas para poder acompañar y enseñar como el de las niñas, niños y adolescentes para poder aprender”.

Kaplan resalta que, para que las tareas que se desarrollan en este contexto cobren sentido, “se necesitan las palabras y los sentimientos de quienes nos invitan a participar con ellos de la construcción de esta novedosa experiencia escolar”. Algunos datos permiten dimensionar ese desafío emocional: el 22,5% de las y los adolescentes de entre 13 y 17 años se siente asustado; el 15,7%, deprimido, y el 6,3%, angustiado frente a la incertidumbre que genera el contexto actual, según la encuesta de UNICEF.

“Es tarea del equipo directivo posibilitar que los afectos aparezcan, circulen y, de ser posible, se fortalezcan”, propone Kaplan. Y agrega: “La mirada de cuidado es el signo más amoroso de la relación pedagógica. Agudizar la sensibilidad ayuda a percibir padecimientos a los fines de articular acciones anticipatorias. La escucha es un elemento central como canal para abrir espacios alternativos donde poder expresar sentimientos y generar propuestas para darles el tratamiento adecuado”.

La mirada de cuidado es el signo más amoroso de la relación pedagógica. Agudizar la sensibilidad ayuda a percibir padecimientos a los fines de articular acciones anticipatorias
Carina Kaplan

Desafío 4: Ofrecer retroalimentación de las actividades escolares
El 81,2% de los hogares con niñas, niños y adolescentes reporta que tienen tareas escolares. El 87,6% de esos hogares informa que la escuela se comunica con la familia, según datos de UNICEF. Además, el 96,3% de las y los adolescentes tiene tareas escolares durante la cuarentena. El 76,6% tiene contacto con sus docentes, y el 68,7% tiene devoluciones de las tareas escolares por parte de los docentes.

En este marco, Rebeca Anijovich sugiere que uno de los desafíos pedagógicos centrales es seleccionar y priorizar evidencias de avances y logros que permitan dar cuenta de todo lo que los estudiantes están aprendiendo en este contexto en sus casas: tanto contenidos curriculares como habilidades de trabajo en el hogar.

Anijovich recomienda transitar “de una retroalimentación de transmisión a una retroalimentación de diálogo“, así como “favorecer un equilibrio entre las retroalimentaciones que se focalizan en las fortalezas de los desempeños y las que se focalizan en las necesidades de mejora”. En ese sentido, la especialista remarca que la retroalimentación tiene una influencia muy poderosa en el aprendizaje, pero su impacto viene determinado por las condiciones en que el docente la realice.

Un desafío pedagógico central es seleccionar y priorizar evidencias de avances y logros que permitan dar cuenta de todo lo que los estudiantes están aprendiendo en sus casas
Rebeca Anijovich

Desafío 5: Favorecer el desarrollo de nuevas prácticas de enseñanza
“El mundo había cambiado antes de que se produjera la pandemia. Sin embargo, la didáctica clásica seguía siendo hegemónica. Las complejas condiciones en que enseñamos hoy pueden ser una oportunidad para construir prácticas de la enseñanza relevantes, memorables y transformadoras“, propone Mariana Maggio en relación con este desafío. Para Maggio, “reconocer las condiciones de un cambio de era es imprescindible para transformar las prácticas de la enseñanza en un sentido más inclusivo”.

La autora reivindica una “inclusión genuina” de las TIC, un concepto que remite a aquellas prácticas de enseñanza en las que los docentes, por decisión propia, integran las tecnologías de la información y la comunicación a partir de un doble reconocimiento: “En primer lugar, comprenden los modos en que las tecnologías atraviesan la construcción de conocimiento disciplinar otorgándole a esa integración un sentido epistemológico. En segundo lugar, identifican las formas en que las tecnologías configuran tendencias de las que participan las y los estudiantes, con un sentido social y cultural“.

Maggio destaca que “la decisión no se inicia por la elección de una tecnología o de una aplicación por sí misma, sino por sentidos que son de otro orden —epistemológico, social y cultural— y con el foco puesto en el carácter de la práctica que se quiere desarrollar”.

Las complejas condiciones en que enseñamos hoy pueden ser una oportunidad para construir prácticas de la enseñanza relevantes, memorables y transformadoras
Mariana Maggio

Desafío 6: Preparar el regreso a las clases presenciales
La anticipación y la comunicación son estrategias centrales de preparación para gestionar el regreso a las clases presenciales, escribe Lila Pinto en el sexto cuadernillo de la serie, y aclara que “hacer de la escuela un lugar seguro involucra un trabajo articulado de toda la comunidad educativa”.

Pinto subraya que el aprendizaje no puede ser pensado más allá de las emociones: “Las experiencias vividas por nuestros estudiantes y sus familias durante el tiempo de suspensión de clases presenciales son un punto de partida esencial para la resignificación de una nueva forma de hacer escuela“.

Por eso, para resignificar el sentido de la escuela y el desafío de aprender distinto, “necesitamos tender puentes significativos entre las experiencias de enseñanza y aprendizaje vividas a distancia y el reencuentro de nuestra comunidad educativa en las aulas presenciales”, señala Pinto. Y deja planteado un reto crucial: seguir fortaleciendo los vínculos generados entre la escuela y la comunidad durante el período de educación a distancia, para consolidar estrategias de contención social y apoyo a los aprendizajes.




Por
Alfredo Dillon
Fuente

viernes, 8 de mayo de 2020

El desafío educativo de no volver a la realidad anterior


  • No volver a la realidad anterior debe ser la consigna educativa que nos una mundialmente. Necesitamos descubrirnos como seres que aprendieron e hicieron de esta crisis una escuela para la vida plena, para la solidaridad global y para el gozo de encontrarnos, como humanos, en la cercanía o en la distancia.


Volver a las aulas, a las calles, al trabajo, a la vida, como si nada hubiera pasado, como si el huracán global del Covid-19 no hubiera pasado arrastrando al planeta sería un triste y vergonzoso regreso a la que llaman “normalidad”. Por respeto a quienes han sufrido, están sufriendo o murieron por una pandemia, pero también por un compromiso apasionado por la vida y por los seres humanos, necesitamos aprender a vivir en la “nueva realidad”. Esto debe significar que es necesario educar(nos) para descubrir que no podemos -o no debemos- volver a lo que teníamos antes de este primer trimestre del 2020.

Por ejemplo, no podemos volver a vivir una catástrofe para descubrir que los Estados, los gobiernos y sus instituciones evidencian graves carencias o enfoques y visiones que no privilegian al ser humano. Si en estados de bienestar la cosa ha sido terrible, ¿cómo es o cómo podrá llegar a ser en estados fallidos? Durante estas semanas nos han pedido responsabilidad personal y familiar para no contagiarnos, para no afectar a otros, para no extender el virus. Y eso, por supuesto, está bien, es nuestra responsabilidad como ciudadanos y ciudadanas, como grupos familiares. No podemos evadirlo. Pero tampoco nos ceguemos y olvidemos que mucho de este drama se ha debido a irresponsabilidades de los grandes poderes, a carencia de institucionalidad efectiva, a engaños o mentiras por razones políticas, a que se privilegia las decisiones de los grandes poderes económicos. Está bien que respondamos individualmente, pero no podemos aceptar que las condiciones estructurales e institucionales sigan siendo las mismas.

Se precisa, entonces, generar educación política y ciudadana que movilice, que llame a la participación de esos grandes conglomerados que se conforman con votar cada cierto tiempo, sin mayor participación o compromiso. La educación, mucho más que nunca, debe asumirse como una exigencia para el compromiso político, ese que nos lleve a construir una cultura política distinta, que cree estructuras e instituciones para proteger la vida, no para proteger los intereses corporativos.

La educación, en el retorno, también debe mirar hacia el centro de todo: el ser humano. Eduquemos para la vida en toda su integralidad, y ello incluye la consideración tierna y solidaria hacia otros. Incluye la sensibilidad hacia los que más sufren, hacia los excluidos y empobrecidos (que ahora lo serán más por los efectos de la pandemia). Una educación que deje la tecnocracia y la necesidad de cumplir con estándares predeterminados y priorice la emocionalidad sana, la salud, el encuentro interpersonal que construye, que ayude a crear convivencia digna y pacífica.

Una tercera llamada de atención, entre muchas, se ubica en algo que empiezo a descubrir en la vida de muchos educadores y educandos. Los espacios virtuales para el aprendizaje (con plataformas de todo tipo) eran la gran aspiración de muchos enfoques pedagógicos. Llegó el coronavirus y ¡pegaron el grito de júbilo! Se demostraba que la educación a distancia es la gran carencia en la educación escolar. Y claro que así ha sido, ha permitido mantener ritmos y procesos de aprendizaje. Sin embargo, ¿todos los niños, niñas y jóvenes tienen acceso a internet, a teléfonos móviles, a computadoras potentes? En nuestros países latinoamericanos se ha evidenciado que la inmensa mayoría no tiene acceso a todo eso, por razones económicas. Es escandalosa esta realidad en los establecimientos públicos, donde la pobreza se pasea con soltura.

A lo anterior, se agrega que el teletrabajo y los ritmos de educación a distancia han venido a crear una ironía: ¡Ahora se añora, se extraña, se necesita la presencialidad! Imagino, (porque todo está en el mundo oscuro de las incertidumbres), que tendremos que aprender a valorar la vida escolar que aprecia al máximo el encuentro presencial, pero que está apoyada, de manera complementaria (y no sustitutiva) por los esfuerzos virtuales. Esto incluirá una consideración socioeconómica, cultural y técnica de aquellos entornos de mayor pobreza.

Educar(nos) para una nueva realidad conlleva que aprendamos a vivir para construir esa nueva realidad. El desgano, la indiferencia o el conformismo, que nos pueden llevar a vivir la educación desde la rutina que no nos compromete a luchas por la vida digna, puede ser el peor de los efectos de esta pandemia. No volver a la realidad anterior debe ser la consigna educativa que nos una mundialmente. Necesitamos descubrirnos como seres que aprendieron e hicieron de esta crisis una escuela para la vida plena, para la solidaridad global y para el gozo de encontrarnos, como humanos, en la cercanía o en la distancia. Si el Covid-19 no ha tenido una sola nacionalidad, la lucha por un mundo mejor tampoco tiene fronteras o pasaportes. Todos estamos y somos parte de esta casa planetaria.
 por 
Carlos Aldana
Fuente

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