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viernes, 17 de abril de 2020

«Hasta que no seamos inmunes al virus no recuperaremos el uso del espacio público»


  • Joan Subirats, comisionado de cultura del Ayuntamiento de Barcelona y teniente de alcalde, ​​asegura que las ciudades tardarán en volver a la normalidad y apunta a la incertidumbre de cara a grandes celebraciones como La Mercè o fin de año: «Tenemos que conseguir compaginar salud y disfrute».

Joan Subirats, catedrático de ciencias políticas en la UAB, comisionado de Cultura en el Ayuntamiento de Barcelona y sexto teniente de alcalde, ​​plantea la crisis del coronavirus como una antesala que abre un escenario de riesgos y posibilidades. El peligro de ceder nuestra intimidad en pro del bien común y acabar cediendo a lógicas controladoras y totalitarias se contrapone a la oportunidad de implementar las redes de solidaridad.

Sea como sea, sin embargo, la salida de la crisis, Subirats asegura que «no es tan fácil volver a la normalidad» y, es más, considera que «quizás tampoco queramos volver a ella». ¿Cómo serán las ciudades cuando podamos salir de casa en la nueva normalidad? ¿Tendremos miedo unos de otros y primará el miedo al contagio antes que el contacto? Si no se pueden retomar los espacios públicos y no se pueden hacer manifestaciones, ¿cómo será la protesta? Hablamos de cómo será, al fin y al cabo, nuestro trato con la ciudad, con el otro, después de la pandemia

Hace unas semanas publicó un artículo en Ctxt en que citaba a Boaventura de Sousa Santos, quien decía que la normalidad era una crisis permanente. ¿Cómo cree que esta pandemia ha evidenciado que nuestra normalidad era, precisamente, una excepcionalidad?
Boaventura dice que llevamos mucho tiempo en crisis, pero el concepto crisis tiene un problema y es que da la sensación de ser coyuntural. Una crisis es como si tuvieras, nunca mejor dicho, una gripe: la tienes durante un tiempo y luego la superas. Pero la organización mundial que impera actualmente fue gestada en 2008, desde el discurso de que la superación de la crisis lo justificaba todo. Justificó los recortes en sanidad pública, la precariedad laboral o los problemas de vivienda. Ya lo dice Naomi Klein en La doctrina del shock: normalizamos cosas que de normal no tienen nada.
Es ahora, que sufrimos una crisis de otra magnitud, que hablamos de emergencia y de peligro vital. Esto lo encontramos excepcional, pero no ha sido hasta esta excepcionalidad que hemos redescubierto cosas que habíamos perdido durante la ‘normalidad’ anterior. Hemos redescubierto el tiempo, la importancia de servicios y actividades en el hogar, la salud y la vida en relación al trabajo. La normalidad debería ser más segura, pero ahora nos damos cuenta de que estábamos rodeados de riesgos. Hoy, en esta excepcionalidad, aparentemente deberíamos estar inseguros, pero resulta que hemos recuperado seguridades que habíamos perdido.

El hecho de recuperar seguridades, que entiendo que excluye a las personas enfermas, depende mucho de las condiciones en que se viva esta excepcionalidad.
Evidentemente, las desigualdades siguen existiendo.

Darnos cuenta de ello, no significa necesariamente remediarlo. En 2008 se tiró de soluciones cortoplacistas. ¿Cree que habremos aprendido algo?
La crisis del 2008 no tuvo el nivel de esta. Fue muy grande y tuvo muchos efectos, pero no tuvo tanto impacto sobre la cotidianidad. Esto nos está haciendo redescubrir, más que entonces, el poder de la articulación comunitaria. Repensamos cosas que no tuvimos tiempo de repensar en 2008, porque impacta mucho más en los hábitos y modos de vivir y relacionarnos.
Existe el riesgo de hacer como en 2008 y volver al business as usual, reafirmando las desigualdades de los que más sufrieron la crisis, rescatando a los bancos y recuperando el sistema económico de la manera más ortodoxa posible. Pero creo que no pasará. De aquella crisis surgieron movimientos globales como el 15M o el Occupy Wall Street, de los que extrajimos aprendizajes que quizás nos permitan resolver esta crisis de manera diferente.

La crisis ayuda a evidenciar desigualdades e inseguridades, como la precariedad laboral, la crisis habitacional o la violencia de género. Pero, para un cierto estrato social, este confinamiento no ha supuesto sólo ponerlas de relieve, sino convivir con ellas 24 horas al día, 7 días a la semana.
Es evidente que la desigualdad juega un papel en los efectos de esta crisis. Se ve, no sólo en las condiciones físicas o materiales con las que la gente es capaz de subsistir, sino también en la distribución de los contagios. No es verdad que el virus sea democrático.
Por eso no será tan fácil volver a la normalidad y, además, la pandemia nos deja la reflexión de que no queremos volver a la normalidad. Después de las grandes crisis nunca se vuelve a lo que había antes: después del 11S vimos un cambio brutal en la seguridad del mundo y, ahora, es posible que se incorporen medidas de control tecnológico de la población. Se nos plantean peligros y oportunidades y que la salida sea mejor o peor dependerá de la atención que prestemos a los más perjudicados. Podemos acabar en un escenario con un control brutal de la conducta o en otro en que se haya recuperado la importancia de la red.

¿Corremos el riesgo de ceder los datos sobre nuestra intimidad de manera voluntaria, en pro del bien común?
Es una posibilidad. Las aplicaciones móviles que han creado la Generalitat y el Gobierno son apps en las que, de manera voluntaria, explicas cómo te encuentras. Puede parecer evidente que ahora hay que hacerlo, ya que contribuye sólo a tener más controlada la salud pública. Pero, a la vez, no sabemos si estos datos pueden ser usados de manera negativa.
En China, por ejemplo, cuando una persona en un vagón de tren tiene unos niveles de temperatura altos, que se detectan a través de un sensor, se avisa a los teléfonos de todos los pasajeros. Esto se puede ver como una intromisión brutal, pero también es una garantía para la salud pública. Es lo que Focault denominaba biopolítica, la capacidad de control. Normalmente no cederíamos tan fácilmente nuestra intimidad, pero cuando hablamos de salud, la cosa cambia.
Lo que no podemos hacer es dejar de politizar el debate, es un error pensar que estamos ante un problema estrictamente técnico o científico. Y cuando digo politizar no quiero decir hablar sobre si lo hace mejor Junts per Catalunya, el PP o el PSOE. Quiero decir discutir sobre quién gana y quién pierde con cada decisión, cuáles son los costes y los beneficios y cómo se distribuyen. Que no hay nada neutral.

¿Cómo cree que nos relacionaremos, una vez acabe el contagio? Ahora que hablaba del vagón en China, ¿cree que mandará el miedo al contagio? Y si es así,¿ esto podría aumentar las desigualdades y discriminaciones sociales?
Históricamente esto ya ha pasado: el barrio judío de Barcelona se destruyó en el siglo XIV porque corrió la voz de que la peste se había originado allí. En la India existe el rumor de que una buena parte de la pandemia nació en una mezquita y, con todo el conflicto que hay entre hindúes y musulmanes, esto es un barril de pólvora. En estas situaciones, buscar un culpable es sencillo y eso se notará a la larga. Nos costará volver a salir al espacio público para celebraciones multitudinarias. Hasta que no seamos inmunes al virus o haya una buena parte de la población con inmunidad adquirida, no recuperaremos la normalidad del uso de los espacios.
Es un aspecto del desconfinamiento que deberá ser regulado, sobre todo teniendo en cuenta las ganas que tenemos de recuperar el contacto. Será una decisión científica, médica y política, que deberá buscar la manera en que no acabe repercutiendo más sobre unos que sobre otros. Y aquí, la vuelta a la escuela también tendrá un papel importantísimo.

¿Las diferencias en el acceso a la tecnología y el tiempo y capacidad que tienen las familias para acompañar a los niños en el estudio durante el confinamiento generarán desigualdades que perdurarán en la vida académica de los niños y niñas?
Sabemos que el grado de éxito educativo depende de la formación de las familias. Es una variable importante, así como la disponibilidad de aparatos tecnológicos. Y habrá que continuar con estos debates en el futuro, ya que se deberá reforzar el equipamiento tecnológico de la sociedad cuando salgamos de esta pandemia. Al igual que en el siglo XIX se hicieron redes de saneamiento y alcantarillado, mañana se requerirá una red abierta para la ciudadanía, democrática, y no controlada de manera privativa.
En cuanto a los efectos que tendrá la pandemia en los niños, dependerán de nuestra capacidad de trabajar durante los meses posteriores. El verano será un escenario importantísimo: las colonias y el ocio pueden ser una gran herramienta para eliminar los efectos de la pandemia y las dificultades que se hayan adquirido estos meses. Ahora bien, habrá que garantizar un acceso democrático de la mano de ayudas públicas. El ocio será un elemento central para reducir los efectos de la pandemia.
Durante estos meses, parece que la situación ha cambiado pero los contenidos y la manera de estudiar se ha mantenido. ¿Cree que es momento para replantear metodologías pedagógicas?
La crisis actual pone más de relieve esta necesidad, pero ya hace tiempo que tenemos un problema en el sistema educativo. Hay que introducir más elementos artísticos, experimentales, propios de una lógica que no se base en la reproducción del conocimiento. Hay un gran desajuste entre el cambio de época que vivimos, llena de incertidumbres, y los currículos escolares. Necesitamos incorporar estas palabras mágicas, como la creatividad, la innovación o la emprendeduría para educar personas que sean flexibles en épocas cambiantes, como la nuestra. Y eso, la Covid-19 nos lo demuestra.

Habla de la necesidad de introducir más arte y cultura a la educación. Precisamente la cultura tiene un papel relevante durante este confinamiento. Estamos acostumbrados a consumir cultura gratis y estos días se está demostrando cuán vulnerable es el sector. ¿Es momento para dar más voz a la cultura?
La situación lo requiere. La cultura es determinante en el momento que vivimos, pero a la vez vive en una precariedad crónica. Hemos asumido una cultura de acceso libre que no tiene en cuenta la supervivencia de los creadores. Hay que poner de relieve la importancia de la subsistencia económica de la cultura, no sólo en términos de presupuestos: debemos asumir que vale un precio que hay que pagar.
Pero lo que está claro es que es un sector que saldrá muy tocado de esta crisis. Todavía ahora no tenemos claro cuál es el futuro de grandes eventos como festivales o fiestas. Tenemos Sant Jordi aplazado hasta junio. Y se nos viene la duda acerca de cómo celebrar grandes fiestas como el Grec, la Mercè o, incluso, fin de año. Somos muy conscientes de que los efectos del coronavirus se prolongarán en el tiempo y tenemos que encontrar el equilibrio entre la necesidad de recuperar el pulso de ciudad y los requerimientos sanitarios: entre la salud y el disfrute.

Recuperar los espacios públicos es recuperar la soberanía como ciudadanía. Al principio de la entrevista hablaba de los aprendizajes de la crisis del 2008, a través del 15M o el Occupy Wall Street. Ambos basados en la movilización. Si en un futuro cercano se imposibilitan las manifestaciones o la movilización, ¿cómo será la protesta?
En todo el mundo padecemos la misma excepcionalidad y creo que se generarán procesos de cooperación y aprendizajes globales cruzados. Esto se dio en 2008 con el Ocuppy y creo que se volverá a dar, aunque no de forma física. Las redes serán un elemento importantísimo, pero la movilización en la calle se seguirá dando y tendremos que valorar los riesgos. Volvemos a lo que hablábamos antes: en momentos de incertidumbre existe el riesgo de que se valore la seguridad y la salud pública por encima de todo; puede que las lógicas autoritarias aprovechen esta incertidumbre para delimitar las posibilidades de la protesta.

Estos días se da el debate sobre la presencia del ejército en las calles. Por un lado la imagen violenta y de gasto público asociado a los militares y por otra las tareas de desinfección de la UME. ¿Qué pesa más?
Hay que pensar en la capacidad de aprovechamiento político que unos y otros puedan hacer de este debate. Pero creo que ahora lo que corresponde es aprovechar todos los recursos disponibles para hacer frente a una situación excepcional que puede superarnos. En este sentido, me sorprende la politización de este debate, que nos distrae de los verdaderos objetivos de estos días.
Esto, sin embargo, no significa ser naif y que nos dé igual de dónde venga la ayuda y quién nos la ofrezca. No comparto la retórica militarista a las ruedas de prensa y no simpatizo con cómo la monarquía se aprovecha de la situación para intentar salir de la situación patética en la que está. Pero son detalles relativamente pequeños en relación a la dimensión del problema. Es absurdo que haya buques hospital militares o dispositivos de desinfección y que no los usemos. Y eso no justifica la existencia del ejército.


por 
Sandra Vicente
Fuente

lunes, 12 de octubre de 2009

¿Por qué se filman en escenas íntimas?

Voy a publicar una nota que aparece en un diario argentino, que trata el problema con seriedad, y se refiere a un escándalo, a noticia que circula a gran velocidad, una escuela de pueblo genera noticia a nivel nacional, alumnos expulsados etc etc. Pero si profundizamos un poco ¿De donde se incuba la idea de filmar escenas íntimas, y luego publicarlas en Youtube? ¡Obviamente de la televisión!

La televisión muestra un ir y venir de personajes que para obtener un minuto de fama hacen todo lo necesario, contar sus preferencias sexuales, sus experiencias, y si de apartan de lo habitual, mejor. Horas y horas de programación dedicadas a esas actividades, con personaje devenidos en famosos. Formatos de programas como "Gran Hermano" y otros "realitys" son éxitos en todo el mundo. La televisión profundiza su caracteristica de centrarse en los sentimientos y brinda espectáculos de baja calidad, ocultando la realidad y creando una nueva.

¿Qué hacer desde la praxis docente? La escuela nunca fue aliada de la televisión, y ahora debe convertirse en una enemiga militante. Debemos prevenir a los jóvenes sobre sus efectos, y si se obliga a rendir todas las materias a los jóvenes que hicieron público un acto privado ¿Para cuándo la expulsión de la televisión? Para mayores referencias hacer click ACA

Los chicos viven el sexo como objeto de consumo
En una misma semana se conocieron dos casos de compañeros de colegio que se grababan con los celulares cuando tenían relaciones. Los expertos dicen que para los adolescentes se desdibuja la frontera entre lo público y lo privado.

Una alumna le practicó sexo oral a su compañero, de 16, en el baño del colegio. Lo filmó con su celular y otro amigo después lo subió a la red. La directora del colegio los sancionó y los dejó libres hasta fin de año. Ocurrió en San Luis, pero del otro lado del país, en Buenos Aires, otros estudiantes, un par de años menores que la pareja anterior, también protagonizaron una escena similar entre los pupitres y el pizarrón. La espectacularización de la sexualidad ya es moneda corriente y los padres y los docentes quedan atónitos ante las escenas al borde del porno que filman sus chicos. Los límites entre el pudor y lo privado, entre lo público y lo ajeno, ya se desfiguran en las pantallas de los celulares, la TV o la red. “Yo pienso que una chica y un chico que se tocan mientras otro lo filma con su celular no asocian eso a una sexualidad integral, sino más bien a una como producto de consumo”, dice la coordinadora del Programa Nacional de Educación Sexual Integral, Mirta Marina.

“Nosotros, desde el programa, entendemos la sexualidad integral como un encuentro entre dos personas, donde hay lugar para el placer, el respeto, el cuidado, lo que nos hace pensar que estos episodios entre adolescentes distan mucho de esa realidad y muestran una sexualidad que se relaciona más con el consumo que muestra, por ejemplo, la televisión, y donde los adultos tenemos en eso mucha responsabilidad”, insiste la especialista del Ministerio de Educación de la Nación.

En Merlo, dos alumnos de quinto año se filmaron con un celular mientras practicaban sexo oral. Fue en el baño del complejo Santiago Besso, y otro alumno lo subió a YouTube, que cinco días después lo bajó de su portal. Los adolescentes fueron suspendidos y tendrán la posibilidad de rendir las materias como libres a fin de año. La directora, Nora Costamagna, dijo que fueron separados porque fue “una afrenta a la institución”. En el Centro Educativo Franciscano “Padre Castañeda” de La Plata, en cambio, tres chicos de 12 y 13 años también se grabaron esta semana con un celular: uno de ellos se desabrochó el pantalón y se desnudó delante de los otros. Una compañera que participaba de la filmación comenzó a tocarlo. Ocurrió en el aula de octavo año y la filmación pasó de celular a celular mientras uno de ellos apretaba el botón de “reenviar”. El director del colegio, Daniel Taverna, advirtió que de ninguna manera “se va a expulsar” a los chicos sino que se trabajará como un tema escolar.

La socióloga Cristina Fridman, secretaria general de la Federación Latinoamericana de Sexología y Educación Sexual, dice que los adolescentes prueban nuevos repertorios sexuales: “Se diversifican los encuentros, se estiran los límites y se ensayan formas de provocar, en particular a las organizaciones que establecen los adultos”. Y agrega: “Los actos sexuales son sociales, es decir que no revisten una acción íntima, ni privada, ni erótica. Básicamente es una performance. Realizan transgresiones en un estilo aggiornado”.

Marina reconoce que los episodios de San Luis y La Plata son bien diferentes, pero que en el fondo tienen en común que los chicos convierten su sexualidad en un espectáculo para que todos los vean: “El tema es de qué modo se pueden trabajar en cada caso y cómo estos episodios se pueden convertir en fuente de reflexión y de aprendizaje, para ponerles palabras a estos hechos que producen perplejidad, indignación y preocupación en los adultos, para saber cómo y por qué los chicos sienten esta necesidad de mostrarse y de existir a partir de una pantalla, de conocer los límites entre lo público y lo privado, y qué pasa con la idea de pudor como valor”. Fridman además agrega: “No tenemos presente que en todos lados se cuenta todo: lo sexual es un reflejo de lo que ocurre en todos los aspectos de la vida. Incluso con una versión de género patriarcal donde las chicas realizan una fellatio, mientras que es raro que los varones sean filmados realizando cunnilingus. Las mujeres repiten una vez más los mandatos antiguos de darle placer al varón. En general por falta de programas de educación sexual integral, los jóvenes no tienen conocimientos ni experiencias en sus propios cuerpos, parecen cuerpos ajenos, pero deben ser visibles”.

OPINIÓN

La vida social de los adolescentes pasa por las pantallas
Roxana Morduchowicz (Directora del Programa Escuela y Medios del Ministerio de Educación de la Nación)

Las casas de los adolescentes tienen más pantallas que libros. Todas tienen televisión. La mitad tiene DVD o video. El 80% tiene celulares. Y el 90% de los adolescentes accede a internet, aun cuando la mayoría lo haga en locutorios. Los chicos usan pantallas todos los días. En este universo de pantallas, los adolescentes filman sus acciones con un celular y lo suben a la web. ¿Por qué registran los chicos actos que, para un adulto, serían íntimos? La vida social de los adolescentes pasa hoy por las pantallas. Para comunicarse, los chicos llaman por teléfono, chatean, envían mails, mandan mensajes de texto, arman un blog, se encuentran en una red social. Esta generación tiene una amplia variedad de soportes para comunicarse. Las tecnologías han generado nuevas formas de sociabilidad juvenil. Los chicos de hoy valoran la amistad y buscan tener una “lista de amigos”. Para conquistar la amistad del otro, a veces comparten información personal. Porque para el adolescente, el anonimato y la intimidad ceden ante el fuerte deseo de popularidad. Ser popular es una de las dimensiones que más valora el adolescente.

¿No son conscientes los chicos de que la exposición de su intimidad trae riesgos? Cuando un adolescente sube una imagen a la web, con frecuencia cree que sólo la ven sus amigos. No piensa que cualquiera en internet puede verla. Cuando se les pregunta por qué filman con su celular actos privados o por qué cuentan su vida en un blog responden que “me encanta que sepan sobre mí. Me gusta ser conocido. Es como tener miles de fans”. Si entendemos el valor de la popularidad para un adolescente, podremos comprender el uso que hace de las tecnologías. Este deseo de popularidad no sólo es propio de los adolescentes. Hoy, los límites de lo que se dice y se muestra son diferentes a los que existían. Las fronteras entre lo público y lo privado son muy sutiles. La gente muestra su vida privada en blogs, talk shows, revistas del corazón, reality shows o fotologs. Se habla de sociedad del espectáculo, antes que sociedad de la información. Hoy, pareciera que la meta es “ser visto”, mostrarse, exhibirse. ¿Podemos juzgar si está bien o no que los jóvenes filmen y registren sus vidas, cuando los adultos exponen su intimidad en todas las pantallas y medios posibles? Antes de juzgar, deberíamos quizá mirar el modelo que ofrecen diariamente los adultos. Sólo entonces podremos encontrar las respuestas que nos ayuden a comprender mejor la cultura juvenil.

http://www.criticadigital.com.ar/impresa/index.php?secc=nota&nid=32160
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