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martes, 22 de septiembre de 2020

Diez consejos para reducir la ansiedad en la vuelta a las aulas

 La adaptación paulatina al horario escolar o a las nuevas normas sanitarias que deberán cumplir los estudiantes son algunos de los puntos que destaca en este decálogo Fernando Miralles, psicólogo y profesor de la Facultad de Medicina de la Universidad CEU San Pablo.

 


Son diversas las dudas y la incertidumbre a las que la comunidad educativa se va a tener que enfrentar con la vuelta al cole. En el caso de los estudiantes y sus familias es importante evitar la ansiedad que puede producir el regreso a las clases en plena crisis por el coronavirus. 

 

Para ello, el doctor Fernando Miralles, profesor de psicología de la Facultad de Medicina de la Universidad CEU San Pablo, ha creado un decálogo con diez consejos para disminuir la ansiedad tanto de los hijos como de los padres ante este proceso de vuelta a la ‘normalidad’.

 

1. No hay que relacionar el periodo vacacional con ‘cosas buenas’ y el colegio con ‘cosas malas’. Hay que desterrar frases como: “Te vas a enterar cuando empiece el colegio” o “se te está acabando lo bueno”.

 

2. Si el colegio es nuevo, es recomendable visitar los alrededores unos días antes, para que el estudiante no tenga miedo a lo desconocido.

 

3. Es muy importante que los más pequeños intervengan en la compra del material que necesitará en el colegio como libros de texto, cuadernos, lapiceros… así se irá haciendo responsable de sus cosas y estará más tranquilo al tener control sobre todo ello.

 

4. Las familias no deben insistir con que la vuelta al colegio es una ruptura total con las vacaciones ya que, en la mayoría de los centros no hay clases por las tardes, ni tan siquiera actividades extraescolares (que normalmente empezarían en octubre) por lo que la vuelta debería ser paulatina para que los niños puedan seguir contando con tiempo libre para jugar.

 

5. Es esencial explicar a los estudiantes los aspectos positivos que tiene la vuelta al colegio: volver a ver a sus amigos de clase, a sus profesores del curso pasado, ir al curso de mayores, llevar libros y material nuevo…

 

6. Comprobar días antes que los deberes se han hecho y están corregidos. De esta forma aumenta la seguridad del niño al tener algo que enseñar al nuevo docente. Si ha habido algún problema familiar por lo que no se han podido hacer, es el momento de escribir una nota al nuevo profesor para que éste la lea y no haga ningún comentario por no haber entregado los deberes.

 

7. La adaptación horaria es muy importante, por lo que días antes, se debería intentar acostar antes al niño y levantarle más temprano para que su reloj biológico se acostumbre poco a poco al nuevo horario.

 

8.  El estudiante debe saber y si es posible, haber practicado, las nuevas rutinas que va a realizar en el colegio, como llevar puesta varias horas la mascarilla, el lavado de manos cada poco tiempo, el saber guardar las distancias de seguridad y sobre todo el hacer caso al profesor sobre las medidas de seguridad.

 

9. Organizar a las Asociaciones de Padres y Madres de Alumnos (APA,s. o AMPA,s) para que faciliten, si fuera posible, la búsqueda de personal de confianza por si algún estudiante no puede ir al colegio algún día por tener temperatura alta. De este modo, las familias tendrían la posibilidad de llamar por teléfono a su APA o AMPA y le proporcionasen personas de contacto para que se quedasen ese día con el niño y ellos pudiesen ir a trabajar. También hay que prestar especial atención a las normas y los protocolos que haya publicado el colegio para que la vuelta sea lo más ordenada posible.

 

10. Tener confianza en que, en breve, la ciencia obtendrá una vacuna para que se pueda volver a la ‘ansiada’ normalidad en la que las familias sólo se preocupaban por la compra de libros, uniformes, actividades extraescolares, transporte, etcétera.

 

 

 

 

 

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EDUCACIÓN 3.0

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https://www.educaciontrespuntocero.com/noticias/consejos-reducir-ansiedad-vuelta-aulas/

viernes, 11 de septiembre de 2020

Una vuelta al cole para que sea segura

 Con el fin de ayudar a que la vuelta al cole se lleve a cabo de la forma más segura posible durante la pandemia, un equipo de expertos de la Universidad de Harvard ha publicado un informe con diferentes indicaciones para que se reduzca el riesgo de contagio entre estudiantes y profesores. Estas son las principales medidas que contempla.

 


¿Cómo será la vuelta al cole que tendrá lugar en solo unos días? ¿Podrá garantizarse la seguridad de docentes, estudiantes y familias? Para un grupo de expertos de la Universidad de Harvard, habría que tener en cuenta una serie de medidas de seguridad y tomar ciertas precauciones tanto en las aulas como en el centro en su conjunto para reducir el riesgo de contagios. 

 

Todas estas indicaciones las han reunido en un informe liderado por el profesor asistente de Ciencias de Evaluación de Exposiciones Ambientales y director del Programa de Edificios Saludables Joseph G. Allen, que asegura que existen pruebas científicas que indican que los riesgos a los que se exponen el alumnado y personal docente se pueden reducir si en los centros se implementan medidas estrictas de control y se reacciona de manera dinámica ante los posibles brotes. 

 

Asimismo, señala que “no existe un plan perfecto de reapertura de las escuelas” ni unas “estrategias universales que sean efectivas”, pero sí es posible tomar algunas precauciones que ayuden a minimizar los riesgos y que la vuelta al cole sea segura. Por eso, han tenido en cuenta las tres vías de transmisión de la Covid-19 que se conocen hasta el momento (por contacto cercano, de largo alcance y por fómites), a partir de las que han propuesto una serie de medidas aplicables a distintos ámbitos de la vida escolar: el aula, los edificios, las políticas, los horarios o las actividades que se llevan a cabo. 

 

Aulas saludables

Con el propósito de que las aulas sean un lugar seguro para todos es imprescindible el uso de mascarillas “en especial en los pasillos, los baños y cuando los alumnos se encuentren cerca de estudiantes de otras clases”. Así, igual de importante es “designar momentos de la jornada escolar durante los cuales se las puedan quitar”. 

 

Lavarse las manos es otra medida imprescindible, sobre todo en momentos como inmediatamente antes de salir de casa, salir del aula, comer, tocar objetos compartidos, tocarse la cara y salir de la escuela, así como después de entrar en el colegio y en el aula, terminar de almorzar, tocar objetos compartidos, ir al baño, toser, estornudar, soplarse la nariz y llegar a casa. Cuando no sea posible, se recomienda usar gel desinfectante. 

 

Maximizar el distanciamiento físico permitirá proteger a las personas y, a su vez, el distanciamiento de los grupos ayudará a desacelerar las cadenas de transmisión. De este modo, se aconseja restringir el traslado de los estudiantes de un aula a otro y evitar reuniones multitudinarias, tanto dentro como fuera del centro. 

 

Edificios saludables

Para mantener la seguridad en los edificios, las medidas de seguridad giran entorno al aire y a la limpieza de superficies. Para respirar aire puro es necesario incrementar la ventilación con aire del exterior, filtrar el aire del interior con filtros de aire de clasificación MERV 13 o superior e incorporar purificadores de aire portátiles equipados con filtros HEPA. 

 

Capacitar adecuadamente al personal de mantenimiento y suministrarle equipos para su protección también es un punto importante. Según el estudio, es necesario mantener la limpieza de superficies y hacer especial hincapié en la limpieza de los baños. 

 

Políticas saludables

Con el fin de crear una cultura de salud, seguridad y responsabilidad compartida, se recomiendan medidas como la creación de carteles que recuerden las pautas sanitarias y se distribuyan por todo el colegio o, incluso, comenzar cada día con un mensaje dirigido a todo el centro reafirmando las medidas sanitarias. 

 

Designar un equipo de respuesta frente a la Covid-19 y dotarlo de un plan es otra clave que se señala en el estudio, así como elaborar planes de acción frente a la aparición de casos, promover las pruebas de detección y las pruebas de anticuerpos del virus y, sobre todo, en caso de enfermedad, será prioritario permanecer en casa. De hecho, y pensando en el supuesto de que alguien empiece a encontrarse mal durante la jornada escolar, se recomienda que exista una “sala cómoda donde puedan autoaislarse hasta que finalice el día”. 

 

El estudio elaborado por la Universidad de Harvard también hace referencia a la necesidad de respaldar las opciones de enseñanza a distancia: proveer los instrumentos y los sistemas de apoyo necesarios para que los estudiantes que se queden en casa puedan seguir con su formación, capacitar al personal para impartir clases online de la mejor manera y evaluar la posibilidad de implementar la enseñanza a distancia por cursos. 

 

Por último, se recomienda disminuir la densidad de ocupación de los edificios escolares, por ejemplo, limitando el acceso de los padres y otros visitantes, llevando a cabo tutorías online o fomentando las funciones administrativas desde casa siempre y cuando sea posible. 

 

Horarios de clases saludables

Gestionar los horarios y los lugares de transición, reforzar la seguridad a la hora de la comida, reevaluar los medios de transporte o modificar las normas de asistencia son las principales pautas que se deberían tener en cuenta para el próximo curso. 

 

Algunas sugerencias para llevar esto a cabo son: escalonar los horarios de entrada y salida o los horarios de comedor para dar tiempo a la adecuada limpieza y desinfección y también para facilitar el distanciamiento entre los grupos. 

 

Actividades saludables

Por otro lado, en el informe se pide respetar los recreos, es decir, “no restringir el recreo de los niños ni su acceso al patio o a los juegos de la zona recreativa de la escuela”. Eso sí, para que la vuelta al cole sea segura, será imprescindible “lavarse las manos o limpiarlas con alcohol en gel antes y después del recreo o de utilizar elementos de mucho contacto”. Se plantean también las opciones de escalonar los recreos o, si fuese necesario, designar un área del patio para cada clase. 

La Educación Física debería llevarse a cabo al aire libre “en la medida de los posible” y se recomienda limitar la cantidad de tiempo durante el cual se está en contacto estrecho y en grupos grandes, así como reducir el uso de equipos y espacios compartidos. 

 

En resumen, será necesario que los colegios implementen una estrategia de defensa ante el coronavirus, compartir las responsabilidades con otras instituciones y entidades públicas y privadas, restringir las cadenas de transmisión y ser flexibles ante esta nueva normalidad. 

 

 

 

 

 

 

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EDUCACIÓN 3.0

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https://www.educaciontrespuntocero.com/noticias/asi-deberia-ser-la-vuelta-al-cole/

martes, 11 de agosto de 2020

LA VUELTA AL COLE EN TIEMPOS DE PANDEMIA: CÓMO, CUÁNDO Y EN QUÉ CONDICIONES

Cada año el final de las clases da paso a un verano sin preocupaciones. Sin embargo, la vuelta a las clases en septiembre se plantea con incertidumbre a causa de la pandemia. La Organización Mundial de la Salud (OMS) y la UNESCO han creado unas guías de recomendaciones en relación a la reapertura de las escuelas.


La pandemia del coronavirus dejó las aulas vacías y las calles desiertas. La educación tuvo que reinventarse y adaptarse a esta nueva situación a través del formato online. El teletrabajo y la educación online han estado a la orden del día en muchos hogares. Con la vuelta a la nueva normalidad se plantean muchas dudas sobre cómo será la vuelta al cole en septiembre. Ante una situación de incertidumbre, organizaciones como la OMS y UNESCO llevan trabajando meses para tratar de aportar soluciones y recomendaciones que permitan volver a la escuela con seguridad.
Medidas recomendadas para la reapertura de las escuelas

La reapertura de las escuelas fue actualidad el pasado mes de mayo, en el que varios países y comunidades autónomas en España se plantearon volver a las clases. En ese momento, la OMS publicó una serie de consideraciones donde indicaban algunas recomendaciones de cara a esa reapertura. Una guía que miles de colegios deberán rescatar de cara al nuevo curso escolar. Estas son las recomendaciones de la OMS para la reapertura de las escuelas:

  • Higiene y limpieza: la OMS señala la necesidad de sensibilizar a todo el mundo sobre la prevención del coronavirus. Todo ello implica facilitar información sobre el uso de la mascarilla, los síntomas, la higiene de manos, etc. Recomiendan crear un horario para el lavado de manos, especialmente en niños pequeños, y programar limpieza frecuente del entorno escolar. Facilitar en la entrada de la escuela y en todas las instalaciones gel hidroalcohólico o jabón y agua limpia. Así como mantener el distanciamiento social en el transporte escolar.
  • Detección de la enfermedad: se recomienda hacer un control diario de la temperatura corporal, así como enviar a casa o aislar a aquellas personas que presenten síntomas de COVID-19 o no se encuentren bien. La OMS afirma que la dirección de la escuela debe notificar a las autoridades los casos positivos y asegurarse de que los estudiantes que hayan estado en contacto con un caso de coronavirus se queden en casa durante 14 días.
  • Comunicación constante: la comunicación es la base de todo, más en una situación de pandemia. La OMS establece la necesidad de informar a familias y alumnado de las medidas que se tomen en la entidad y de los casos sospechosos que pueda haber.
  • Otras medidas: como medidas adicionales, se debe garantizar los controles de inmunización para ingresar en la escuela. En relación a instituciones especializadas e internados, la OMS señala que deberán ampliar estas consideraciones en las instalaciones de residencias, salas de conferencias, laboratorios y otras instalaciones para la seguridad de los internos y del personal.
  • Distanciamiento físico: mantener la distancia social de al menos un metro va a seguir presente en el aula. También señalan la necesidad de aumentar la distancia entre pupitres y escalonar las pausas y descansos. Se recomienda la ampliación de horarios en las escuelas secundarias a través de diferentes horarios, así como aumentar el número del profesorado, de ser posible, para que haya menos estudiantes por clase.
  • Teleeducación: la OMS recomienda iniciar o continuar la educación online a través de métodos combinados cuando sea posible. Si no es posible, la OMS afirma que se debe “invitar a los estudiantes a llevarse libros a casa u organizarse para entregarles deberes”. También señalan la necesidad de garantizar un seguimiento y apoyo a niños/as que no asistan a la escuela para evitar penalizaciones o estigmatizaciones.

Por un regreso seguro a las aulas
Las principales organizaciones e instituciones del mundo -OMS, UNESCO, UNICEF, Banco Mundial, Programa Mundial de Alimentos, Global Education Cluster, entre otras- ya trabajan en la reapertura de las escuelas. Para ello han publicado diversas guías de recomendaciones para que el regreso a las aulas se hagan de la forma más segura y responsable posible.

Una de las principales coincidencias que se encuentran en estas guías es la lista de verificación. El listado debería incluir enfermedades o síntomas recientes, vulnerabilidades subyacentes, circunstancias o consideraciones especiales. De esta forma, se podría hacer una monitorización activa del alumnado para tratar de prevenir y garantizar la seguridad del centro.

El nuevo curso escolar empezará en septiembre, pero todavía es una incógnita en qué condiciones se hará. ¿Menos alumnos/as por aula? ¿Mascarilla obligatoria? ¿Educación semipresencial? Antes de la vuelta al cole se deberán adoptar una serie de medidas que garanticen la total seguridad del personal y del alumnado para evitar futuros rebrotes.




Por Aika Educacion/BelenSancho
Fuente: http://www.aikaeducacion.com/actualidad/la-vuelta-al-cole-en-tiempos-de-pandemia-como-cuando-y-en-que-condiciones/

viernes, 7 de agosto de 2020

DECÁLOGO PARA LA VUELTA AL COLE

En cada lugar será distinta porque es difícil prever cual será el viaje del coronavirus: qué paradas realizará y con qué intensidad habitará en cada una de ellas. Toda cautela es poca pero la responsabilidad no puede derivar en miedos que nos paralicen e impidan el ejercicio de derechos tan fundamentales como el de la educación. Con el deseo que este se aplique con la máxima normalidad ahí van diez propuestas. (Igualmente son válidas en otros países con otro calendario lectivo).


1. El pleno derecho a la educación solo puede ser presencial.
Por encima de todo hay que atender el interés superior de la infancia (y, por extensión, el de la adolescencia y la juventud). Es el espacio donde se trabaja la igualdad de oportunidades, se desarrolla la educación integral, se opera el proceso de socialización y se combate el fracaso escolar. El profesorado ha de formarse y actualizarse al máximo con la tecnología, pero no para sustituir la presencialidad sino para enriquecerla, porque la modalidad online no es educación sino mero aprendizaje o instrucción. Es un recurso que cabría utilizar solo en casos extremos, muy extremos. Y no debería repetirse lo que sucedió en algunos países, donde las escuelas fueron el primer servicio en cerrar y el último en abrir.

2. El alumnado más vulnerable debe recibir una atención especial.
El período de excepcionalidad sin escuela ha agudizado las desigualdades educativas y, más en concreto, la brecha digital: falta de conectividad, carencias telemáticas por parte del alumnado, escaso apoyo docente o familiar, condiciones de habitabilidad,… Porque la COVID-19 sí entiende de clases sociales, y se ceba especialmente en la pobreza, donde el porcentaje de abandonos temporales es preocupante. Es preciso organizar todo tipo de apoyos y ayudas, dentro del horario escolar y extraescolar, para recuperar el tiempo perdido hasta donde sea posible. El reto es tan necesario como ambicioso: movilizar amplios recursos para que la educación inclusiva, que atiende a todas las diversidades, sea posible.

3. El cuidado de la salud integral de la infancia y la juventud.
A día de hoy se saben más cosas sobre el coronavirus. Una de ella es su baja o mínima afectación, según se mire, en la infancia. Numerosos estudios de pediatras así lo avalan. No por ello hay que bajar la guardia y las medidas preventivas y de control -las PCR entre otras- siempre serán imprescindibles, porque conviven con personas adultas y las cadenas de transmisión son múltiples y el riesgo cero nunca existe. Pero hay que atender su salud integral: física, mental, emocional y social. Son conocidas las secuelas psicológicas del confinamiento y del aislamiento en algunos países: estados de ansiedad e irritabilidad, lloros incontrolados, tristeza, obesidad,… A veces la falta de contacto físico y de abrazos es más perjudicial.

4. El acompañamiento emocional y la cura mutua.
Esto es lo que han hecho muchos docentes durante el confinamiento y lo que tendrán que continuar haciendo en período lectivo para cicatrizar las heridas antes descritas. Pero, más allá de esta emergencia, este acompañamiento requiere un cuidado continuo entre todos los agentes de la comunidad educativa. Es lo que mi amigo Julio Rogero llama la escuela de la cura mutua. Por supuesto que hay que cuidar al alumnado, pero también debe hacerlo el profesorado u otro personal del centro. Porque el bienestar emocional es una de tantas condiciones que favorece una mejor educabilidad. Con relaciones humanas más cercanas, empáticas, colaborativas y solidarias.

5. Vivir la naturaleza.
Este ha sido el bien más preciado del que no han gozado muchas infancias durante el confinamiento y, lamentablemente, del que siguen privados muchos centros. Los hay que siguen viviendo de espaldas a la naturaleza. Huelga comentar los beneficios que suponen para la salud, el poder respirar aire puro, la luz solar, el movimiento,… La historia de la renovación pedagógica es pródiga en ejemplos que ponen en relación las nuevas corrientes higienistas y ecológicas con las oportunidades que brinda el entorno natural tanto para el crecimiento en libertad como para la adquisición más sólida y vivencial de un buen número de conocimientos. ¡Lo que se aprende en la naturaleza! A veces se encuentra un poco lejos pero otras la tenemos al lado, sobre todo cuando se transforman los patios en jardines y bosquecillos.

6. Currículum: lo más prioritario.
No es mi intención entrar en el análisis de los contendidos de un currículo, con frecuencia, excesivamente rígido y sobrecargado, sino poner el foco en algunos que me parecen cultural y socialmente relevantes: los que conciernen a la condición humana, a los bienes comunes, a la libertad y la igualdad, al sufrimiento humano, a los Derechos Humanos, a la conciencia planetaria,… Los que nos ayudan a entender mejor en qué mundo vivimos y cómo se puede contribuir a transformarlo. Algo que se hace tratando de convertir la información en conocimiento y en pensamiento, formando mentes críticas y libres, donde el dominio de la palabra -el hábito y la comprensión lectora- constituye la herramienta más poderosa para acceder a estos y otros contenidos relevantes.

7. Ratios, tiempos y espacios.
Las situaciones de excepcionalidad son también oportunidades para introducir medidas de calidad. Una de ellas, largamente reivindicada, es la reducción del número de alumnos por aula con el fin de atender mejor la amplia diversidad de alumnado, la personalización de su aprendizaje y su acompañamiento tutorial. Pero hay otras, como la disponibilidad de nuevos espacios o la transformación de los ya existentes, empezando por el aula y terminando por el patio, para adecuarlos a las diversas tareas: trabajo colaborativo, investigación, experimentación, talleres y ambientes de aprendizaje, etc. Asimismo, se requiere una mayor flexibilidad de los tiempos horarios: estos deberían fijarse en función de cada actividad y no al revés.

8. Equipos docentes ampliados.
La actual pandemia, en tanto no remita, obliga a los centros a ampliar sus plantillas con personal de limpieza y enfermería: porque el profesorado no puede ni debe asumir esta responsabilidad sanitaria. Pero además de los maestros y maestras de grado y especialistas, hay otras figuras profesionales que, tanto ahora como en el futuro, tendrían que formar parte del equipo docente, pues son pocos los centros que disponen de ellas ya sea de forma exclusiva o compartida. Me refiero a orientadores, educadores sociales, logopedas, equipos psicopedagógicos, personal para atender alumnado con diversidades funcionales específicas,… Asimismo, se precisa una ampliación del personal administrativo para liberar a los equipos directivos de la sobrecarga de tareas burocráticas.

9. Complicidad y conciliación familiar.
Durante el confinamiento ha habido de todo: familias absolutamente desconectadas y abandonadas por parte de los centros y casos en los que se han generado nuevas complicidades y, sobre todo, nuevas necesidades que requieren una colaboración de confianza mutua entre escuela y familia. Hay que preguntarse si los actuales cauces de relación y participación son suficientes o habría también que explorar otras fórmulas más imaginativas, actualizadas y eficientes. Por otro lado, si algo ha supuesto el confinamiento ha sido la intensidad de la vida familiar, aunque como decíamos al principio en condiciones muy diversas, algunas ciertamente muy duras. Ello, no obstante, abre un debate recurrente: ¿no sería necesario modificar algunos horarios escolares -también los laborales, claro- para garantizar la tan demandada conciliación familiar?

10. El derecho a la educación, más allá de la escuela.
En el primer punto se ponía el énfasis en el derecho a la educación mediante la presencialidad escolar, como no puede ser de otra manera. Pero este derecho, para ser más amplio y efectivo, se complementa con el acceso a las actividades extraescolares, vacacionales y de otro tipo. Porque el conocimiento curricular se enriquece con la cultura del entorno, con la posibilidad de desarrollar diversas habilidades y de disfrutar del patrimonio artístico y natural. Por esto, el currículo escolar debería ofrecer estas otras oportunidades educativas a toda la población, con políticas de ayudas y becas para el alumnado socialmente más vulnerable.





Por: Jaume Carbonell
Fuente: https://eldiariodelaeducacion.com/pedagogiasxxi/2020/07/15/decalogo-para-la-vuelta-al-cole-en-septiembre/


domingo, 29 de marzo de 2020

Y cuando vuelvan a clase ¿qué?


  • En este regreso habría que considerar medidas excepcionales, como las promociones automáticas de curso, el aprobado general en la universidad -no sería la primera vez que pasaba- o la supresión de las pruebas de selectividad, dando por buena la nota media del bachillerato.
Escuela en casa
Me acuerdo, de ello hace ya un par de décadas, que tuve ocasión de hacer un par de reportajes a fondo sobre esta modalidad educativa, muy minoritaria en nuestro país, pero bastante extendida en otros lugares como Estados Unidos. La visita suscitó enormes debates sobre la legalidad de esta iniciativa: sobre si se garantiza el derecho no a la escolarización, por supuesto, pero si a la educación. Otro interrogante que se planteaba en el reportaje era el de hasta qué punto estos niños y niñas compensaban este encierro solitario con otras formas de socialización en el tiempo extraescolar y de ocio.

Pero no es esto lo que hoy me viene a la memoria sino quiénes eran estos educadores y cómo organizaban el proceso de enseñanza. La tipología de estas y otras familias respondía a un perfil muy definido: personas de clase media, con estudios y un apreciable nivel cultural, que ya entonces ejercían el teletrabajo o se dedicaban a tareas relacionadas con el ámbito artístico y artesanal. Vaya, que la pareja podía combinar perfectamente su trabajo con el acompañamiento educativo intensivo. Además, disponían de amplios y amables espacios tanto interiores como exteriores. Me sorprendió el ambiente relajado, cómo estos niños podían trabajar con autonomía, la cantidad de recursos de que disponían y cómo se movían por distintos espacios: ahora tomaban un libro de la biblioteca y se ponían a leer, en otro momento comentaban un documental sobre la naturaleza, hacían ciencia en la cocina u observaban las temperaturas y los cambios del tiempo e, incluso, colaboraban en algún trabajo artesanal del padre o de la madre.

¿Sería posible esta educación en hogares de cuarenta o cincuenta metros cuadrados, donde apenas penetran los rayos de luz y sin ningún espacio exterior, y donde a veces conviven tres generaciones o donde niños o adolescentes están a cargo de un solo miembro familiar? En viviendas sin conectividad ni con un solo libro. Y con madres y padres sin apenas estudios, que durante el curso las pasan canutas para ayudar a sus hijos en los deberes y tareas escolares, sin capacidad ni recursos, con dificultades insalvables para ejercer el teletrabajo, cuando disponen de esta posibilidad, o que son despedidos temporalmente con la ansiedad e incerteza que los vuelvan a contratar cuando termine esta pandemia.

Pienso estos días en esta amplia diversidad de familias: en cómo las pertenecientes a las clases medias -donde pesa tanto o más el nivel cultural que la posición económica- se reinventan creativamente con esta extraordinaria lluvia de ofertas culturales y escolares tecnológicas virtuales -muchas de gran calidad- a las que ya están acostumbrados, aunque ahora se disparen exponencialmente y con carácter gratuito. Y pienso en las familias trabajadoras, sobre todo en las que padecen la pobreza y la exclusión social o la bordean, para quienes el coronavirus no hace sino visibilizar e intensificar aún más sus habituales situaciones de sufrimiento, vulnerabilidad y desigualdad: esta depende con frecuencia del código postal. Si, la desigualdad va por barrios y se acrecienta en épocas de crisis, epidemias y otras desgracias colectivas. Llueve sobre mojado.
Un retorno a las aulas lento y distinto

Algunos estudios muestran que la brecha en el rendimiento educativo crece durante las vacaciones de verano, debido a que las niñas y niños de clase media y alta participan en actividades culturales y lúdicas más estimulantes que la infancia de la pobreza, con la pertinente intervención, acompañamiento y ayuda familiar. Muy probablemente también esto sucederá cuando el alumnado vuelva a sus centros.

¿Cuándo y cómo será este regreso? Mi ignorancia y la imprevisibilidad no me autoriza a decir nada al respecto. Pero sí pienso que es recomendable rebajar la presión sobre lo que conviene recuperar para compensar el tiempo perdido y sobre las evaluaciones. A las criaturas y jóvenes, y a sus madres y padres, se les han pedido muchos sacrificios, con bastante sufrimiento y con medidas excepcionales. También en este retorno cabría considerar medidas excepcionales, tales como las promociones automáticas de curso, el aprobado general en la universidad -no sería la primera vez que ocurre- o la supresión de las pruebas de selectividad, dando por buena la nota media del bachillerato. La lista de propuestas es larga y se presta a todo tipo de adaptaciones e interpretaciones. En cualquier caso, no es el momento de volver a las rutinas convencionales en situaciones normales, porque la normalidad se ha roto por los cuatro costados.

¿Qué se me antoja como prioritario? Atender con la máxima ternura y eficiencia tres de las funciones que, históricamente y en la actualidad, cumplen las mejores escuelas renovadoras para atender al alumnado tras acontecimientos especialmente dolorosos: el cuidado, la conversación y la solidaridad. Lo primero es la acogida del alumnado, un acto de celebración acompañada de abrazos y de aproximaciones demasiado tiempo reprimidas, mediante un: ¿Cómo os encontráis? colectivo, y un “¿Cómo estás”, individual, porque las vivencias han sido distintas. Y, tras la acogida, la conversación, en círculo, abierta, libre y espontánea, con mucha escucha, respetando los silencios. Dentro del aula, y si puede ser en el patio o dando un paseo o en pleno bosque, tanto mejor. Es el momento de expresar y compartir miedos, angustias, estados de ánimo, tensiones, incertidumbres, sus momentos felices y los más duros. Y un montón de experiencias vividas. De que cada persona cuente su tiempo subjetivado. De generar empatía y estrechar vínculos.

Y, claro está, es el momento de las preguntas, de interrogarse, siempre en función de cada tramo educativo, qué ha ocurrido, por qué ha ocurrido, si las medidas que se han tomado eran las más adecuadas, qué consecuencias ha tenido, cómo han actuado tanto las administraciones como la ciudadanía, cuáles son las necesidades básicas y cuáles las prescindibles respecto al consumo, cómo se han gestionado los conflictos, qué hemos aprendido en todos los sentidos, y qué horizontes de futuro se abren. Especialmente interesante, más allá de las estadísticas del dolor, es visualizar las iniciativas solidarias y de ayuda mutua que han surgido durante estos días, poniendo el foco en aquellas nuevas que puedan promoverse como colectividad, en las que el alumnado puede participar, activando la colaboración y ayuda mutua.

Los nuevos hábitos obligados del confinamiento han creado nuevas formas de vida, con cotidianidades familiares más próximas, saludables, ralentizadas y humanizadas -no siempre, porque ya he dicho que las situaciones son variopintas y algunas quizá se han convertido en un infierno-, con una disminución extrema de la contaminación.

Hay dos libros que, a tenor del confinamiento, he releído parcialmente, porque me parecen extraordinariamente oportunos, ahora más que nunca: Elogio de la lentitud de Carl Honoré, y Elogio de la educación lenta de Joan Domènech. Dos obras hermosas y complementarias que ponen el foco en la tensión entre el cronos -la obsesión por la celeridad, la medición y la urgencia- y el kairós, otro modelo de vida que apuesta por la pausa, la reflexión y la vivencia intensa del presente, que trata de resistir a la presión que ejerce ya desde la primera infancia el consumo veloz y precoz de una oferta sobrecargada de estímulos, contenidos, oportunidades y bienes de todo tipo. Es el movimiento slow que logra liberar el tiempo secuestrado y que nos recuerda, por ejemplo, que en educación, menos es más, que hay que devolver tiempo a la infancia o que tenemos que repensar el tiempo de las relaciones entre las personas adultas y la infancia y adolescencia.

Reforzar el Estado del Bienestar, las redes de solidaridad y la cohesión del profesorado
Me viene también a la memoria el espléndido documental de Ken Loach El espíritu del 45, que cuenta cómo en Gran Bretaña, tras la emergencia generada al término de la II Guerra Mundial, el Partido Laborista puso todo su empeño para salir de la pobreza y alumbrar una sociedad más justa y fraternal. Fue el nacimiento del Estado del Bienestar, con la nacionalización de algunos servicios públicos básicos. Otros países europeos, sobre todo los nórdicos, bajo la estela de la socialdemocracia, siguieron por esta senda. Eran años en que el capitalismo keynesiano de rostro humano priorizaba la acción del Estado y amortiguaba las embestidas del mercado. En la década de los 80 este sistema empieza a agrietarse, de modo más brusco o ralentizado, con la irrupción del neoliberalismo que campa a sus anchas con una consigna inequívoca: más mercado y menos Estado.

En España, donde todo llega tarde y con menos energía, también disfrutamos de las mieles del Estado del Bienestar con una sanidad pública más que digna, pero todo se vino abajo con la cadena de privatizaciones que empezaron a imponerse en algunas comunidades autónomas a modo experimental y que fueron permeando el conjunto del Estado, con procesos de privatización incontrolados y vergonzantes en sanidad, educación y servicios sociales. La estocada final la dieron los recortes en estos ámbitos, que aún no se han revertido. Por eso, la sanidad no puede atender a tantos enfermos y, ya antes del coronavirus, las listas de espera se eternizaban, por no hablar de una salud mental colapsada: lo estuvo tras la crisis y a buen seguro que volverá a estarlo tras la pandemia. Por eso muchos servicios sociales autonómicos y municipales, carentes de personal, están saturados. Y por eso se acrecientan en la educación los procesos de segregación y exclusión social, sin recursos para atender la tan cacareada atención a la diversidad y la educación inclusiva, y con una enseñanza universitaria encarecida que pone en serias dificultades a los estudiantes más precarios para proseguir sus estudios. Hace ya tiempo que la movilidad y el ascensor social se han detenido.
No estamos ni salimos de una guerra como en el caso de Gran Bretaña, pero sí de una situación de emergencia en la que esta pandemia nos ha mostrado la fragilidad del actual sistema capitalista. Sí, claro está, se arbitrarán medidas de choque social, más o menos adecuadas y de menor o mayor magnitud, pero puede que estas medidas coyunturales sean, a la larga, del todo insuficientes. Porque son las estructuras del Estado las que hay que cambiar, con un creciente protagonismo y mayor intervención sobre el sector privado -incluidas algunas nacionalizaciones- para que la brecha de la desigualdad no se acreciente, para no consolidar esta nueva clase social del precariado y, en definitiva, para poder atender con recursos y solidez, los derechos sociales de toda la ciudadanía, en tiempos excepcionales o no. Porque el COVID-19 puede ser solo la chispa de una crisis económica estructural largamente anunciada.

Pero a la necesaria soberanía democrática del Estado cabe añadir la no menos imprescindible fortaleza de la sociedad civil y de los movimientos sociales a través de las redes de fraternidad y solidaridad. Ya existen en muchas ciudades, barrios y pueblos. Luchan por la emancipación de la mujer, contra el cambio climático, para enriquecer el capital cultural de toda la población, para atender a los colectivos más vulnerables, para abrir nuevos espacios de participación y empoderamiento social y para mejorar las condiciones de vida de cada persona y de su entorno cotidiano.

Durante estos días se suceden nuevas muestras de solidaridad, homenajeando al personal sanitario desde los balcones, convertidos en el espacio más emblemático de comunicación, fiesta, música y resistencia; creando redes de apoyo para las personas más aisladas y necesitadas; activando la creatividad para confeccionar mascarillas o emprender múltiples iniciativas, con pequeños detalles como el de algunas floristerías que, para evitar que las flores se marchiten hacen ramos de flores y los dejan a la entrada de las casas. Los pequeños detalles también son poderosos. Sería bueno que este poso solidario trascendiera tras la pandemia y generara nuevas redes de solidaridad estables o alimentara a las ya existentes.

¿Y qué decir de la educación? ¿Qué lecciones estamos aprendiendo estos días? ¿Cómo vivirá el profesorado el coronavirus y la pospandemia? Puede que también la situación les ayude a estrechar sus relaciones, a cuidarse y a cohesionarse como colectivo. Una cohesión necesaria para afrontar nuevos y viejos retos, como el de garantizar el derecho a la educación -no el de la mera escolarización- a toda la población, comprometiendo tanto los poderes públicos como a los diversos agentes educativos y sociales para que las actividades extraescolares, el acceso al mundo de la cultura y del ocio más creativo y humanizado estén al alcance de todas las infancias y adolescencias. Para que, en situaciones cotidianas habituales y excepcionales, todos y todas puedan disfrutar de las mismas oportunidades.

Un deseo final: que el árbol del coronavirus, de raíces profundas y ramas que se extienden hasta el infinito, no nos impida ver el bosque donde habitan tantos seres humanos ignorados, discriminados y sometidos a todo tipo de privaciones: Inmigrantes y refugiados, mujeres amenazadas y maltratadas, el creciente precariado, las personas mayores desatendidas en sus hogares, la infancia excluida de la pobreza o la juventud sin futuro.

Por
Jaume Carbonell es pedagogo, periodista y sociólogo
Fuente

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