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viernes, 30 de junio de 2023

Repensar la enseñanza: otras estrategias didácticas u otra forma de pensar la educación

 Vivimos en tiempos acelerados e inciertos, donde la idea del cambio parece ocupar el espacio social y político; también el personal e íntimo. Decimos que “nada es para siempre”, pero actualmente parece que este “siempre” tiene un vuelo muy corto. En educación, particularmente, parece que la idea de tempus fugit está particularmente presente. No hay ley educativa que permanezca más de un par de legislaturas y el cambio se convierte en una forma de hacer política, alejada de las necesidades de la sociedad y el sistema educativo.



Bauman, recordado siempre por su propuesta de sociedad líquida (no siempre bien entendida, dicho sea de paso) tiene un breve ensayo sobre la educación que invita a reconsiderar algunas cuestiones. Se titula los retos de la educación en la modernidad líquida. Su propuesta pasa por revisar la aceleración que vivimos el mundo actual y la perspectiva de la educación centrada en los logros, siempre de carácter efímero y temporal. Una educación entendida como fast food, que requiere de una técnica precisa para producir productos estandarizados para el consumo rápido. Por ello la educación requiere reajustar el significado del tiempo, rompiendo con la tiranía del momento. Parecería que todo lo que tiene apariencia de durar más de curso académico, una lección, o incluso una actividad, no encuentra acomodo en nuestro campo de actuación.

Estamos de acuerdo, como nos enseñaba Heráclito, que no es posible bañarse dos veces en el mismo río, pero también es cierto que el paso del agua va dejando un sedimento que es el que, paulatinamente, va configurando el río y las condiciones en que esta misma agua transcurre por el mismo. En el caso de la educación parece que este sedimento se construye con las lógicas que construyen los escenarios educativos en el marco social, político y cultural en el que nos encontramos. Sin tiempo para ir elaborando acuerdos y consensos, a partir del debate social sereno y sosegado acerca de la educación que queremos y necesitamos, la práctica docente es arrastrada por la necesidad de cumplir con programas, currículos, actividades, etc. Esto es terreno abonado para las prescripciones, los paquetes curriculares (libros de texto por lo general) y la búsqueda de modelos establecidos (ahora bajo la etiqueta de buenas prácticas). En definitiva, se abre la puerta a un mercado educativo con una amplia oferta de recursos prefabricados para el consumo inmediato del o de la docente.

Las propuestas de reformas educativas parecen bañarse, en líneas generales, en el río de estas propuestas. A falta de referentes sociales y políticos globales que afronten los graves problemas que afronta el mundo, el problema parece centrarse de forma casi exclusiva en una cuestión de estrategia metodológica, centrada en la búsqueda del protocolo más eficaz que garantice resultados aceptables en el menor tiempo posible. De hecho, parece que la lógica del protocolo se está convirtiendo en el nuevo mantra de la reforma educativa y de las buenas prácticas. Esto significa más estandarización y regulación y mayor dependencia de agentes externos al propio proceso educativo, que aleja a los sujetos (docentes y discentes) de sus necesidades culturales, sociales y políticas básicas.

La lógica del protocolo, de alguna forma, supone una vacuna contra la transformación de la sociedad, centrada en las cuestiones netamente estratégicas sin modificaciones sustanciales en el ámbito de los paradigmático. De acuerdo con la lógica neoliberal imperante y hegemónica, esta forma de entender la educación está más preocupada por el formato que por el contenido. El envoltorio es más importante que lo que contiene, al igual que la editorial en que se publica tiene más importancia que el contenido de lo publicado o que la tarea escolar en si misma tiene más valor que aquello que se supone que enseña. La lista se podría hacer demasiado larga. Lo que se pone de manifiesto es que son prácticas sociales sometidas a la lógica de mercado, centrada en el productivismo, el consumo, la eficiencia, el derroche y la inmediatez de los resultados.

Buena parte del discurso de la innovación en educación se mueve dentro de esta lógica, centrada en cuestiones de procedimiento, en la implementación de nuevas técnicas (que a menudo poco tienen de nuevas, salvo el nombre) y el despliegue de un aparato técnico – metodológico que da la apariencia de calidad y de validez. En realidad, los sedimentos que van dejando están compuestos de individualismo, competitividad, segmentación y fragmentación, exclusión, clasificación, etc. En definitiva, los materiales con los que se construye la sociedad neoliberal.

Pensar en la transformación en educación no requiere un cambio de técnicas, sino más bien un cambio de ideas. El problema de la educación no es estratégico sino epistemológico, político y cultural. Esto es, qué visión del mundo y de la humanidad está construyendo; qué modelos de ciudadanía, por tanto, de democracia, pone en juego y articula en la relación educativa; qué significados y sentidos va construyendo en relación con los problemas básicos y radicales del mundo; cómo afronta las relaciones de poder y la soberanía propia de los sujetos y los colectivos y la definición de sus finalidades y los modos de conseguirlas. En definitiva, el cambio y la transformación en educación requiere justamente, repensar la educación (pensar, en general, quizás ya sería deseable) como una dimensión humana esencial para la construcción del mundo y de los sujetos que habitamos en él, desde los ideales básicos de la convivencia humana: la justicia, la emancipación (permítanme que hable de emancipación y no de libertad, que bastante tiene la pobre con sus actuales adalides y voceros), la equidad y la solidaridad (complétese la lista como consideren oportuno, dentro de la lógica de la (re)existencia humana, como nos recuerda constantemente C. Walsh).

Al menos esto nos obliga a mirar 3 focos fundamentales sobre los que pensar y/o repensar: Qué conocimiento se pone en juego en educación; qué modelo de sujeto y colectivos es el que articula este conocimiento; y qué sociedad estamos construyendo con estos mimbres.

Hablar de conocimiento en educación implica atender a los modos como los sujetos humanos construimos nuestro relato del mundo, a partir del cual actuamos. Supone, por tanto, repensar la enseñanza como un marco de relación, y no de transmisión, a partir del cual avanzamos en la comprensión de quién somos, cómo somos y a dónde vamos. Lo cual define al mismo tiempo nuestra actuación, que necesariamente va ligado al mismo. En un reciente artículo, Säfström y Rytler (2023) [1] reclamaban recuperar la idea de improvisación en la enseñanza, no solo como algo inevitable, sino como un principio configurador de la misma, reivindicando a los denostados sofistas de la Grecia antigua. Improvisar, en cualquier caso, requiere “poesía, técnica y praxis”. Lo cual supone un diseño de la práctica docente sugerente, a la vez que exigente.

Si nos referimos a los sujetos y colectivos, hay que repensar necesariamente en cómo aprenden y construyen ese conocimiento, pero también de su soberanía epistemológica para que les sea reconocida su idiosincrasia, así como el carácter situado y complejo del mismo. Insisto en juntar sujeto y colectivo como una exigencia moral para romper con la lógica individualista neoliberal hegemónica, que cercena el valor del aprendizaje como una forma de ser, estar y hacer en el mundo actual.

Por último, como de alguna forma vengo defendiendo, hacer educación es hacer sociedad. (Re)pensar la educación apunta a un proyecto moral de sociedad basados en los ideales humanistas que esbocé anteriormente. En una época en que, como decía al principio, nos han robado el tiempo, por tanto, el futuro, sin un pasado sobre el que pensarse (solo importa la inmediatez de lo técnico), es necesario recuperar el sentido de nuestra acción educativa y las finalidades de la misma.

En síntesis, como vengo diciendo, para una educación que signifique algo en la mejora del mundo, no se trata de buscar otras estrategias, sino de pensar la educación (y el mundo) de otra forma. Ese es nuestro reto.


Referencias:

Bauman, Z. (2008). Los retos de la Educación en la Modernidad Líquida. Gedisa.

[1] Säfström, C. A., y Rytzler, J. (2023). La enseñanza como improvisación. Teoría de la Educación. Revista Interuniversitaria, 35(2). https://doi.org/10.14201/teri.30155

 

 

Por José Ignacio Rivas Florez

Fuente: https://eldiariodelaeducacion.com/2023/06/15/repensar-la-ensenanza-otras-estrategias-didacticas-u-otra-forma-de-

martes, 15 de septiembre de 2020

Estrategias didácticas en primaria para enfrentar la pandemia

 “La educación virtual nos parecía lejana a muchos de nosotros; tuvimos que perder el miedo y atrevernos a utilizar herramientas tecnológicas y pedagógicas de manera virtual para sacar adelante la clase”.


 

La educación básica fue sorprendida al tener que suspender sus clases presenciales ante la pandemia provocada por COVID-19. A partir de entonces, por parte de los docentes, familias y la sociedad en general, se generó una gran incertidumbre para dar respuesta a la continuidad educativa de los estudiantes. Para muchos parecía lejana la educación virtual ya que principalmente se ofrecía en centros de educación superior y no así en educación básica. Muchos migrantes digitales, profesores, directivos, supervisores, jefes de enseñanza, etc., se vieron forzados a perder el miedo y tuvieron que atreverse a utilizar las herramientas pedagógicas de manera virtual para responder a este reto que trajo consigo la pandemia.

 

Como docente en una escuela primaria para niños de tercer grado, decidí aprovechar las aplicaciones y plataformas virtuales disponibles para establecer comunicación y acompañamiento con los estudiantes de mi grupo, con el propósito de generar aprendizajes significativos y relevantes en ellos. En un medio virtual es muy importante priorizar el respeto a la privacidad de los estudiantes y la seguridad de la información.

 

“Con la ayuda de los padres de familia, los profesores y los estudiantes, se desarrolla un crecimiento donde se privilegia la curiosidad, la imaginación y la creatividad como factores de transformación ciudadana para enfrentar los retos educativos que trajo la pandemia”.

Propuesta metodológica para impartir una clase remota

 

·         Continuamente busco material en video que sea adecuado para ofrecer a los niños en su nivel educativo, que les puedan desarrollar el pensamiento crítico y los inviten a la reflexión. Les recomiendo los videos de la SEP en el canal de YouTube Aprende en Casa. También en la página Once TV encuentran videos educativos en demanda de alta calidad creados por el Instituto Politécnico Nacional e Ingenio TV que contiene muchos recursos que podemos descargar y utilizar en clase.

 

·         Tuvimos sesiones en la plataforma Zoom de lunes a viernes por cuarenta minutos, donde los niños recibían el ID y contraseña de la reunión por WhatsApp. Los primeros 10 minutos son de rompehielo pues a los niños les gusta platicar con sus compañeros y ponerse al día mientras se conectaban los estudiantes. Los siguientes 10 minutos los dedicamos a la lectura de los libros digitales, después, 10 minutos de elaboración de productos, 5 minutos de evaluación y 5 minutos para asignar y explicar la tarea, así como despedida. Fueron más de treinta sesiones donde festejamos el Día del Niño y el Día del Maestro con un convivio desde sus casas donde los alumnos jugaron y escucharon música.

 

·         Para el seguimiento y evaluación de las tareas y proyectos se registraron evidencias fotográficas en carpetas digitales por Google Drive, donde los niños diariamente subían sus textos con ayuda de sus padres al principio, pero muchos lograron hacerlo de manera autónoma.

 

Actividades más populares en clase

Estas actividades forman parte del programa de estudios 2011 de la Secretaría de Educación Pública de México, (SEP).

 

·         Crear adivinanzas. Con el fin de promover una práctica social del lenguaje descriptivo, los estudiantes en la sesión describieron objetos de su hogar mencionando máximo cinco características. Por turnos, los compañeros intentaban identificar el objeto que su compañero estaba describiendo.

 

·         Los números perdidos. Es una actividad relacionada con sumas y multiplicaciones. Desde casa, cada alumno completaba el número que faltaba y se ubicaba en una casilla o tablero con la posible respuesta, el profesor preguntaba a otros compañeros para confirmar la respuesta, en el caso de ser incorrecto, entre todos corregimos.

 

·         Magnetismo. Con el uso de un imán los alumnos tocaron y exploraron varias superficies en su casa y comprobaron que en algunas se mantenían adheridos, se registró en el libro de ciencias naturales los que eran atraídos a la superficie y los que no, al estar en la clase los niños mencionaron los ejemplos que utilizaron como la mesa, un vaso, su cuaderno, tornillos y desarmadores, estufa, refrigerador, entre otros.

 

·         Juguetes reciclados. Los niños construyeron con materiales de reúso en su casa y con el apoyo de sus padres y madres, diferentes objetos como un robot, un avión, barcos, ropa para muñecas, muebles, entre otros. Los presentaron en clase explicando el procedimiento que siguieron, los posibles usos y los materiales que utilizaron.

 

·         Comida en familia. De tarea, los niños apoyaron en la elaboración de los alimentos en el hogar, identificando las características y la función de los recetarios, registraron en su cuaderno la receta de la comida principal, para comentar en la clase virtual por turnos, relacionado con el contenido del bloque V dentro de la práctica social del lenguaje para escribir instructivos.

 

En estas actividades se les recuerda a los alumnos la importancia de escuchar, participar en turnos, comentar para enriquecer la clase y tratar a sus compañeros como a ellos les gustaría ser tratados.

 

Aprendizajes logrados

Es grato percibir el interés de los estudiantes por participar en las clases. Quince minutos antes de iniciar los niños ya estaban preguntando por la contraseña para entrar. Algo que resultó muy productivo fue que ellos mismos tuvieron la oportunidad de crear una sesión para la clase, pues Zoom es una plataforma intuitiva y sencilla de manejar. Al inicio, con la ayuda de sus familiares aprendieron de errores provocados por fallas en la red y de logística. Esta experiencia les sirvió para darse cuenta de los factores que influyen para reunirnos virtualmente y mostrar empatía al percibir las dificultades tecnológicas de otros. Les comenté que esto también era parte del aprendizaje de todos, que era necesario respetar y tolerar a quien tuviera más dificultad.

 

Ante la situación que atravesamos por la pandemia lo más valioso ha sido aprender en conjunto con los niños, involucrando a las familias quienes pueden ofrecer alternativas de solución con base en su experiencia y formación académica. Entre todos se desarrolla un crecimiento donde se privilegia la curiosidad, la imaginación y la creatividad como factores de transformación ciudadana para enfrentar los retos actuales que la sociedad demanda.

 

Reflexión

El reto inminente es disminuir las clases verbalistas, pasivas y transmisivas donde el educador habla y los niños solo escuchan (Freire, 1969), es necesario que el estudiante investigue sobre su entorno y comparta su trabajo mediante una exposición o video. La meta es hacer uso de nuevos recursos donde se construyan textos, se elaboren experimentos y proyectos de ciencia, resolución de desafíos matemáticos contando con el respaldo y colaboración de sus familiares, concientizándolos de la importancia de su presencia en las actividades de sus hijos, aprovechando la variedad de software que hay en Internet, por lo que es una oportunidad de aprendizaje interactivo.

 

El proceso de transición hacia una educación soportada con la implementación de herramientas virtuales permite la flexibilidad de horarios y contenidos a desarrollar, por lo que se vislumbra una ruptura de paradigmas y metodologías de enseñanza, donde el uso de aplicaciones facilitará los aprendizajes de los estudiantes.

 

 

 

 

Acerca del autor

Francisco Javier Arce Peralta (javierarcep@hotmail.com) es Maestro en Docencia e Innovación Educativa. Tiene un Doctorado en Pedagogía Crítica y Educación Popular en el Instituto McLaren de Pedagogía Crítica en Ensenada, BC, México. Es integrante de Escritores Sudcalifornianos Asociación Civil desde 2017 y pertenece al movimiento “Poetas del Mundo".

Fuente

https://observatorio.tec.mx/edu-bits-blog/estrategias-didacticas-educacion-primaria-pandemia

miércoles, 7 de enero de 2009

Patrones didácticos y pedagógicos para consolidar la Educación

Me parece interesante este artículo, ya que si bien fue escrito pensando en México, puede aplicarse perfectamente a Argentina, y supongo que en muchos otros contextos. Sólo me queda una pequeña observación cuando se refiere a “procesos de enseñanza aprendizaje”.

La educación en México durante mucho tiempo ha sido sólo una práctica rutinaria que se ejecuta en el aula escolar que en ocasiones representa pérdida de tiempo y objetivos, donde los protagonistas actúan en virtud de sus necesidades; el docente por completar una jornada de trabajo y el alumno por cumplir y lograr una calificación.

Las aulas escolares han dejado de ser el campo de cosecha de conocimientos, de aprendizajes significativos, de interacción, análisis, crítica, observación, trabajo en equipo, creatividad e innovación respecto a la estructuración y aplicación correcta del lenguaje, de la identificación mediante fórmulas matemáticas de medidas, formas, de construcción de la identidad individual enraizada en la ética y valores humanos, de manipulación e integración de los distintos componentes que edifican nuestro sistema ambiental, por convertirse en aulas que escenifican batallas actitudinales de alumnos que expresan apatía, distracción, irresponsabilidad, estrés, rebeldía, extrema pasividad, detonantes de barreras que impiden el preñamiento cognitivo de los distintos contenidos temáticos escolares que propicien crecimiento intelectual por una parte y por la otra, la actitud docente poco relevante expresa en disertación poco aterrizada, confusa, inadaptada, maltrato psicológico con calificativos que trauman al alumno, inconformidad laboral, en fin; pobre en la constitución del conocimiento.

Dichas manifestaciones aunque un poco aterradoras, son el resultado de escenarios que se han forjado a través de la historia de la educación donde el binomio alumno-maestro protagonistas del proceso enseñanza-aprendizaje, se encuentra en procesos distintos de formación.

Primero nos referiremos al alumno, quien en sus distintas fases de formación escolar va integrando su haber intelectual a partir de contextos estructurales en los que su actitud se ve controlada y orientada a objetivos quizá fuera de su propia necesidad, por ejemplo: en el proceso preescolar el niño se forma bajo esquemas de juegos, diversión, fantasía, imaginación, arte, exploración, experimentación, expresión, psico-motricidad y creatividad, sin embargo este progreso humano se frustra ante el arribo del nivel primario cuyo panorama se conforma de contrastes pedagógicos y didácticos, que desfiguran los objetivos de los planes de estudios, que aunque carecen de retroalimentación tornan la educación del alumno en disciplina, responsabilidad, autoritarismo —como sinónimo de militarización— e ignorancia de quienes ejecutan el proceso educativo. Me refiero a directivos, profesores, padres de familias, quienes dejan entrever el desconocimiento total de los planes y programas de estudios que edifican la educación, que en vez de concebir a la educación como un proceso integral, la convierten en un capricho educativo.

Esta acción del aparato conformador del alumno, sólo produce resentimiento, complejo de culpa, miedo, apatía, convierte el aula escolar en un lugar de no lugar; es decir están en cuerpo, pero no en mente, lo cual representa una pérdida de tiempo. Cuando se habla de educación integral debe entenderse a ésta como una estructura generadora de compromiso individual que permita, tanto a maestros como a alumnos, lograr objetivos y procesos de vida, de aprendizajes para resolver problemas que faciliten el acceso a cualquier escenario o contexto social. Dichos procesos deben implicar también a las autoridades y padres de familias para triangular la mejora educativa nacional y no convertirlo en lamentaciones generales donde se tire la piedra, pero se esconda la mano.

Con todo esto… ¿Queremos que los niños se interesen por la ciencia? No se puede edificar el hambre por la ciencia en el alumno cuando en nuestras escuelas, desde primer grado de primaria hasta el nivel universitario se le reprime del juego o de nuevas formas de aprender, ejemplo; el alumno en la época de los setentas y ochentas aprendía bajo el método mecánico de la memorización, resúmenes, cuestionarios, exposiciones, exámenes, periódico mural, proyección de acetatos y una que otra obra, lo cual dejó como legado en esas generaciones, la disciplina del cumplimiento para pasar la materia u obtener una calificación como acto de aprendizaje, aunque hay que reconocer que muchos estudiantes lograron comprender muy bien la temática y se les hacia fácil explicar, pero la mayoría recaía en la repetición memorística sin comprender. La desventaja para estas generaciones pudo haber sido la escasez en la diversidad de material bibliográfico, didáctico o tecnológico que les facilitara el arribo a los tópicos escolares.

Sin embargo hoy, las nuevas generaciones se enfrentan no a la escasez de materiales bibliográficos, sino al qué hacer con tanta diversidad y tecnología y no poder vincularla con el aprendizaje significativo. El alumno de ahora puede aprenderla mediante todo un bagaje de métodos que se ofertan en nuestros días, métodos y técnicas visuales, auditivas, táctiles, kinestésicas, digitales hasta virtuales, pero esto no está funcionando debido a que la innovación tecnológica implica conocer y dominar los facilitadores del aprendizaje y eso, sitúa al maestro y al alumno, en una situación embarazosa, para muestra un botón: el programa de computo y pizarrones digitales de las escuelas de educación básica que muchos maestros no saben utilizar, al igual que los equipos de cómputo.

El crecimiento escolar, que se utiliza comúnmente en las aulas, representa más un proceso disciplinar que integral, donde la mayoría de los profesores fomentan patrones como la asistencia, la cual es vigilada y controlada por el pase de lista, el examen como determinante del nivel de conocimiento, que no determina en su totalidad si el alumno aprendió o si el maestro enseñó, regaños con calificativos mal fundados por no hacer las tareas, exigencias de tópicos que desconoce, cuadro de honor para compararlo y subestimar a los demás.

En este análisis, es también menester abordar al protagonista áulico; el docente, quien tiene una participación preponderante en el proceso educativo y que además emplea herramientas o técnicas que quizá esté desfasando el mismo.

Para indagar esta labor partiremos de elementos sustanciales de la docencia como los son la pedagogía y la didáctica, para contrastarlas con algunas referencias o escenarios de la historia y del presente.

Existen múltiples definiciones de Pedagogía, dentro de las que destacan que dicho concepto viene del griego antiguo y quería decir literalmente —guía del niño— (precisamente de país, niño y agoghe, guía, orientación, conducción). En un principio esta guía no se entendía en un sentido intelectual o moral, sino más bien material, práctico. En efecto, el pedagogo (paidagogos), como sabemos, por lo general era el esclavo que acompañaba a los muchachitos a la escuela.

Esta costumbre pasó de Grecia a Roma y el término pedagogo adquirió cada vez más el significado general de maestro y/o preceptor, en sentido restringido y en sentido lato.

Consecuentemente pedagogía, equivalía al arte de enseñar, sea que se enseñe una disciplina, sea que se enseñe un comportamiento mental o práctico, o bien que se eduque la personalidad en su conjunto.

Posteriormente surgieron otros enfoques que conceptualizan a la pedagogía como un conjunto de productos teóricos cuyo referente es la educación y se caracteriza por la constante búsqueda de la racionalidad. No obstante, tampoco existe una definición de pedagogía que pueda considerarse definitiva, pues su estatuto epistemológico ha estado y sigue estando en debate.

Por otro lado la que pretende identificarla como un conjunto de constructos teóricos que si bien están apoyados en razones objetivamente suficientes no pueden considerarse cerrados y definitivos para efectos del quehacer educativo, deben generar alternativas que permitan la consolidación de criterios que mejoren el aprendizaje.

Sin embargo, el problema comienza en esta vertiente; cuando el aprendizaje, no se genera de una manera integral, bajo procesos naturales en los que el alumno vaya desarrollando y creando sus propias formas de trabajo a partir del estímulo docente, sino que, al contrario, éste se forme bajo las prácticas de experimentación docente.

El proceso enseñanza-aprendizaje recae en protagonismos docentes mal fundados, poco éticos, que en ocasiones no son más que la réplica de la enseñanza adquirida durante su formación y en muchos de los casos repetitivas o mejoradas pero en sentido negativo, haciendo creer esto al maestro, como un verdadero ejemplo a seguir por haber recibido tan buena educación, cuando en realidad es sólo el desquite de lo que recibieron.

Ahora, es de reconocerse, que muchos de los que imparten conocimientos en las trincheras escolares, están trasformando los procesos de formación, a partir de la experiencia vivida como estudiantes lo cual les ha permitido identificar problemáticas, mejorarlas y contribuir positivamente en el crecimiento de la aldea global.

Por lo que respecta a la función docente de ser guía del alumno, en nuestras escuelas no existe labor de acompañamiento que genere la confianza del alumno hacia el maestro para realizar preguntas o externar formas de pensar; es un paradigma difícil de aperturar.

La verdad, se le da vueltas y más vueltas y, al final, si analizamos con profundidad se tiene que reconocer que siempre se toca con las manos, que cuando se le enseña algo a alguien siguiendo uno u otro método y teniendo en la mira estos o aquellos fines, inevitablemente siempre se termina por cambiar en alguna medida su manera de pensar y de actuar, por tanto, de educarlo (poco o mucho, para bien o para mal, no importa), porque el proceso educativo no tiene en sí, ni medidas fijas ni propósitos morales o de otro tipo: la buena educación y la mala educación son entonces dos vertientes de la misma montaña.

El arte pedagógico es algo que debe poseer el docente o el educador, sea éste un padre o un adulto que tiene influencia sobre el joven, o sea un docente o instructor profesional. Este arte se puede mejorar mediante la experiencia en él. Por tanto, la pedagogía debe limitar su esfera de competencia en el ámbito de la instrucción. En suma a —hacer escuela—. Lo demás, la formación, que es fruto de diversas influencias ambientales desde el punto de vista científico es problema psicosociológico y desde el punto de vista de su realización es problema político.

Por su parte la didáctica, desde el campo docente, debe ubicar al alumno como centro del fenómeno educativo, haciendo que todo concurra a su servicio: maestros, textos, aulas y métodos. A estos preceptos se debe la creación de la escuela popular, en la que todos tienen acceso a la educación, hombres y mujeres, pobres y ricos, párvulos y adultos, superdotados y atípicos, por lo que no podría quedar exenta de abordar en este trabajo.

Juan Amós Comenios, padre de la Didáctica Magna, afirmaba que, en realidad, el método de enseñar fue hasta ahora tan indeterminado que cualquiera se atrevió a decir: Yo educaré a este jovencito en tantos y tantos años de este o de otro modo le instruiré, etc. Nos parece que este método debe ser: si el arte de esta plantación espiritual puede establecerse sobre fundamentos espirituales, puede establecerse sobre fundamentos tan firmes que se emplee de un modo seguro sin que pueda fallar.

También argüía que al seguir las huellas de la naturaleza hallaremos que fácilmente puede instruirse a la juventud y menciona diez fundamentos de ello, que son y deben ser fundamentales para la educación:

1) Se comienza temprano antes de la corrupción de la inteligencia.

2) Se actúa con la debida preparación de los espíritus.

3) Se procede de lo general a lo particular.

4) Y de lo más fácil a lo más difícil

5) Si no se carga con exceso a ninguno de los que han de aprender.

6) Y se procede despacio en todo.

7) Y no se obliga al entendimiento a nada que no le convenga por su edad o por razón del método.

8) Y se enseña todo por los sentidos actuales.

9) Y para el uso presente.

10) Y siempre por un solo y mismo método.

De esta manera todo se irá consiguiendo suave y gratamente. Comenios aporta enormes riquezas en este apartado que quizá muchos autores critiquen, pero que para la mayoría de los docentes en todos sus niveles, debería ser el credo que rija este quehacer desde el lado humano; aunque en la actualidad el buen trato no es tan funcional, debido a que pareciera que genéticamente el alumno heredara el masoquismo escolar de los años setentas y ochentas; es decir; que sólo trabaja bajo presión.

Por lo tanto es necesario retomar el camino de la educación desde fundamentos pedagógicos y didácticos equilibrados, que propicien y potencien el arte de enseñar desde la idea de que, a quien se está formado es al hombre desde su propia naturaleza y entorno, por lo que se debe respetar su esencia.

El deseo de aprender es la voluntad que no puede ser obligada. El deseo de aprender puede encenderse en los alumnos y ser fomentado por los padres, los preceptores, la escuela, las cosas mismas, el método y los gobernantes. En una palabra: si tratan a los discípulos con amor y los enseñan a ser responsables de sus propios actos, fácilmente robarán su corazón.

Autor ENRIQUE VIDAL VIDAL
Universidad Tecnológica de Tabasco y Universidad del Valle, México

Extraído de
http://www.rieoei.org/jano/2068Vidal.pdf
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