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lunes, 26 de octubre de 2020

«Sin el maestro o la maestra presentes en cuerpo y alma no se puede educar bien»

  “Muchos jóvenes se preocupan poco por la pandemia, igual que mucha gente mayor que tampoco le preocupa demasiado el cambio climático”, explica José Ramon Ubieto. Con él hablamos sobre el riesgo de confinarnos en nosotros mismos por el miedo al virus y el auge del mundo online.

 


«Las emergencias -catástrofes naturales, atentados o pandemias como la actual- siempre hacen aparecer actitudes y sentimientos diversos», escribió el psicólogo clínico y psicoanalista José Ramón Ubieto en un artículo reciente en Catalunya Plural. Y es de las actitudes, los sentimientos, las reacciones de los ciudadanos y la sociedad ante la pandemia que estamos sufriendo de lo que hablamos aquí con este profesor de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), articulista, escritor y miembro de la Asociación Mundial de Psicoanálisis.

 

Cita a Freud cuando le dijo a un amigo que «el optimismo es un presupuesto; el pesimismo, un resultado». Usted dice que lo mejor es ser «pesimistas advertidos»…

Pesimista advertido quiere decir que hay algo en la vida que es siempre imposible. Freud tomó una frase de Kant. Kant decía que en la vida hay dos cosas imposibles, una es educar y la otra es gobernar. Y Freud añadió una tercera, que era curar. Imposible quiere decir no que no se pueda hacer ni que falten candidatos –porque no faltan candidatos ni para políticos, ni para maestros, ni para terapeutas– si no imposible. Imposible en el sentido lógico al que se referían Kant y después Freud, quiere decir que son prácticas, tareas para las cuales no tenemos un plan programado y una ciencia exacta. No sabemos cómo hay que educar con precisión. Siempre hay algo que uno tiene que inventar en la educación y además siempre hay algo ineducable. Tú puedes hacer todo lo posible para que tu hijo o hija sea de una determinada manera pero siempre hay un punto en el que ellos van a decidir, algo en que se educarán a su manera. Eso ocurre en el gobierno. Por eso hay cárceles, porque hay personas que no responden a ningún criterio de contrato social, de cumplir objetivos… Reconocer lo imposible quiere decir que uno no puede pensar que las cosas siempre irán bien porque está lo que no va a ir bien, está lo imposible. Pesimista advertido es, simplemente, alguien que acepta que en la vida hay ese punto de imposible y porque lo acepta, se pueden hacer cosas. Sabemos que no todo va a ser educable y podemos enfocar la educación hacia todo lo que es posible educar, sabiendo que habrá una parte de la educación que no se va a realizar. Parte del ideal educativo no se va a realizar, igual que no se realiza con personas que vienen a curarse aunque sabemos que no quieren curarse del todo, que hay una parte de su funcionamiento que no quieren cambiar, que les va bien así. Todos tenemos un incurable. A eso me refiero con ‘pesimista advertido’: saber que hay algo de lo incurable, de lo ineducable, de lo ingobernable, que forma parte de la vida.

 

Hemos renunciado a muchas cosas estos días: reuniones, abrazos, comidas fuera de casa, deportes… ¿Lo acabaremos aceptando como normal?

Espero que no. Estoy escribiendo un libro sobre cómo está cambiando el mundo y cómo lo hará, en el post-covid, la salud, la educación, los lazos sociales. En él planteo que no debemos olvidar nunca lo presencial. Hace poco, el profesor Klaus Schwab, fundador y presidente ejecutivo del Foro Económico Mundial de Davos decía que casi que se tenía que dar la bienvenida al Covid porque gracias a él se podría resetear el capitalismo y a partir de ahora lo presencial sería un poco obsoleto, se podría automatizar todo, la salud, la educación. De hecho, ese será el título del próximo encuentro de Davos en 2021: “Covid-19. El Gran reinicio”. Estamos en el dilema entre olvidar lo presencial y entregarnos a lo virtual o mantener lo presencial como algo irrenunciable. El cuerpo en la pedagogía es irrenunciable. Sin el maestro o la maestra en cuerpo y alma no se puede educar bien.

 

¿Soportamos la situación actual pensando que es transitoria y que pronto podremos volver a abrazarnos?

Todo el mundo piensa eso. Tiene esa ilusión. Lo que nos está castigando ahora, lo que nos está produciendo la tristeza Covid, es que, no tiene dead line claro. Cuando hay un atentado terrorista, un huracán, una catástrofe natural, un terremoto, todo el mundo sabe que hay un dead line. Puede tardar unos días, pero cuando detengan al terrorista, cuando el huracán pase, recogeremos los restos del naufragio, pero ya se habrá acabado, será un lapso de tiempo corto. El problema con el que nos encontramos ahora es que, como que no hay un dead line, no sabemos cuándo acabará. Iba a ser a final de año, ahora ya seguramente será entrado el año 2021, quizás en abril, quizás en junio o septiembre… Como hay esa imprecisión, eso hace que nos esté costando un poco más mantener los ánimos, porque se está alargando, pero todo el mundo cree que esto volverá a ser como era.

 

La pandemia ¿ha acentuado la solidaridad entre las personas o nos hemos vuelto más egoístas, encerrados en nosotros mismos, en nuestros países?

Daniel Defoe escribió el texto El diario de la peste que es muy interesante porque te das cuenta de que, en realidad, no hemos cambiado tanto. Habla, por ejemplo, de la caridad que se generó en Londres en relación a las personas más vulnerables, pero explica también que tan pronto como terminó la peste también se acabó la caridad. Cada uno volvió a lo suyo. Y aquí no será muy distinto. Espero que quede parte o alguna de estas cosas nuevas que se van creando –no de caridad, porque eso no tiene mucho futuro–, de colaboración, de prácticas colaborativas. Que quede, por ejemplo, una sensibilidad clara de qué es lo esencial para nuestras vidas: la sanidad, la educación, el cuidado de los trabajadores en el teletrabajo y todas las formas de precariedad laboral… Eso sí lo espero. Grandes cambios subjetivos, no creo.

 

Ha escrito que «no hay una experiencia colectiva compartida. Cada uno lo vive de una manera» y señala tres tipos de efectos: la depresión, la inhibición social y la rabia. ¿Predomina alguno de estos tres efectos?

Normalmente los afectos se suceden cuando una crisis dura un cierto tiempo. Es como una especie de recorrido que todos hacemos. Lo primero que todos tuvimos fue perplejidad. ¿Qué es eso que está ocurriendo? ¿Es algo de los chinos? ¿Algo que puede venir aquí? Cuando vimos que podía venir aquí empezamos a angustiarnos, a tener miedo. ¿Qué será eso? Después ya empezamos a tener, por un lado, rabia por no haber podido evitarlo y, por otro lado, también tristeza porque empezamos a ver las pérdidas, la gente que se moría, los trabajadores que se quedaban en paro… No es que una vaya necesariamente detrás de otra y mucho menos colectivamente. Aparecen siempre simultáneamente y con intensidades diferentes. La rabia extrema es una negación de todo lo demás. Es el caso de los negacionistas. Muchos de ellos no quieren aceptar ninguna de las pérdidas y, por tanto, desarrollan una postura de negación absoluta, que es una negación psíquica muy evidente. Cuando uno tiene un problema grave puede pensar que no existe y negarlo. La negación es el fruto de una rabia intensa, sumada, lógicamente, a otra serie de influencias ideológicas, tecnológicas… Las redes sociales están impactando en la pandemia. Es muy importante cómo las fake news, las burbujas de filtro, todos estos sistemas de la vida algorítmica están influyendo en la percepción que tenemos y en los sentimientos.

 

Que los más vulnerables sientan esa rabia parece comprensible. Están más maltratados que nunca. Los confinan en hogares donde no pueden guardar ningún tipo de distancias. Se juegan más la vida.

Sí, claro. Lo que nos ha demostrado la pandemia es que las clases sociales todavía existen. Eso ha ocurrido en todas las epidemias. Daniel Defoe explica muy bien cómo rápidamente, cuando en Londres se empezaban a tomar las medidas de confinamiento por la peste, se iban a la campiña inglesa todos los que podían y se quedaban en la ciudad los que no podían hacerlo porque tenían que trabajar con su cuerpo y su presencia en el día a día y no tenían gente que lo hiciera por ellos. Si bien el virus no distingue entre clases sociales –puede contagiar al presidente de los Estados Unidos y al último refugiado de Lesbos- las respuestas a la pandemia sí que dependen de las condiciones sociales. Si uno tiene acceso o no a la sanidad, en qué condiciones, cómo vive el confinamiento, qué conexión tiene para poder mantener su trabajo y su educación… Eso es evidente.

 

La precariedad laboral lleva a eso.

Yo tengo contacto con Latinoamérica porque participo en jornadas y conferencias y en muchos lugares de allí, sobre todo en los barrios periféricos de grandes metrópolis, como Buenos Aires o Santiago de Chile, si no vas a trabajar cada día, no comes. La posibilidad de mantener la distancia y el confinamiento afectan a la vida, a la supervivencia. Justo al contrario, para nosotros el confinamiento, la distancia nos puede dar la vida, pero las personas que necesitan salir a trabajar porque no tienen ninguna cobertura tienen que elegir entre enfermar o vivir.

 

El teletrabajo se ha disparado. ¿Qué repercusiones tiene esta explosión del teletrabajo? ¿Cómo afecta nuestra psicología?

El teletrabajo será uno de los grandes cambios de la pandemia. Tras ella quedará un aumento de lo virtual, en muchos ámbitos. En el de la salud, ya estamos viendo ahora mismo cómo la gente se contacta telefónicamente con sus médicos. En el de la educación, las universidades ya ofrecen mucha enseñanza on line. En el mundo del trabajo habrá una generalización del teletrabajo en todos los sectores donde sea posible. Lógicamente hay ámbitos en los que no lo será. Hay que cultivar el campo, transportar la comida, cocinarla… hay aspectos que no se pueden afrontar con teletrabajo. En todo lo demás va a ser muy importante. Las empresas verán sus ventajas para disminuir sus gastos de viajes, inmobiliarios… La duda es en qué condiciones quedarán los teletrabajadores. Hay muchas personas que tienen buenas condiciones laborales si teletrabajan pero la precariedad en el teletrabajo ya existía antes: las teleoperadoras y mucha otra gente. Empieza a haber legislación. Hay que ver cómo se regula. Desde el punto de vista psicológico, el mayor desafío del teletrabajo es el aislamiento que puede provocar. Los profesores que se dedican exclusivamente a la docencia on line ya hace un tiempo que lo experimentan: desde la obesidad por pasar tanto tiempo en casa hasta el burn out (quemado profesional) por no tener el contacto presencial directo con otros compañeros en la oficina y no poder compartir una discusión, un conflicto, un dilema. Todo eso tiene efectos. El aislamiento siempre tiene efectos sobre las personas. Los otros son una referencia. A la que nos hemos desconectado de los otros ha habido efectos de tristeza, de desorientación, de confusión… seguro que el teletrabajo tendrá ese tipo de efectos.

 

¿Los ciudadanos se sienten protegidos por sus gobernantes o tienen la impresión de que los han abandonado, por incompetencia o mala fe?

La desconfianza en los dirigentes ya venía de antiguo. Eso es lo que, entre otras cosas, dio tantos éxitos al populismo y a líderes como Trump, Bolsonaro, Orban… estos líderes se apoyaban en una desconfianza generalizada de la población respecto a sus dirigentes. Apelaban a que sólo ellos se preocupaban por los ciudadanos de sus países. En realidad, era un cinismo porque hemos visto que lo que les preocupaba era su propio bienestar, en primer lugar. Ese cinismo, encarnado por los dirigentes y sustituyendo a la legitimidad democrática tradicional, ya nos indicaba que la desconfianza era un sentimiento creciente. La pandemia ha puesto de relieve las insuficiencias de los dirigentes. Es llamativo que ya sabíamos que esta pandemia se iba a producir. Hay muchos informes que lo advertían. La CIA, en 2015, elaboró un informe que pronosticaba que alrededor de 2025 habría una infección respiratoria muy grave que acabaría siendo una pandemia. Se ha adelantado un poco. También lo predijeron la Fundación Bill Gates y muchos estudios que nos decían que eso iba a ocurrir. La sorpresa es que prácticamente no había planes de contingencia. Nadie sabía dónde encontrar mascarillas. Nadie sabía cómo organizar una respuesta sanitaria de emergencia. Lo cual quiere decir que la imprevisión de los dirigentes ha costado vidas y ha hecho que las cosas fueran peor. La gente es consciente de todo esto y, por tanto, hay una indignación y una rabia que se tendrá que ver cómo manejan los responsables políticos. Eso pasará factura cuando todo esto acabe.

 

Se ha acentuado el conflicto entre los jóvenes y el resto de la sociedad. Se les acusa de no tomar en serio la gravedad de la pandemia porque a ellos la Covid-19 les hace menos daño que a los adultos y los viejos

Otro cronista de la peste es Giovanni Bocaccio. Su Decamerón es un relato de la peste bubónica, que asoló toda Europa, también Italia. Bocaccio habla de la pasión de los jóvenes por gozar la vida intensamente puesto que sabían que muchos de ellos iban a morir. Ahora lo que ha ocurrido no es la resignación ante una muerte que no era percibida así pero sí la mezcla de varios aspectos. Por un lado, la necesidad que tienen los jóvenes del contacto social, que es una necesidad diferente de la que tenemos los mayores. Nosotros podemos aislarnos pero para los jóvenes el contacto es fundamental para reconocerse entre ellos. Los jóvenes son sus propios influencers. Para ellos, los que marcan los itinerarios de sus vidas son sus otros, los otros iguales, sean influencers famosos o sean compañeros de su grupo. Y luego están en una edad en la que se tienen que iniciar en todo, en los consumos, en la sexualidad, en la diversión, en el riesgo. Además coincidió que era el verano. Para ellos, la distancia social tiene que ver más con la pérdida de vida que con la supervivencia. Para ellos, perder la vida es perder el contacto. Tenemos que tener una visión un poco comprensiva. También hay una cierta hipocresía. ¿Por qué no nos preocupamos los mayores por el cambio climático, cuando todos sabemos que es el próximo desastre al que vamos a asistir? Ya lo estamos viendo en los incendios y en muchos fenómenos climáticos. Los mayores no nos preocupamos por el cambio climático porque muchos de nosotros pensamos que esto apenas nos va a tocar. En cambio, las manifestaciones de Fridays for Future y otros movimientos parecidos son de gente joven porque saben que sí que les va a tocar. Cuando a veces criminalizamos a los jóvenes diciéndoles que no están respetando las normas hay una parte de razón evidente en lo que decimos pero también tenemos que esta pandemia nos preocupa sobre todo a los mayores porque afecta a nuestra existencia pero no nos preocupamos del futuro de los jóvenes. Hay que tratar esta pandemia con una cierta perspectiva y hay que ayudarles a protegerse. Por otro lado, hay que evitar hablar de ‘los jóvenes’. ‘Los jóvenes’ no existen, como no existen ‘los de 60 años’. Hay personas de 60 años de muchas clases. Hay jóvenes que se han saltado todas las normas y han sido muy irresponsables pero también hay jóvenes que llevan mascarilla, que han creado muchas iniciativas cooperativas en relación a la pandemia, a ayudar a los otros. Matizaría esas visiones simplistas que salen en los medios criminalizando a un sector. Es como si habláramos de ‘los chinos’. Hay mil y pico millones. No podemos hablar de ‘los chinos’.

 

El SIDA provocó graves problemas en las relaciones sexuales entre personas homosexuales. ¿El Covid-19 está provocando un efecto parecido en el conjunto de los ciudadanos, especialmente los más jóvenes?

Ha producido un efecto curioso. La pandemia ha promovido el consumo de porno on line, que ya era muy alto. Lo ha aumentado. Ha favorecido muchos contactos via on line. Pero también es muy interesante lo que explican compañías como Badoo, Tinder y las aplicaciones de citas que se han dado cuenta de que muchos usuarios han mantenido el uso de esas aplicaciones como lugares de conversación o una mezcla de conversación y algunas prácticas sexuales on line. Se ha visto que el sexo también necesitaba de algún añadido. Ya lo sabían. Tinder tuvo que recordar a la gente que esa aplicación era para que se encontrasen y tuviesen sexo, no para que hablasen. Incluso hicieron una campaña con testimonios de usuarios de Tinder que decían que se habían encontrado y tenido sexo. Se dieron cuenta de que la gente, en realidad, no siempre quiere solo sexo sino también una conversación, sentirse en intimidad con el otro, sentir algo de afecto, de amor. No todo se reducía al sexo. La pandemia ha demostrado que algunas de estas aplicaciones se han mantenido porque la gente quería fantasear con otros a distancia.

El psicólogo clínico y psicoanalista José Ramón Ubieto | Pol Rius 

 

¿Hay algún consejo, algún criterio a seguir para combatir el miedo? Hay personas, sobre todo gente mayor, que hace muchos meses que prácticamente no salen de casa

Por mi trabajo hablo con muchas personas. Algunas son mayores. Algunas han perdido a su pareja. Y me comentan las dificultades que tienen para salir. Hay cosas que no deberíamos hacer y algunas que podríamos hacer. Lo que no deberíamos hacer es quedarnos paralizados y entregarnos a la nostalgia, pensar qué bonito era el mundo antes de esto. Eso aumenta la desazón. A las personas mayores siempre les digo que retomen las actividades ajustadas a las posibilidades actuales. Si antes salía tranquilamente sola a dar la vuelta a todo el barrio, ahora salga acompañada y dé una vuelta a la manzana. Haga algo. No se quede en casa. Aunque sea poco, eso le ayudará. No olvidar lo presencial. No renunciar a los encuentros. Es mejor vernos seis que no vernos ninguno. Es mejor vernos en el exterior, con mascarilla y con distancia, que no vernos. Mantener lo presencial es fundamental. No hay que renunciar tampoco a todos los placeres que podamos obtener, sean sexuales hasta cocinar o ir a la montaña. El miedo y la culpa engordan siempre con la renuncia. Contra más nos confinemos nosotros mismos, contra más renunciemos, más culpables y más miedosos nos sentiremos. La manera de combatir el miedo es mantener una cierta normalidad, limitada en los objetivos –lo imposible que decía al principio- , pero porque aceptamos lo imposible podemos lo posible. Si nos encerramos, eso no nos ayudará nada.

 

¿Cómo se imagina el fin de esta pesadilla? ¿Nada volverá a ser como antes de la pandemia, como avisan algunos?

Cada gran cambio de estos deja cosas que quedan. No ha sido el fin de un mundo. El filósofo coreano Han hablaba del fin de un mundo, no del fin del mundo. No ha sido el fin del mundo y tampoco estoy seguro de que haya sido el fin de un mundo. Habría que ponerse de acuerdo en lo que quiere decir eso. Está claro que habrá cosas que cambiarán y me parece que lo que cambiará es un aumento de lo virtual sobre lo presencial, pero también está en nuestras manos, porque el destino no está escrito, matizar esos cambios. La gente va a seguir tomando decisiones que influirán un poco en ese futuro que no está escrito. Si todos los profesores aceptan que lo on line sirve mejor que lo presencial eso traerá efectos dañinos para la educación. Si la gente acepta que es mejor que los periodistas no hagan entrevistas presenciales y que todo se resuelva por mail eso afectará al periodismo, a los lazos sociales… El teletrabajo cambiará inevitablemente el mundo laboral. Eso es seguro. Ya lo está haciendo. Habrá cosas de salud y de educación que también pero el grado de cambio dependerá de las respuestas de la gente. Imagino que el final, el dead line, lo pondrán las vacunas, cuando el miedo al contagio sea escaso. Quedarán las últimas personas que les costará un poco salir y volveremos rápidamente a la normalidad, con algunos cambios, inevitablemente. Pasó con el Sida. Se volvió a la normalidad pero la gente se lo pensaba dos veces antes de no usar preservativo al tener relaciones sexuales. Ahora pasará lo mismo.

 

 

 

Por Siscu Baiges

Fuente

https://eldiariodelaeducacion.com/2020/10/14/sin-el-maestro-o-la-maestra-presentes-en-cuerpo-y-alma-no-se-puede-educar-bien/

domingo, 19 de enero de 2020

ALUMNOS O PIBES. ¿DEFENDER A LOS ALUMNOS DE LOS MAESTROS?



Podemos preguntarnos por qué en los discursos “progresistas” tiende a usarse el término “pibes” en vez de “alumnos”. Etimológicamente “alumno” proviene del latín “alimentar”. Alumnus, persona criada por otra’, derivado de un antiguo participio de alere ‘alimentar’ (nada que ver con “sin luz”, es un error frecuente). Dice Estanislao Antelo[1] que el término alumno es un artificio, él usa “pibes”: Ahora no hay alumnos, hay “pibes”. “… no es lo mismo enseñarle a un alumno que a un pibe. Un alumno es un artificio, alguien al que se le supone una ignorancia y una capacidad de aprender. Alguien cuya identidad está en segundo plano.”

Obvio, todo lo humano es artificio, no existe naturaleza pura, pero Antelo hace una crítica a lo que él considera “artificio”, empero dicho alumno, a pesar de él, sigue estando en la escuela.
Me parece que hay una negación implícita de lo escolar, el alumno es propio de la escuela; el pibe es un modismo rioplatense, implica un tratamiento afectuoso más allá de lo escolar[2]. El “alumno” tendría que ser “protegido afectuosamente”, ¿de quién?, ¿del maestro?, ¿de la escuela?
Si el alumno se convierte en pibe, es porque debiera trascender la escuela, como si ser alumno fuera una especie de jaula de hierro, sin poder, dentro de otro tipo de escolaridad, asumir una función más humanizadora, dentro de una concepción liberadora de escuela y de maestro. Si son PIBES, ya no hay MAESTROS, dentro de la línea del “facilitador”. Valga aclarar que, aunque se pretenda convertir al maestro en mero facilitador negándoselo como modelo[3], siempre habrán diferentes tipos de modelos que lo reemplacen, y que en la actualidad se identifican con los que circulan en el mercado. Ello bajo el falso ideológico pretexto de que la escuela es del siglo XIX, los maestros del siglo XX y los alumnos del siglo XXI; afirmación tal es falsa por cuanto la interpretación es meramente tecnócrata, y no desde los proyectos políticos implicados. Ciertamente, en el siglo XXI los cambios tecnológicos condicionan materialmente la circulación del capital ficticio o financiero/especulativo/parasitario, empero su comprensión requiere ser relativa al proyecto político implicado. Desde aquí, diferimos de Bauman.
Zygmunt Bauman, con su noción de “modernidad líquida”, involucra socialmente nada más que al campo de circulación de las actuales tecnologías de la información y la comunicación, sin embargo, si consideramos lo que él denomina “modernidad sólida”, es desde ésta la que debe comprenderse a la mayor parte de la humanidad, en cuanto se involucra dentro de una pobreza estructural.
Entre tanto, el sujeto escolar sigue, valga la redundancia, estando en la escuela, por más que verbalmente se lo denomine “pibe”, continúa siendo “alumno”. Por ende, la cuestión radica en cómo sea “alumno”, que no se resume en una peripecia “verbal”.
El apelativo “pibe” es propio de los porteños, en otros lugares de Argentina hay modismos diferentes, sea por ejemplo “gurises”, “changos”[4]. Por ende, en esta oportunidad el centralismo porteño hasta en el discurso coloniza.
Otro interrogante es para qué el alumno sigue siendo alumno, para qué la escuela sigue siendo escuela. ¿Cuál es el sentido del alumno, del maestro y de la escuela? Es que el alumno no existe, no existe el maestro ni la escuela. Hay multiplicidad de alumnos, de maestros y de escuelas, según los contextos histórico-presentes, sociales, culturales, políticos y económicos, aunque, y he aquí un serio problema, las normativas sigan permaneciendo las mismas, como si hubiera un solo tipo de alumno, un solo tipo de maestro y un solo tipo de escuela. Así, ¿debe ser la misma finalidad aquella que implica a la gran cantidad de desplazados-excluidos en el mundo que la finalidad de quienes participan de los beneficios de la inclusión, en mayor o en menor medida? ¿Vale acaso  la consideración de alumnos que, mientras se encuentran sumidos en la pobreza con serias dificultades para la mera sobrevivencia, apunten a las competencias de un futuro que no les caerá cual maná del cielo?  El Foro Económico Mundial de Davos (2016) “popularizó”, sin justificar fehacientemente la información, que “el 65% de los niños trabajará en empleos que aún no existen”[5].[6]
Ejemplificando, ¿debe ser la misma finalidad para quien es tarefero en condiciones de pobreza/explotación infantil que para quien es hijo de un acaudalado empresario/político? ¿Deben ser los saberes a aprender del niño/tarefero “iguales” a los del niño/del acaudalado? ¿Deben ser los saberes a aprender del niño/del acaudalado “iguales” a los del niño/tarefero?[7] ¿Es este último el que, si es que egresa de la escuela primaria, debiera aprender las competencias del siglo XXI?, ¿o más bien debiera alfabetizarse, aprendiendo a leer y escribir, crítica-creativa-dialogalmente, desde sus propias condiciones de vida? En el decir de Paulo Freire, pronunciar su propia palabra.
Ya en el siglo XIX, con mucha ironía, criticando a la igualdad o al “derecho igual”, Carlos Marx nos decía: “¿Se cree /que/ en la sociedad actual… la educación puede ser igual para todas las clases? ¿O lo que se exige es que también las clases altas sean obligadas por la fuerza a conformarse con la modesta educación que da la escuela pública, la única compatible con la situación económica, no sólo del obrero asalariado, sino también del campesino?”[8]
Concluyendo, digamos con el mismo Freire[9]:
“Para dominar, el dominador no tiene otro camino sino negar a las masas populares la praxis verdadera. Negarles el derecho a decir su palabra. Las masas populares no deben ‘admirar’ al mundo auténticamente; no pueden denunciarlo, cuestionarlo, transformarlo para lograr su humanización, sino adaptarse a la realidad que sirve al dominador.”

Autor
Miguel Andrés Brenner

Facultad de Filosofía y Letras
Buenos Aires, Argentina
Enero de 2020







[2] También significa aprendiz o muchacho de los mandados.
[3] Modelo, según el Diccionario de la Real Academia Española, entre una de sus acepciones, significa arquetipo o punto de referencia para imitarlo o reproducirlo. Aquí se presentan críticas, al respecto, porque en nuestros días se niega la concepción de la educación tradicional en la que el alumno debiera aprender a ser mera “copia” del maestro, pues el alumno como “mera copia” subsume el presente al pasado. Pero, valga considerar que una multiplicidad de modelos (económicos, culturales, psicológicos, etc.) circulan en la actualidad, con fuerte pregnancia de los intereses del mercado; y dicha circulación aún bajo los criterios de la salud y/o la enfermedad. Tanto la escuela como sus maestros asumen la función modélica, aunque se la niegue, por ende, el reconocerla críticamente implica la posibilidad de una no simple subsunción o rechazo, más allá de la palabra dialógica y transformadora a la vez.
[4] Chino o pelado para decir niño en Colombia, que en Argentina es un chico y puede ser un pibe, un chavo en México, un gurí o botija en Uruguay, un mitaí en Paraguay, un chamito o carajito en Venezuela, un patojo en Guatemala y en Honduras, un crío o chaval en España. Chibolo se dice al niño en Perú, bicho en la Republica del Salvador, güila en Costa Rica, cabrito en Chile, chamaco o fiñe en Cuba. https://www.bbc.com/mundo/noticias/2015/10/150911_hay_festival_diccionario_iberoamericano_ch; https://www.huffingtonpost.es/entry/palabras-latinoamericanas-que-deberias-conocer-si-hablas-espanol_es_5c8a6fa5e4b0866ea24c4789; https://elcomercio.pe/vamos/mundo/diccionario-entender-palabras-latinoamerica-388428-noticia/; https://brainly.lat/tarea/4468451 (todos los links, consulta: 17/01/2020)
[7] Tarefero es un término utilizado en la Provincia de Misiones, al noreste de la República Argentina (en cuyo norte se encuentra el polo turístico patrimonio universal de la humanidad Cataratas del Iguazú) para designar a una persona que cosecha “con sus manos” la yerba mate, valiéndose de una tijera. Según un relevamiento realizado en 2010 por la Universidad Nacional de Misiones, de 7.000 tareferos entrevistados, el 50 por ciento manifestó que se había iniciado en el trabajo antes de los 14 años; es frecuente que entre los 4 y 5 años de edad. Los tareferos son invisibles, al chico que está en el yerbal no lo ve nadie, ni el sistema.
[9] Freire, Paulo (1970: 112-113). “Pedagogía del oprimido.” Montevideo, Uruguay. Ediciones Tierra Nueva. La primera publicación es del año 1968.


jueves, 26 de abril de 2018

Las 6 habilidades que les exigirán a los maestros argentinos a partir de ahora


Durante todo 2017, el Instituto de Formación Docente (INFoD) avanzó junto a los ministerios provinciales en la elaboración de un documento que consigna cuáles son las competencias que un docente debe tener. En el último Consejo Federal, se materializó el marco referencial.

"El marco viene a complementar los diseños curriculares de los profesorados de cada una de las provincias. Hasta el momento estaba más centrado en el 'qué tiene que saber un maestro que se gradúa'. Ahora apuntamos a definir el cómo, a definir 'qué tiene saber hacer un docente cuando egresa'", explicó a Infobae Cecilia Veleda, directora ejecutiva del INFoD.
El nuevo desafío que surge ahora -continúa Veleda- es plasmar las conclusiones en la realidad. Tras ese objetivo, trabajarán junto a los gobiernos provinciales para orientar las enseñanzas en los profesorados y que la formación teórica se articule con prácticas en escuelas.
Al repasar las 6 grandes competencias -30 si se observa pormenorizadamente-, se detectan algunas capacidades que parecen obvias, que cualquier maestro debe tener. "Sucede que antes no estaban explícitas. Según de cual se trate, hay capacidades que están cubiertas, pero la confección del marco implica un gran paso para que los estudiantes de profesorados sepan qué es lo que van a tener que saber hacer", sostuvo la funcionaria.

1) Dominar los saberes a enseñar
Más allá de que puede resultar evidente, se buscará que los formadores se "apropien" de los conocimientos académicos que después transformarán en contenidos curriculares. Eso quiere decir aprender incluso más de lo que luego van a enseñar.
Una vez incorporados los conceptos, los docentes tendrán que poder "producir versiones del conocimiento a enseñar adecuadas a los requerimientos del aprendizaje de los estudiantes". En los hechos, implica seleccionar y jerarquizar los contenidos de modo de favorecer el aprendizaje.
2) Actuar de acuerdo con las características y diversos modos de aprender de los estudiantes
Se trata de lograr individualizar las necesidades de cada alumno y no de enseñar igual para todo un curso. Se busca atender distintos criterios como procesos evolutivos, discapacidades, circunstancias socioculturales, si tienen alcance a recursos tecnológicos o no.
3) Dirigir la enseñanza y gestionar la clase
En primer lugar, plantear objetivos de aprendizaje. Luego, valerse de los recursos didácticos y tecnológicos para lograr esas metas. Se le pedirá al maestro que sepa tomar decisiones sobre la administración de los tiempos, los espacios y los agrupamientos de los estudiantes. También de atender los distintos ritmos de avance a la hora de diseñar estrategias de aprendizaje.
Otro punto que se exigirá es ampliar la mirada de la evaluación. Hacer diagnósticos, identificar errores sistemáticos, ofrecer feedback a los estudiantes y que esa evaluación no sea solo un examen escrito. Poner en práctica distintas vías que les permita a los chicos mostrarse . Por último, deberán seguir la trayectoria de los alumnos para comunicárselas tanto a ellos como a sus padres y directores de la escuela.

4) Intervenir en la dinámica grupal y organizar el trabajo escolar
Apunta a mejorar la convivencia en la escuela. Sostener un clima de respeto entre los alumnos y poder resolver los conflictos que se presentan. Además, plantea la necesidad de fomentar que los alumnos formulen preguntas, expresen sus ideas e intercambien opiniones.
5) Intervenir en el escenario institucional y comunitario
Primero identificar las características propias del contexto en el que está inmerso la escuela para después diseñar e implementar experiencias que reivindiquen ese patrimonio cultural. A su vez, los docentes tendrán que mantener contacto fluido con las familias y en la elaboración de proyectos interdisciplinarios vinculados a la realidad de la comunidad.
6) Comprometerse con el propio proceso formativo
El marco remarca la importancia de la formación continua una vez terminado el profesorado. "Analizar las propuestas formativas del Instituto y las escuelas asociadas para identificar fortalezas y debilidades", insisten.


Por Maximiliano Fernandez 
Fuente
https://www.infobae.com/educacion/2018/04/24/las-6-habilidades-que-les-exigiran-a-los-maestros-argentinos-a-partir-de-ahora/

domingo, 25 de septiembre de 2011

Buenos maestros, maestros fascinantes

Buenos maestros, maestros fascinantes
Los buenos maestros tienen buena cultura académica, mientras que los maestros fascinantes tratan de entender el funcionamiento de las mentes de sus alumnos para poder educarlos mejor.

Los buenos maestros tienen una metodología y son didácticos, mientras que los maestros fascinantes tienen la sensibilidad para hablar a los corazones de sus alumnos,

Los buenos maestros educan la inteligencia lógica, mientras que los maestros fascinantes educan la emoción, enseñan a sus alumnos a explorar su propio ser.


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