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jueves, 13 de julio de 2023

La menstruación no debería ser una fuente más de desigualdad o de discriminación y a día de hoy lo es

 Sara Sánchez: “La menstruación no debería ser una fuente más de desigualdad o de discriminación y a día de hoy lo es”

Sara Sánchez es una investigadora que hace poco tiempo publicó parte de los resultados de una investigación que está desarrollando en torno a la menstruación y cómo afecta a la sociedad en España. En ese primer artículo se centró en los sentimientos que genera en muchas personas tener la regla y cómo la educación podría tener un impacto positivo



“Creo que el desconocimiento y el tabú proporcionan el ambiente más adecuado para la burla y la vergüenza”, comenta Sara Sánchez en un momento de esta entrevista. Podría ser un buen resumen sobre su estudio. Tener la menstruación genera sentimiento negativos como la vergüenza y una manera de combatirlos es ofreciendo información a todas y todos, al mismo tiempo y por separado, sobre qué es la menstruación y, sobre todo, sobre qué hacer cuando llega: qué métodos de higiene menstrual utilizar y cómo hacerlo. Esto, por un la facilitaría la empatía de quienes no tienen el periodo y, al mismo tiempo y primero, empoderaría a quienes sí.

Quería empezar por la pregunta más básica, ¿qué es salud menstrual?

Se refiere a la necesidad de experimentar el ciclo menstrual de forma saludable y con dignidad, en todas sus vertientes, tanto económica como en relación al acceso a la información y, por supuesto, el acceso a un saneamiento adecuado y a productos de higiene menstrual adecuados. Se refiere a la capacidad de vivir el ciclo menstrual con dignidad, de forma saludable y con la información necesaria.

¿Cuando hablas de dignidad a qué te refieres?

Cuando hablamos de dignidad nos referimos a romper con el tabú y el estigma, a reducir la carga mental que sienten muchas mujeres en el mundo, ese miedo a mancharse, todas las adaptaciones que hacemos cuando tenemos la regla como si fuera algo que tenemos que ocultar, algo de lo que avergonzarse. A eso me refiero con dignidad. Y, por supuesto, a minimizar el shaming, esa burla que puede ocurrir, que viene de fuera y no solo de dentro.

En el estudio señaláis que las mujeres nacidas en los 50 y las de la primera década de los 2000, más o menos, utilizan las mismas fuentes de información. Hay una historia paralela, ¿cómo es posible después de este tiempo?

Es algo interesante. Si bien es cierto que ha habido muchos cambios sustanciales en estas décadas, la forma en la que han vivido la menstruación las mujeres nacidas en los 50 no dista demasiado de la experiencia menstrual de las nacidas en los 2000. Esto es curioso porque la primera fuente de información, incluso a día de hoy, sigue siendo la madre, de lejos.

Si bien internet está ahí y es una ventaja, una de las preguntas que hemos hecho es cuáles son las fuentes de información que se tomaron en los últimos 5 años. Veíamos que Internet había tenido mucha importancia. Presenta ventajas y también el riesgo de que hay mucha desinformación. Se pueden perpetuar mitos: hay mucha gente no especialista hablando de muchos temas y la menstruación no es la excepción. Ahora, más que nunca, es necesario proporcionar una educación que nos dé las herramientas y los criterios para diferenciar lo que es real de lo que no lo es.

Volviendo a la pregunta, ¿Cómo sucede eso? Porque seguimos considerando la menstruación como algo que pertenece únicamente al ámbito privado. Con la excusa de que es algo que solo lo experimentan las mujeres, que además se maneja en el cuarto de baño, es algo que queda en el ámbito privado, algo que debes ocultar. También tenemos una cultura general muy discreta en ciertos temas y hemos mantenido la narrativa de que esto es algo privado, cuando es social, le ocurre a más de la mitad de la población y las medidas tienen que ser sociales.
Sobre todo porque seguimos sin educar, sin hablar del tema, no se ha cambiado la legislación y no forma parte del currículo nacional, y en lo autonómico hay mucha variación y es ambiguo. Cuando un problema no se aborda, no se soluciona solo. No lo hemos abordado en estos 50 años.

 

Seguimos considerando la menstruación como algo que pertenece únicamente al ámbito privado pero le ocurre a más de la mitad de la población y las medidas tienen que ser sociales

 

Una parte de la información que se transmite de madres a hijas es errónea, por ejemplo, en relación al uso de analgésicos o antiinflamatorios por el dolor de la menstruación. Es curioso que siga transmitiéndose información errónea después de tanto tiempo y con tanta medicación al alcance…

Es una pregunta muy interesante. Si bien nos hemos concentrado en este artículo en la parte de la educación, hay una gran parte de la investigación que se va a encargar de todo esto. Puedo adelantar que tenemos cientos y cientos de respuestas de experiencias compartidas en las que no se sabe cómo manejar dolores incapacitantes, cómo detectar o identificar lo que es un dolor que no es normal, de lo que es una enfermedad, de lo que nos han dicho que es normal, que eres mujer y la menstruación duele. Esto ocurre porque las madres siguen siendo mujeres que no tienen información y las mujeres adultas seguimos sin tener información. Porque no hay suficiente investigación al respecto, porque no se destinan suficientes medios, no se le da suficiente visibilidad y no se tienen estas conversaciones. Y como en general es algo que se intenta tratar de forma discreta e, incluso entre las mujeres, no se ha hablado, se siguen pasando estos mismos mitos. Los mitos siguen muy vigentes en España. Hay muchísimo,.

Seguramente, este verano, habrá niñas que no se bañen con la menstruación porque creen que se le puede cortar. Que eso ocurra quiere decir que estamos haciendo mal: tenemos la información, tenemos los medios, sabemos lo que hay que hacer y no estamos haciendo llegar la información.

Hablando de dolores que no son normales, estos llegan a ser síntomas de tumores sobre los que, en algunos casos, las mujeres han de insistir mucho a sus médicos…

Desgraciadamente, es cierto. No es cuestión de echarle la culpa a los médicos, a las madres… pero sí hay un reparto de responsabilidades que es justo destacar. Tenemos muchos datos de mujeres que nos han escrito, muchas, contando largas anécdotas en las que han sido diagnosticadas erróneamente, muchísimas que han ido con dolores y han sido desacreditadas o minimizados sus síntomas. O les han recetado la píldora, que es el tratamiento estrella que se nos hado a todas en algún momento: “Si tienes dolores de regla, tómate la píldora”… Los efectos secundarios vamos a no hablarlos. O como decías, tomar paracetamol o ibuprofeno, que no es que no sea una solución, pero no estamos viendo si hay endometriosis, si hay alguna condición subyacente. Estamos hablando, además y por lo general, de médicos privados, porque por la (sanidad) pública, todavía es más complicado acceder a estas consultas y porque hay poca prevención ginecológica. No hay revisiones y deberíamos estar hablando de ello.

Comentáis en el estudio que buena parte de la información que han recibido las mujures desde los 50 hasta ahora tiene que ver con la reproducción humana. Lo demás se ha quedado fuera. Desde tu punto de vista, ¿Qué es lo que debería enseñarse en la escuela sobre menstruación más allá de lo reproductivo y cómo?

Creo que lo primero sería señalar que la información debería ofrecerse a tiempo, antes de que las chicas hayan tenido la menstruación, porque es cuando más impacto tiene, en la menarquía. La información, por supuesto, tiene que estar disponible durante toda la vida de las mujeres, porque esto no se acaba cuando termina la regla, porque empieza la menopausia.

 

Cuanta más información tienen las personas sobre cómo gestionar el sangrado, menos experiencias negativas reportan

 

¿Qué información deberíamos estar proporcionando? Según nuestros datos, tenemos que decir qué es la menstruación, por qué ocurre, consecuencias, cuáles son las implicaciones… también implicaciones culturales y, sobre todo, cómo gestionar el sangrado. “Qué hago cuando me baja la regla por primera vez. Me han dicho que existe pero no sé qué hacer”. Esa información, explicar qué productos o métodos de higiene menstrual hay, dónde adquirirlos, cuáles son los pros y los contras, cómo colocarlos, porque no es lo mismo ver una compresa que ponérsela… cada cuánto cambiarla, cómo tirarla… son cosas que parecen tontería pero no nacemos con ese conocimiento.

El día que te baja la regla ya tienes suficiente como para no saber cómo actuar, esa incertidumbre, el miedo a estar manchada, a que te esté ocurriendo algo, el miedo a que esto ha venido para quedarse. Hay muchas cosas y hay que minimizar la parte de cómo actuar. Yo sé lo que tengo que hacer y eso disminuye las emociones negativas, que es algo que se ve en el estudio. Podemos demostrar que cuanta más información tienen las personas sobre cómo gestionar el sangrado, menos experiencias negativas reportan, menos miedo, menos estrés, vergüenza y preocupación.

Precisamente, planteáis que más información reporta un aumento de algunas emociones negativas…

Hemos analizado dos piezas de información: saber qué es la menstruación (que te va a bajar) y saber cómo actuar. Lo primero puede aumentar el estrés y el miedo. Tiene sentido porque a lo mejor antes no sabías que tendrías que enfrentarte a esto y ahora tienes que hacerlo, 40 años de tener la regla. Puedo entender que no te apetezca tirar cohetes cuando tienes 10 años y te baja la regla. Si lo quieres celebrar, genial; si no, genial. Pero que dependa de ti y no de la falta de información.

Es cierto que el saber que existe no elimina las emociones negativas, a veces las incrementa, un poco, porque sabes de lo que hablas. Pero cuando tienes más información sobre lo que hacer con el sangrado, sí disminuye la ansiedad.

Apuntabas antes el cuándo dar esta información. Recogíais testimonios de mujeres que llevaban 2 años con la regla cuando les dieron información sobre el tema. ¿Cuándo crees que debería empezar a tratarse esta información?

Tenemos más de 4.000 datos y seguro que hay estudios fisiológicos que lo muestren. Creo que la media para que baje la regla está entre los 10 y los 12 años. La información debe ofrecerse no más tarde de los 10 años. No estamos diciendo que se dé el mismo nivel de información a las chicas de 14 que a las niñas de 12, pero sí por lo menos   que sepan qué productos existen y qué tienen que hacer. Esto puede marcar mucho la diferencia, sobre todo, porque van a ser las primeras de su entorno con la menstruación, más allá de que puedan tener hermanas mayores. Y serán las que tengan menos información y estén menos expuestas a ella.

¿La información debe darse a lo largo de la escolarización obligatoria?

Sí, definitivamente. Se puede profundizar en la información. No creo que haya que darla de forma aislada una vez y nos olvidemos. La reproducción se da durante varios años y se va profundizando, vamos entendiendo la profundidad de las implicaciones. Lo mismo se puede hacer con esto, como con el resto de las asignaturas. No necesitamos que sea un cuatrimestre entero, pero puede formar parte del temario.

Hay una parte en la que habláis de las personas que no menstruan y los testimonios que recogéis hablan de lo beneficioso que sería que estas personas contasen con la misma información. ¿Cómo lo interpretáis?

Creo que está bastante claro. No siempre es fácil interpretar los datos, pero en este caso podemos aventurarnos a decir que solo traería beneficios para toda la población que incluyéramos a las personas que no menstruan en esta información. Desde luego, los niños deben estar presentes en la escuela cuando se dé esta información.

Esto de separar los grupos en niños y niñas y llevarse a los niños y hablarles de no sé qué, depende de quién los separe, y a las niñas hablarles e la responsabilidad, la higiene, la menstruación. Y mientras los niños, jugando al fútbol. A parte de que estamos incrementando los roles de género, que creo que ya podemos dar un paso adelante, contribuimos a esta narrativa de que la menstruación es una cosa que tratar en privado, que solo a las personas que menstrúan, cosa de mujeres, que es algo que ocultar y avergonzarse… y no es cierto. Y también es injusto con vosotros.

Este estudio se ha hecho con personas que menstrúan y que no. si bien las preguntas son diferentes según el caso, estamos convencidas de que es un problema social y que la sociedad debe formar parte de la evaluación y de la solución. Muchos hombres nos han dicho que no saben lo suficiente, que no saben dónde buscar información, “me da vergüenza preguntar y no sé siquiera qué preguntar”. Hay cosas que si no sabes que existen, ¿cómo vas a preguntar por ellas? Ni siquiera se te han ocurrido.

Hay quien ve la menstruación como algo sucio y puede incluso llegar a la burla, y también están las personas que quieren tener más información. En el artículo se incluye el testimonio de un adolescente de 12 años que cuenta que las compañeras se iban al baño y preguntó por qué lo hacían. “Todo el mundo se enfadó conmigo y nadie me decía nada y me fui a mi casa sin saber qué pasaba y avergonzado y hasta mucho después no supe qué pasaba”. El chico no tenía por qué saberlo ni ellas tienen por qué explicárselo, pero alguien debería decírselo. No podemos dejar a la mitad de la población a oscuras.

 

El desconocimiento y el tabú proporcionan el ambiente más adecuado para la burla y la vergüenza

 

Hablando de esto, en la investigación habláis de grupos mixtos y no mixtos. Entiendo la dificultad de hablar de según qué asuntos con tus compañeros de clase, pero está la necesidad de que los chicos tengan acceso a la información…

Hay una fórmula, se ha estudiado. Siempre digo que los chicos tienen que formar parte de esta educación y lo mantengo. Idealmente debería darse la información al grupo mixto y, después, sí que es recomendable separar a los grupos y darles la oportunidad de hacer preguntas en un entorno más seguro, menos expuesto. Nadie intenta decir que no hay diferencias, que va a ser igual de fácil hablar para unas y otros. Incluso para ellos preguntar frente a ellas y viceversa. Démosles el espacio a cada uno para hacer preguntas de forma segura, pero que la información la hayan recibido todos y todas.

En esos espacios no mixtos se pueden hacer preguntas, dar información más concreta. No hay problema, todo es adaptable y es cultural. Esto hay que adaptarlo a la cultura, no solo española, si no dónde estás, teniendo en cuenta cuál es tu audiencia.

No sé si sabéis influye que los chicos tengan esa información, la misma, en lo relativo a casos de acoso o de burlas en clase.

Creo que el desconocimiento y el tabú proporcionan el ambiente más adecuado para la burla y la vergüenza. Cuando quitamos ese velo, en general, esto disminuye. Si los chicos o los niños, los adolescentes, saben lo que ocurre, si conseguimos que desarrollen la empatía porque saben lo que ocurre, creo que puede disminuir. Pero es que, al mismo tiempo, hemos empoderado a las personas que menstrúan para que no se tengan que avergonzar. El mensaje que mandamos es que no hay nada de lo que avergonzarse. Quien intente usarlo para burlarse, actúa contra las reglas propuestas y esto, a nivel colectivo, es más fácil de abordar que si lo es de forma individual. Pero si se ha dicho en clase, si ya se ha contado qué es, es más fácil de abordar…

Creo que tendría un impacto muy grande y no solo por parte de las personas que no menstrúan, sino de las que sí. Esa necesidad de conciliar el estrés por no ponerte un pantalón blanco, que te has manchado y es un drama… no lo es, vamos a restarle ese nivel de estrés y vergüenza al que hemos accedido todas numerosas veces en la vida.

 

Normalizar un tema no te obliga a hablarlo con tu familia en la comida de navidad, pero posibilita que no se estigmatice a nadie cuando se tenga que hablar

 

Es cusioso (o no) que todas hayáis pasado por eso y nosotros también, y que sea algo tan privado que parece vergonzoso, cuando es un proceso biológico normal…

Cuando hicimos las encuestas y las publicamos en redes sociales supuso una cierta resistencia. Me dijeron de todo en las redes, como que qué manía de normalizarlo todo, que ahora hay que hablar de todo. Pero es que normalizar un tema no te obliga a hablarlo con tu familia en la comida de navidad, pero posibilita que no se estigmatice a nadie cuando se tenga que hablar; posibilita que si en la cena de navidad te has manchado no tengas que hacer salir a todo el mundo para levantarte e ir al baño. No te preocupes que nadie te va a obligar a hablar de esto, pero vamos a bajar el nivel de intensidad. Simplemente es eso.

Me recuerda a cómo comenzábamos y usabas la palabra dignidad…

La carga mental es grande, hablamos de estrés y de vergüenza. Emocionalmente tiene un impacto, real, tangible. Hay que abordarlo.

Hay una cuestión que me ha sorprendido y no. El porcentaje de mujeres más jóvenes que se informan gracias a influencers. Es el mismo que el de quienes se informan en su médico. No sé si debería preocuparnos como sociedad.

Es cierto, es un dato destacable, curioso. Pero es cierto que nuestra relación con los médicos no es continua. ¿Cuándo el médico te va a explicar algo como esto? A no ser que hayas ido por algún problema en concreto, el médico no te va a hablar del tema, a no ser que tú le preguntes. ¿Y cuántas personas conoces que tengan una relación de confianza con su médico? Yo ninguna. No es personal, es que es una alguien con quien no tienes un trato tan habitual.

Sin embargo, los influencers son personas con las que están en contacto, de alguna forma, a diario. Se desarrolla una cierta relación de confianza. Es un peligro, pero esos datos tienen que verse para que reflexionemos: si queremos divulgar y llegar a este público, ¿Qué medios debemos estar mirando? No digo que cojamos a cualquier influencer y lo convirtamos en un gurú de la menstruación. No me refiero a esto. Pero tenemos que entender cómo se consume la información hoy por hoy, que es diferente a cómo la consumía mi generación o generaciones superiores y no podemos ignorarlo. La información veraz y errónea se transmite de la misma forma y eso no lo podemos dejar de lado si de verdad queremos educar.

 

Incorporando la educación sobre la menstruación en el currículo nacional nos aseguramos de que cada personas escolarizada reciba la información mínima y básica

 

Tal vez por eso es importante que esté en el sistema educativo, más allá de confiar en que el youtuber va a tener acceso a una información adecuada…

No digo que la información no sea relevante, lo que digo es que es más fácil regular y legislar la educación formal. Además, lo que hacemos es rebajar la desigualdad. La menstruación no debería ser una fuente más de desigualdad o de discriminación y a día de hoy lo es. Incorporando esto en el currículo nacional nos aseguramos de que cada personas escolarizada reciba la información mínima y básica para navegar la menstruación de la mejor manera posible.

La menstruación es un proceso de muchos años que termina con la menopausia, que abre otro proceso. No sé si la información de la que venimos hablando debería dosificarse a lo largo de la educación obligatoria, para que las personas con 16 años sepan lo que va a ocurrir a lo largo de sus vidas. O generar espacios para que mujeres de 45-50 años tengan acceso a información adecuada.

Creo que debería ser complementarias. La menopausia debería incluirse. Al final es un utilitarista. Vemos la reproducción porque es el momento en el que las hembras de las especies o las mujeres en nuestro caso podemos reproducirnos, pero a nadie le interesa cuando dejamos de poder reproducirnos, aunque tiene un impacto en la salud también y social. Eso debe abordarse como proceso biológico, diría que es indiscutible, pero como ahora todo se discute… no sé… (ríe).

Tal vez deberíamos plantearnos que esta información esté disponible bien por vía médica, trabajo social, grupos de divulgación, un apoyo al que la sociedad tenga acceso. Aunque te digan con 16 años que dentro de 30 tendrás la menopausia, me dará igual, aunque la menos sabre que existe. Y muchas mujeres llegan y no saben o que ocurre. Si hablamos de que hay tabú con la menstruación, imagínate con la menopausia. Eso sí que es algo que considerar. Debe ser algo continuado.

Uno de los problemas del tabú y de no hablar de estas cosas es que no se legisla. Hay un montón de ámbitos que tienen un impacto en la salud de la mujer y que tampoco se están tratando. Hablamos de cosas como la fisioterapia pélvica o el impacto de la nutrición en el ciclo menstrual; incluso el deporte, cómo afecta la menstruación al entrenamiento o cómo el deporte puede ayudar con los dolores menstruales… este tipo de información se deja de lado. Y por supuesto, cómo identificar síntomas que podríamos reconocer como alarmantes o una razón para buscar ayuda profesional.

Me viene a la cabeza el concepto de reglas incapacitantes que, tengo la sensación, para buena parte de la sociedad es un concepto bastante nuevo. Tanto como que parte del debate social señala a la mujer que se queda en casa porque tiene la regla…

Claro, nadie va a querer quedarse en casa todos los meses, no es algo general. A ninguna nos conviene perder días de trabajo. Pero es cierto que hay reglas que son incapacitantes, que realmente no te puedes mover. Pero no quiere decir que todas tus reglas, que todos los meses vayan a ser así. Ni que haya personas a las que les ocurra esto. Pero es cierto.

Si somos capaces de entender que alguien no vaya a trabajar porque tiene una jaqueca o un dolor de espalda incapacitante, porque hablamos de dolores incapacitantes, la fuente de ese dolor no debería ser discriminatorio.

Y hablando de discriminación, entramos en el tema del corte de los productos de higiene menstrual. ¿Deberían ser gratuitos?

Como en todo hay un gradiente. Hay un camino grande entre dar el producto gratuitamente y que tenga un IVA como el del cine, como teníamos hasta hace poco.

Más allá de mi opinión, que no sé hasta qué punto es relevante, podemos hablar de las medidas. El IVA en sí que se aplica a estos productos que se usan por un proceso no electivo (remarca las palabras), un proceso biológico que no elegimos, y que además solo experimenta la mitad de la población, es discriminatorio y, por tanto, no me parece bien.

Pondría como ejemplo el caso de Colombia, donde había un IVA bastante alto en estos productos. Han tenido una lucha muy interesante, con altos y bajos y, al final, han conseguido que se declarara anticonstitucional, ¿cómo? Por considerar anticonstitucional una discriminación al considerarse que se está gravando el hecho de ser mujer, se está taxando un proceso biológico que únicamente padecen las mujeres.

El hecho de dar productos de higiene menstrual gratis creo que no se pretende. No es una medida a largo plazo, para toda la vida, pero que haya productos de higiene menstrual en las escuelas, o en lugares con acceso para las mujeres, independientemente de sus circunstancias personales, me parece adecuado hasta que encontremos un método en el que todo el mundo pueda tener acceso.

 

Pablo Gutiérrez de Álamo

Periodista especializado en educación. Director de El Diario de la Educación. Antes en Periódico Escuela

 

Fuente

https://eldiariodelaeducacion.com/2023/07/10/sara-sanchez-la-menstruacion-no-deberia-ser-una-fuente-mas-de-desigualdad-o-de-discriminacion-y-a-dia-de-hoy-lo-es/

 

lunes, 13 de enero de 2014

Reconocimiento de la diversidad. Las prácticas cotidianas de los docentes



¿En qué consiste la posición “igualitarista”? ¿En que se diferencia “discriminación” de “reconocimiento de la diferencia”? ¿Existe una “discriminación inconciente”? ¿Cuál es la incidencia en las prácticas cotidianas de la desigualdad proveniente del sistema?


Desde que Philip Jackson puso en circulación en 1968 el concepto de currículum oculto, se hizo evidente que la formación que brindan las instituciones educativas es algo bastante diferente de aquello que explícitamente sostienen que pretenden brindar. 

El currículum en acción, entendido como aquel que tiene lugar en las escuelas, es decir: el conjunto de procesos, prácticas, relaciones, rituales y mensajes explícitos e implícitos que allí se producen, circulan, se transmiten y se negocian, siempre es algo diferente de lo que señalan las directivas oficiales. En el caso que nos ocupa, esto puede suponer que las escuelas muestran mayor sensibilidad al contexto que lo que las normativas estatales habilitan pero, también, que en las escuelas se llevan adelante prácticas excluyentes o discriminatorias que, al menos formalmente, las directivas oficiales desalientan.

Un aspecto central respecto de la forma como los docentes se relacionan con la diversidad es la mención recurrente sobre la igualdad entre todos los alumnos. Esta visión igualitarista opera afirmando que afrodescendientes, indígenas o migrantes son iguales a los miembros de la sociedad mayoritaria. Se trata de un supuesto igualitarista que tiene la virtud de combatir los prejuicios racistas pero que, simultáneamente, niega la diferencia respecto del reconocimiento de la especificidad cultural de aquel al que se pretende tratar en términos igualitarios.

Es un punto en el que el debate se ha expresado con intensidad en el mundo académico de los últimos años, especialmente en los países donde existe una importante población afrodescendiente. La “ceguera ante el color”, como la caracterizan algunos autores (Applebaum), es vista con frecuencia como virtud desde una perspectiva igualitarista liberal que sostiene que la raza de una persona es y debe ser irrelevante en las decisiones cotidianas de las instituciones y las personas. Así se sostiene que “la gente es gente” y debe ser respetada como tal. En esta perspectiva, los sujetos “diversos” son tratados como individuos, no como miembros de un grupo.

“Si el alumno es vago, sea argentino, boliviano, chileno o paraguayo, no funciona. Si el alumno no es vago, funciona. Los que podían ser abanderados el año pasado eran todos de origen extranjeros y acá no hacemos diferencia… a algún docente no le gustaba pero … se convenció de que el alumno que tiene la mejor nota… no me fijo si es paraguayo, argentino o boliviano, si tiene la mejor nota puede ser abanderado. Porque en una época sí había resistencia, porque a medida que fue avanzando la escuela, a medida que la escuela fue creciendo, cada vez se fue incrementando más la matrícula de origen extranjero” (Directivo, Villa Celina, Argentina).

En las escuelas, directivos, profesores y a menudo los estudiantes afirman que “somos todos iguales”, asumiendo que esta postura ayudará a tender un puente sobre los límites raciales, al centrarse en lo que nos iguala en lugar de aquello en los que nos diferenciamos. Sin embargo, algunos autores señalan que negarse a ver la “raza” o hablar en términos raciales es una decisión con consecuencias complejas en términos del respeto a la especificidad cultural (Applebaum).

Las estrategias de respeto a la diversidad de las escuelas tienden, por ende, a adoptar una perspectiva relativista que no resulta incompatible con los supuestos igualitaristas que caracterizaron tradicionalmente a los sistemas educativos. Se trata como iguales a quienes se considera iguales de manera individualizada pero esa operación elimina la consideración de la especificidad cultural de esos alumnos, en tanto pertenecientes a un grupo cultural. En las escuelas, la igualdad se conquista a costa del reconocimiento de la diferencia. Se trata de un problema difícil de resolver, ya que mencionar la diferencia no significa, como ha quedado históricamente demostrado, su reconocimiento.

En la escuela argentina que posee una fuerte presencia de inmigrantes, los docentes coincidieron en que los estudiantes de la comunidad boliviana se comportan de manera muy educada y no son conflictivos. Muestran bastante apego al estudio aunque presenten algunas dificultades (un docente ensayó como explicación el hecho de que ese respeto por el estudio y el trabajo es lo que caracteriza siempre a los grupos migrantes). En términos generales, no parecen observarse actitudes críticas de los docentes en relación con el comportamiento de los adolescentes y jóvenes bolivianos como alumnos. También destacaron el carácter “trabajador” de los padres y de los estudiantes mismos. Todas las virtudes señaladas funcionan culturalmente en ese registro igualitarista.

Por el contrario, las “notas de color”, las referencias a la especificidad cultural se cargan de matices ambiguos. Una de las docentes señaló como llamativo la forma como las familias viven “afuera de la casa”, señalando que a veces no queda claro si cocinan para ellos o para afuera, por la cantidad de casas en las que se cocina algo en la vereda. Otra docente -expresando entre líneas un juicio negativo- explicó que en parte eso se debe a que se trata da casas muy chicas y que parece generalizado el alquiler de cuartos. Una auxiliar de la escuela destacó como “único problema” el de la higiene. En cambio, “En las chicas que son hijas de una pareja formada por ejemplo por un boliviano y una argentina...” se observan otras pautas de higiene, sostuvo otra profesora. Mediante estos ejemplos, la asimilación cultural continúa definiendo la estructura de principios y valores que dan sentido a la actividad de los docentes en las escuelas argentinas.
En este contexto, las escuelas parecen más dispuestas a reconocer las particularidades culturales de los indígenas -parcialmente legitimadas por las narraciones sobre los orígenes- que las de los otros grupos en cuestión. Afrodescendientes y migrantes acceden por lo general solo al reconocimiento de la igualdad entre los hombres. En el caso de los afrodescendientes, porque el reconocimiento de la raza alienta los temores a las etiquetas racistas, y en el caso de los migrantes bolivianos del Gran Buenos Aires, porque la cultura de origen se valora fuera de la escuela pero dentro de esta solo se incorpora de manera ocasional.

Por otro lado, el reconocimiento de la diferencia opera en las prácticas escolares sobre la base de una tensión, ya que aunque se proponga un reconocimiento activo de las pautas culturales de los grupos diversos, se espera de ellos comportamientos asociados con costumbres características de las sociedades mayoritarias.

“(…) Mientras todavía estemos activos, tenemos que impulsar mayormente a los alumnos al reconocimiento de sus valores, sus derechos, hacerlos respetar y sacar una promoción como lo tengo soñado. (…) La inclusión es un proceso muy largo aunque ya son generaciones nuevas que se están acercando más a la población y ya se puede hacer más fácil para que los alumnos se integren más a la sociedad y que ya no sean esos chicos tímidos que se tenían” (Directivo, Luricocha, Perú).

La exigencia del dominio de aquello que Basil Bernstein denominaba “códigos elaborados” (Bernstein) o de un “capital cultural específico” (Bourdieu y Saint Martin) para desempeñarse en los entornos escolares es un elemento constitutivo de los sistemas educativos modernos, que choca con las pautas culturales de los grupos a los que se pretende incluir. Estos “códigos elaborados”, ese “capital cultural”, son propios de ciertas clases sociales que pertenecen a la población mayoritaria. El tipo de desempeño que las escuelas exigen, explícita o implícitamente opera desde esa lógica: las conductas que son caracterizadas como “tímidas”, por ejemplo, son leídas como un déficit. Una “buena educación” logra comportamientos diferentes en “esos chicos” y promueve una modalidad de integración que asimila sus formas de interacción a las de los adolescentes y jóvenes del grupo mayoritario (o dominante).

Por otro lado, los docentes en su trabajo cotidiano toman decisiones que pueden, consciente o inconscientemente, discriminar a algunos estudiantes. Los mensajes acerca de lo que es socialmente aceptable, las reglas para la organización social del aula y el comportamiento en clase, los esquemas de premios y castigos, entre otros, favorecen la adopción de ciertas conductas y cuestionan conductas alternativas. Como agentes morales, los docentes (Rockwell) transmiten, directa o indirectamente, mensajes que refuerzan aquello que es apropiado desde la cultura escolar. En tanto funcionarios del Estado, deben asegurar además el desarrollo de pautas curriculares oficiales que son las que insumen la mayor parte del tiempo docente y son evaluadas por sistemas que operan seleccionado y jerarquizando ciertos saberes sobre otros.

“El modelo educacional es muy poco flexible, porque lo que nosotros requerimos es instalar destrezas y habilidades que son difíciles de medir. Los sistemas de medición que traen del centro son estandarizadotes, o sea, tienden a nivelar la educación. En un sentido (y…) los niños de acá aprenden de forma diferente, ven la vida de forma diferente, se relacionan con el entorno de manera diferente y sus familias perciben la vida desde generaciones atrás de manera diferente a lo que hace una persona de Santiago, Valparaíso, Iquique o Arica. Uno como profesor tiene que responder a niveles de rendición definidos de manera centralizada pero acá dentro tiene… jugar a hacer una educación focalizada, entonces ahí está la disyuntiva: ¿le ponemos más énfasis a las mediciones que nos mandan desde el centro o realmente a sacar las herramientas y apoyar las destrezas de los alumnos de la localidad?” (Docente, Putre, Chile).

Así, las prácticas institucionales operan reafirmando algunos de los elementos centrales de las tradiciones escolares que formatean los límites del reconocimiento de las culturales locales. En este sentido, resulta necesario tener presente que la injusticia social es sistémica y que está sostenida por los individuos tanto en forma involuntaria como, en otras ocasiones, por prácticas voluntarias. Hacer evidente la desigualdad estructural requiere poner en foco en las intenciones individuales agregadas o, por decirlo de otra manera, en los patrones sistémicos (Applebaum), que se naturalizan y hacen invisibles, las formas como las pautas culturales de algunos grupos sociales se imponen sobre las de otros.

 “(…) lo que falta en Chile es una educación multicultural, porque Chile es una faja larga donde tiene muchas culturas alrededor y tiene que enfocarse multiculturalmente pero ahí hay un error de enfoque, porque el centro debería ser ejemplo, si quiere entender cómo estudiar aimara debería aimarizarse para poder entenderlo. Por el contrario, nosotros occidentalizamos al niño para que sea entendido por el centro… Si nosotros queremos una educación de calidad y que sea igual para todos primero tenemos que empezar por la multiculturalidad, tenemos que reconocer que no somos iguales, somos todos diferentes y cada uno aprende de diferentes formas. (…) Nosotros acá localmente celebramos todo lo que tiene que ver con la cultura local, a los niños los incluimos, lo hacemos sentir parte de esta familia, pero cuando bajan a la ciudad…” (Docente, Putre, Chile).

“(…) lamentablemente con estos temas de globalización, el MERCOSUR y los tratados habidos y por haber, a veces se nos va a hacer imposible nadar contra la corriente… porque lamentablemente el mundo sigue y nosotros tenemos que fusionar lo que es todos los días vivir con la premonición andina, los valores de la cultura aimara, recordando que estamos insertos en una sociedad que cambia diariamente y que ellos lamentablemente forman parte de ese entorno y no van a dejar de pertenecer, entonces es allí donde el colegio hace la mezcla o la fusión que podamos hacer. (Tenemos) la esperanza de que se conserve, porque espero que los colegas también lo compartan, nosotros tenemos niños muy sanos, con una visión diferente de muchas situaciones, pero lamentablemente e, insisto, este tren siga su viaje y nosotros estamos ahí” (Docente, Putre, Chile).

Estudios realizados en escuelas de EIB revelan que los niños ingresan hablando la lengua indígena y también el castellano pero son pocas las escuelas en las que sus profesores logran mantener el bilingüismo y, en casi todas, la educación se imparte en castellano. Además, existen variadas formas de entender qué es la EIB y, más aún, existen distintas maneras de priorizar o tomar decisiones en torno a las formas de implementarla. Así, la mayor parte de los establecimientos no realiza las adecuaciones curriculares necesarias. Por último, más de un tercio de los docentes opina que la comunidad educativa posee un escaso protagonismo en las actividades de las escuelas; lo que contrasta con la idea de que las estrategias propuestas para el mejoramiento de los aprendizajes solo son viables si las familias, las comunidades y las autoridades indígenas se involucran en los procesos de enseñanza y aprendizaje que se desarrollan en el aula.



Extraído de
El Estado, la escuela y el reconocimiento de la diversidad
Daniel Galarza
En Equidad educativa y diversidad cultural en América Latina / Néstor López ... [et.al.]
coordinado por Néstor López.
Ciudad Autónoma de Buenos Aires :
Instituto Internacional de Planeamiento de la Educación IIPE-Unesco, 2012.

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