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martes, 2 de octubre de 2012

Los facilitadores un nuevo Modelo Educativo.


La web2.0, que permite la interacción entre personas, es una herramienta más a la hora de repensar el modelo educativo ¿Seguiremos con la educación “bancaria”? ¿Qué aportes se pueden hacer, para construir una sociedad mejor?





En el marco un modelo educativo participativo y emancipador, se pierde la clásica frontera entre profesores y estudiantes, en donde unos se limitan a ser simples emisores y otros receptores de conocimientos, para convertirse ambos en dinamizadores de un proceso de desalineación, que progresivamente los convierta en sujetos de cambio de sus realidades políticas y sociales.



En la clásica educación bancaria se establece la ignorancia del educando. En ese modelo educativo vertical se obstaculiza la auténtica comunicación entre los hombres. En el modelo educativo emancipador se requiere de un pedagogo que haga el esfuerzo por colocarse en el lugar del otro, por escuchar con suma atención al otro, y considerar que el otro enseña y aporta conocimiento. Esto supone, como lo señala Freire, la eliminación de las barreras que impiden la comunicación con el otro y ser humilde.



Así, el nuevo modelo replantea el papel del educador y su práctica pedagógica, tal que la relación maestro-alumno sea no asimétrica, llena de dialogo, donde todos aprenden de todos y, fundamentalmente, de aquello que se realiza de manera conjunta. Así, se debe superar la contradicción educador-educando, basado en una concepción integradora, de manera que ambos sean a la vez "educadores y educandos" en un proceso dialéctico. Es imprescindible que ese nuevo pedagogo tenga una profunda fe en el hombre, en su poder creador y transformador de su realidad, convirtiéndose en un compañero del aprendiz. De esta manera, como lo señalan Giroux, Mclaren, P. y específicamente Freire, la educación "... ya no puede ser el acto de depositar, de narrar, de transferir conocimientos y valores a los educandos”, como lo hace la educación bancaria, y los alumnos no son dóciles receptores, sino personas activas, investigadores críticos, siempre en diálogo con el educador, quien a su vez también es un investigador crítico. Es así como ambos se transforman en sujetos de cambio en un proceso de crecimiento mutuo.



Todo lo cual supone basar las interrelaciones maestro-alumno en la honestidad, en el reconocimiento del otro, y conjugar la consecución de objetivos con el cuidado de la autoestima y la de los demás. Estas interrelaciones se caracterizan por la eliminación de ideas, atribuciones o sesgos perceptivos sobre el otro, de interpretaciones sobre el pensamiento ajeno (modos erróneos de percibir, valorar, o enjuiciar al otro). Este tipo de interacción se aprende y mejora en el tiempo, y conduce a formas de relaciones horizontales nuevas, entendidas como una suerte de receptividad y apertura al otro.



El nuevo educador que trabaja con situaciones y personas en proceso de emancipación, debe posibilitar situaciones que faciliten el surgimiento del yo. Su recurso fundamental es la convivencia social, y algunas de sus tareas esenciales son formar para la lectura de la realidad, generar espacios de reflexión en el que todos estén incluidos, fortalecer las redes sociales de base, desarrollar el espíritu crítico del individuo, promover los valores de solidaridad, cooperación y ayuda mutua. Ese nuevo educador debe reconocer las diferentes formas de organización social, política y cultural, respetar la vida y los saberes cotidianos, y aportar a la transformación de su sociedad, desde la reflexión.



Desde esta perspectiva, se plantea una educación que forme a un hombre no alienado, a un sujeto con dominio de su vida. Estamos hablando de una educación como práctica de la libertad, por lo cual se requiere un modelo pedagógico en el que los seres humanos recuperen su dignidad de participantes en el hacer y rehacer de su propia cultura, como lo expone.



En ese sentido, hay que prestar un especial cuidado a las escuelas. Ellas han sido un espacio donde normalmente se aprende a ser vertical, a través de una educación en la que, consciente o inconscientemente, se nos forma mediante mecanismos autoritarios de castigos y recompensas, utilizadas como armas para acabar, si es preciso, con la personalidad del educando. Ese modo vertical de la educación ha sido descrito en Galeano y Trilla. Ese modo establece una competencia obligatoria a través de un sistema de notas y de puntos. Así, en ella no hay precisamente un clima de progreso y emancipación, el educando padece la opresión de vivir enajenado en función de lo que otros han decidido por él, experimentando la vivencia de un saber detenido y aislado del curso naturalmente dinámico de su realidad y de su historia. Por causa de esa des- educación, llega a constituirse como algo natural, una relación con los demás seres humanos dentro de formas autoritarias y verticales.







Extraído de
CONOCIMIENTO LIBRE Y EDUCACIÓN EMANCIPADORA
Jose L. Aguilar C.
UNIVERSIDAD DE LOS ANDES
CONOCIMIENTO LIBRE Y EDUCACIÓN EMANCIPADORA
BARQUISIMETO – EDO. LARA – VENEZUELA
Volumen 15 Nº 1
Enero-Abril 2011




lunes, 23 de febrero de 2009

¿Qué debe aprender un docente en el S. XXI?

Seymour Sarason en su obra seminal "El predecible fracaso de la reforma educativa", argumenta que las reformas –en el mejor de los casos – suelen poner en énfasis en cómo propiciar a los estudiantes un entorno estimulante de aprendizaje, pero olvidan sistemáticamente el desarrollo personal y profesional de los docentes. De ahí que, un fracaso acumulado de las reformas sea su incapacidad para contribuir a la creación de instituciones en las que todos sus integrantes crezcan, aprendan y mejoren. Pero ¿cuáles son los aprendizajes que necesitan los docentes para afrontar el reto de educar a los jóvenes en el siglo XXI? Sin pretender ser exhaustiva, y al partir de distintos estudios (Stoll, Fink y Earl, 2004; Darling-Hammond y Skyes, 1998), los sintetizo como sigue:

Comprender el aprendizaje. Hay una enorme cantidad de conocimiento nuevo sobre el aprendizaje y queda mucho más por descubrir. El aprendizaje y sus procesos –incluyendo los propios– requiere una atención primordial tanto por parte de los docentes como de sus formadores y de quienes diseñan y ponen en práctica las políticas educativas.

Conocimiento de contenidos. Los docentes necesitan entender la materia que enseñan de forma muy diferente a como la aprendieron cuando eran estudiantes. Como todo el mundo, necesitan poder estar al día de la creciente base de conocimientos disponibles y han de actualizar sus propios mapas mentales organizativos. Independientemente de lo incluido en el currículum, cada día nos enfrentamos a nuevo conocimiento, parte del cual hace que el antiguo quede obsoleto. En concreto, los docentes necesitan un conocimiento profundo, detallado y situado en su disciplina que la ponga en relación con otros ámbitos del saber, los problemas emergentes y su potencial para fomentar en el alumnado procesos profundos de comprensión del mundo físico, tecnológico, social y cultural en el que vive.

Comprensión pedagógica, que le permita relacionar el conocimiento sobre el aprendizaje con el de los contenidos para desarrollar una enseñanza que favorezca el aprendizaje del alumnado. Los docentes experimentados no sólo tienen un profundo conocimiento didáctico, también pueden aplicar lo que saben sobre cómo la diversidad del alumnado (bagaje personal, experiencia cultural, edad del niño y el adolescente, estilos cognitivos) influyen en su aprendizaje y comprender cómo todo ello interactúa en el centro y en su propia clase.

Comprensión emocional. Aprender es algo emocional. Los docentes necesitan aprender a leer sus propias respuestas emocionales y las de quienes les rodean, y a crear compromisos y lazos afectivos con y entre sus compañeros y los alumnos. La comprensión emocional exige que los docentes sean sensibles a las diversas culturas de los estudiantes y que estén dispuestos a implicar a sus familias y comunidades en la tarea de llevar el aprendizaje a niveles más altos. Esta perspectiva implica comprender lo que les gusta a los estudiantes, lo que les apasiona o interesa y los problemas que encuentran en determinados aprendizajes.

Los fundamentos del cambio. Los docentes necesitan saber lo que puede llegar de arriba: los futuros probables. Es importante que los comprendan para que puedan ayudar a sus alumnos a prepararse y responder a determinados cambios y para un futuro en que necesitarán ser flexibles y adaptables, sin dejar de detentar su propio criterio crítico. Es igualmente importante que comprendan el proceso de cambio, que es extremadamente complejo y que puede estar cargado de dificultades. Comprender y gestionar el cambio significa aprender a manejar la incertidumbre, las relaciones y el conflicto.

Nuevo profesionalismo. En el mundo actual, el aprendizaje en el aula está influido de forma esencial por lo que ocurre dentro y más allá de la escuela. Tanto la enseñanza como el aprendizaje dependen del apoyo y las aportaciones de una amplia gama de personas e instituciones. Saberse mediador y facilitar en relación con otros, es una cualidad que exige en la actualidad no sólo ser docente, sino poder intervenir en diferentes profesiones.

Reflexión sobre el aprendizaje. Los docentes necesitan comprender su propio proceso de aprendizaje e interiorizarlo como un hábito mental. Esto no sólo significa mostrar a los alumnos que ellos también son aprendices, sino tener la voluntad de implicarse con profundidad en el estudio de su propio aprendizaje; lo que lo motiva e influye, lo que lo dificulta, y cómo se siente ante las dificultades. Pero sobre todo implica predisposición para desarrollar la capacidad de reflexión crítica sobre su práctica docente como vía fundamental para transformarla y mejorarla y para comunicar e intercambiar sus experiencias, conocimientos y habilidades con otros educadores.

El gran problema consiste en dónde y cuándo va a poder practicar y desarrollar el profesorado este conjunto de aprendizajes, porque una mirada a los planes de formación inicial y permanente y a sus condiciones de trabajo nos indica lo sólo tienen un profundo conocimiento didáctico, también pueden aplicar lo que saben sobre cómo la diversidad del alumnado (bagaje personal, experiencia cultural, edad del niño y el adolescente, estilos cognitivos) influyen en su aprendizaje y comprender cómo todo ello interactúa en el centro y en su propia clase.



Extraído de
Re2006.pdf
Número extraordinario PISA
http://www.revistaeducacion.mec.es/
Aprender a los 15 años: factores que influyen en este proceso
Juana Mª Sancho Gil
Universidad de Barcelona
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