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domingo, 21 de abril de 2013

La construcción de autoridad en la escuela: fisuras y dificultades a superar

Muchos son los problemas que surgen de la convivencia en la escuela, se cayó la disciplina tradicional ¿Se la reemplazó adecuadamente? ¿Hay peligro de anomia? ¿Qué significa "autoridad"? ¿Hay crisis de autoridad? ¿Cómo pensar el tema?



En la actualidad, muchos sectores de la sociedad consideran que la escuela no está cumpliendo satisfactoriamente la función de formar a las futuras generaciones en las capacidades que requiere el desempeño ciudadano. Al mismo tiempo, existe una significativa falta de consenso acerca de cuáles son o deben ser dichas capacidades. La consecuencia más evidente es que no solo la escuela parece lograr poca adhesión a las normas sociales vigentes, sino que su propio sistema interno de normas está cuestionado, tanto en su legalidad como en su eficacia; la adscripción subjetiva a esa legalidad parece cada día un hecho más difícil de lograr.



Esta circunstancia produce en los docentes un intenso desgaste, ya que se sienten desbordados por las situaciones, en particular en lo que a la normativa se refiere. Muchos autores están de acuerdo en que el desmoronamiento de la disciplina tradicional no encontró en la escuela la posibilidad de recrear mayores grados de libertad, sino que, por el contrario, dio lugar en muchos casos a la anomia, al desdibujamiento de las fronteras entre lo permitido y lo prohibido, y del riesgo de la escuela represora pasamos hoy al riesgo de construir “una escuela de la impunidad”.



Del mismo modo, Dussel destaca que es difícil hoy colocarse en el lugar de fijar la norma, de “decir la ley”, por la crisis de autoridad que afecta a las instituciones, a los adultos y la sociedad contemporánea en general. Las normas, para ser cumplidas, exigen autoridad, tanto de la persona encargada de velar por su ejercicio como del reconocimiento de ese rol por parte de quienes deben cumplirla. La crisis de autoridad alcanza hoy a estos dos aspectos, pues muchas veces la persona que ocupa un cargo de autoridad, con ingerencia para hacer aplicar la norma, no se asume como tal, porque no puede sostener el desgaste que suele acarrear esta responsabilidad frente a la ruptura de las redes simbólicas que la sostenían y la hacían posible. A veces es más fácil obviar la responsabilidad -a pesar del malestar que pueda producir-, que asumirla en forma individual. Tanto un caso como el otro nos muestran que el vínculo con la ley está dañado y que resulta particularmente difícil hoy construir lazos de sujeción, como es el hecho de la interiorización de las normas, cuando su significación y sentido fueron diluidos en la liquidez de la cultura individualista actual.



Nos parece importante aquí insistir en la particular situación del docente en lo relativo a las posiciones frente a la autoridad. Las condiciones históricas actuales hacen particularmente difícil situarse en el punto justo, equidistante tanto del autoritarismo como de la ausencia de autoridad. Kojève planteaba que esta debe comprenderse como el proceso mediante el cual quien la representa, logra cambiar la conducta del otro. Resaltaba, además, que solo se tiene autoridad sobre quien puede reaccionar, sobre quien puede negarse a cambiar. De igual forma, sostenía que la autoridad es un fenómeno social, no individual.



La autoridad es, pues, necesariamente una relación entre agente y paciente: es, entonces, un fenómeno esencialmente social (y no individual); es preciso que existan dos, por lo menos para que haya autoridad.



Y esto es lo que sucedía en las “escuelas de ayer”. En cambio, en las “escuelas de hoy”, sobre todo en las de nivel medio, muchas de las situaciones cotidianas ponen de manifiesto que cambió el consenso social que otorgaba al docente esta autoridad de manera incuestionable. Por el contrario, nos encontramos a menudo con que su lugar como autoridad con legitimidad se ve sometido a un constante ejercicio de legitimación. El desafío de establecer un vínculo asimétrico, que pueda dar lugar a la instalación de la relación pedagógica al mismo tiempo que a la libertad del otro, no es una cuestión de fácil resolución.



Retomando la lectura realizada por Dussel de los reglamentos de convivencia en Argentina, uno de los aspectos que resalta es que estos se ocupan de las responsabilidades que tienen los estudiantes y muy pocos utilizan el lenguaje de los derechos más vinculados con los discursos de la ciudadanía. Señala, además, que muy pocos mencionan algún tipo de responsabilidad por parte de los adultos, pues se supone que los estatutos disciplinarios tienen la función de controlar el comportamiento de los estudiantes. Dussel asocia esta falta de inclusión del adulto con algunas características propias de las culturas políticas latinoamericanas, notablemente la argentina, para la cual la ley es asunto de débiles, de no poderosos, porque quienes pueden y tienen poder, la sortean mediante conexiones o sobornos. Trae a colación la frase de Getúlio Vargas: “Para mis amigos, todo; para mis enemigos, la ley”, que Guillermo O’Donnell presenta en su estudio sobre la debilidad de la ley en la región. La frase refuerza la idea de que solo los débiles son objeto de regulación normativa. Trasladada la situación al ámbito escolar, se la puede asociar con que las normas son solo para los alumnos, con el descuido para explicitar un marco político legal y con la imposibilidad de recrear un debate para generar acuerdos, entre otros muchos aspectos. A pesar de ello, sin duda alguna, en este tema la escuela tiene mucho por hacer: se podría pensar casi como una cuestión contracultural de instalación de una cultura, en la que la ley sea respetada por todos, por los adultos y por los jóvenes; una escuela que haga posible vivenciar en el día a día escolar que las normas rigen tanto para unos como para otros.



La autora destaca que, en general, los reglamentos combinan viejos y nuevos temas con estrategias que producen formas híbridas. Por un lado, están formulados en términos de responsabilidades y consenso, y enfatizan la flexibilidad, el diálogo y la resolución de problemas como estrategias necesarias para aprender a vivir juntos; por otro, los reglamentos consideran a los adolescentes como menores incapaces de autogobierno y ponen el acento en la idea de responsabilidad, que se parece demasiado a la vieja idea de obediencia de antiguos reglamentos. A la par, considera la dificultad de las escuelas en generar formas de organización más democráticas, que contengan el conflicto, el disenso y la discusión como elementos centrales; resalta también la poca participación que ofrece la institución a los estudiantes en la elaboración de las normas, reglamentos y disposiciones que la ordenan. Esto tiene mucho que ver con la relación que se pueda establecer en su interior, para constituir una auténtica comunidad académica que escape de un discurso basado en posiciones normativas y acordar criterios democráticos y participativos para constituirse en un lugar donde sea posible aprender a convivir con el diferente.









Extraído de
El desafío de la convivencia escolar: apostar por la escuela
Alicia Tallone
En
EDUCACIÓN, VALORES Y CIUDADANÍA
Bernardo Toro y Alicia Tallone
Coordinadores

 

sábado, 10 de abril de 2010

Métodos de construcción de creencias

Los docentes toman diversas decisiones en los espacios formativos. En este apartado se procurará avanzar sobre los criterios a los que se apela para determinar qué contenidos resultan válidos y otros no. Al respecto resulta fructífero el aporte realizado por Charles Pierce acerca de los métodos que tienen por objetivo respaldar las afirmaciones. Diferencia duda, de creencia, siendo la primera la que genera la investigación ya que "cuando la duda descansa, la investigación debe detenerse". Es a través de la indagación de las creencias que se puede tratar de transitar por un camino que evite "la fijación de la creencia que se adhiere obstinadamente a la propia creencia de uno mismo, tiende solamente a fijar aquellas opiniones que cada hombre ya sostiene." Se trata, entonces, de revisar qué métodos priman cuando se toman decisiones.

Charles Pierce sistematiza en cuatro los métodos a los que se recurre cuando se pretende afirmar la validez de las afirmaciones: tenacidad, autoridad, intuición y ciencia.



El método de tenacidad está referido a un procedimiento por el cual el individuo se aparta de todo aquello que pueda conducirlo a un cambio de opinión. Este método resulta admirable por su fuerza, simplicidad y franqueza.


En el segundo método, al que Pierce le adjudica superioridad moral y mental con relación al primero, es aquel en que se recurre a las autoridades (religiosas, tribales, eruditas y expertas) para sostener sus creencias. Hay que mantener una prudente confianza en las conclusiones establecidas aunque existe el problema de diferenciar quién es realmente una autoridad de quien no lo es y cuál es su grado de pericia (Noah y Eckestein , 1969).


El tercer método es el de las verdades evidentes por sí mismas. Resulta necesario estar alertas ante los sesgos que provienen de, por ejemplo, caracterizar a lo que queremos analizar con aquellos atributos que previamente se les asigna porque sólo se hallará, al fin de nuestra investigación aquello que fue colocado en un principio. Para evitar caer en interpretaciones erróneas resulta necesario –sostienen Noah y Eckestein- que las formulaciones intuitivas se convaliden empíricamente.


Finalmente el método de investigación científica es aquel que reduce las posibilidades de distorsión, aumenta la de validez de los datos y permite el examen público de las conclusiones. Es sobre esta base desde la cual debería abordarse la educación.


Conocer estos métodos podría contribuir a preguntarse ¿qué método predomina a la hora de tomar decisiones? ¿En base a qué criterios optamos por una u otra fuente, por una u otra clasificación?


 


Extraído de

Planificar, enseñar, aprender y evaluar por competencias

2010 © by Marta Tenutto, Cristina Brutti, Sonia Algarañá

El texto completo puede hallarse en:

http://www.scribd.com/doc/26819779


 

miércoles, 23 de diciembre de 2009

Autoridad

Conocemos el daño que provoca el autoritarismo. Se «obedece» por miedo a la represalia, al castigo y se acumula impotencia y odio. También sabemos que el abandono, la incertidumbre, el desamparo producen graves inseguridades en la conformación de la personalidad.

Tanto la inseguridad que provoca la amenaza y el castigo, como la inseguridad que se siente ante el abandono, son consecuencias de la falta de autoridad.


Pensemos, estimado lector, en la cantidad de chicos en peligro que nos rodean; estos chicos son los que, en poco tiempo, se transforman en «chicos peligrosos».


Son niños que carecen de la protección que proporciona la autoridad paterna. Luego, en forma alarmante, los adultos piden que la autoridad (jurídica, policial) haga algo. El pedido apunta a encerrar a esos niños que se volvieron peligrosos, o a matarlos porque «ya están perdidos». Estoy diciendo inseguridad como producto de la falta de autoridad.


Cuando crecemos sabiendo lo que está bien y lo que está mal, la seguridad en nuestros actos se va afianzando porque los adultos nos «demuestran» que es bueno ser bueno; y que los malos ocasionan daños a los demás.


La mayoría de nosotros fuimos educados bajo estos principios, algunos con padres coherentes y otros con padres contradictorios. La coherencia o la contradicción, la fuimos descubriendo a medida que nos volvíamos adultos y comprendíamos la historia de nuestros mayores.


Pero lo que está bien y lo que está mal fue cambiando. Los valores se fueron devaluando. El valor de la vida se fue devaluando. La hipocresía se fue valorizando.
Los niños que se vuelven «peligrosos» no son solo chicos pobres. Los padres que tienen buena posición económica, también tienen «chicos peligrosos».


La falta de autoridad paterna, la violencia y el desamparo, se padecen en familias de distinta condición económica. Cuando la inseguridad (y no me refiero a la inseguridad ante los ladrones o asesinos) se instala durante la formación de la personalidad en un niño, tiene consecuencias de riesgo en su futuro. Riesgo para sí mismo y para «terceros», como dicen los peritos.


La verdadera autoridad se gana por mérito propio. Es ejercida cuando el Otro la reconoce. Se puede tener poder y no tener autoridad. Los argentinos tenemos dificultad en diferenciar autoridad de autoritarismo. Vea lector, como la historia siempre nos marca; en este caso la historia de nuestro país.


La Declaración de los Derechos del Niño, nos enseña a avanzar en la comprensión de nuestros chicos, no nos quita los derechos de los adultos. Respetar a un niño es conocer sus necesidades y entonces saber qué hacer con nuestra responsabilidad de adultos para con ellos. Ser responsables es poder dar respuesta.


Poner límites calma y protege (aunque el limitado se enoje), cuando decimos ¡Basta! se termina algo. El límite es mucho más que un «no». La aplicación de una sanción no alcanza si no va acompañada de una reflexión que le permita al niño o al joven expresarse, elaborar (aprender) y comprometerse con un comportamiento diferente.
El compromiso en el cambio de comportamiento, otorga seguridad. Y cuando nos sentimos seguros no tenemos ganas de transgredir, competir o agredir. La seguridad que se adquiere ante una eficaz puesta de límites, eleva la autoestima porque nos sentimos tenidos en cuenta, sentimos que tienen confianza en nuestra capacidad de cambiar.
Ser «discípulo» (viene de disciplina) es mucho más que ser un buen alumno, es seguir la opinión, la enseñanza de nuestro maestro o padre. Es ejercer con placer lo aprendido. Placer de identificarnos con el maestro.


Para recuperar la autoridad es importante recuperar la confianza y el amor por la tarea de educar, tanto en casa como en las instituciones. Tarea muy difícil en nuestros tiempos pero placentera cuando el lazo entre educador y educando se establece en un sincero compromiso afectivo.


 

http://www.elchubut.com.ar/

04/10/2009   Por la licenciada Irene Sofía Rojek

Contribuciones a la Educación -20-

miércoles, 2 de diciembre de 2009

Inmediatez

Es muy probable que un docente con responsabilidades en el aula haya observado el problema de la "Inmediatez", ya que es un obstáculo que afecta firmemente a los aprendizajes. Cada vez cuesta más dar una respuesta a ¿Y esto para qué sirve? Ya que los beneficios son a largo plazo. Publico a continuación un artículo de la licenciada Irene Sofía Rojek, que aborda el tema con claridad.

Sigamos charlando lector con la finalidad de reducir los daños que provoca nuestra manera de vivir. Tenemos que fortalecer la Escuela y a toda la gente que trabaja allí. La Escuela es el LUGAR (con mayúsculas) donde los chicos muestran lo que les pasa.


Los chicos sufren y los grandes estamos llenos de incertidumbre y de miedos. Nos estamos volviendo paranoicos. La paranoia es un estado de locura, de desorden del espíritu. Es una enfermedad que se caracteriza por sufrir delirios de persecución (delirar = desvariar).



¿Cómo rescatamos valores para disminuir los daños en nuestras vidas?.... Construyendo lazos sociales sólidos. Esta construcción implica que la persona, hombre, mujer, chico o grande, significa «algo para alguien». Lo subjetivo y lo social se construyen juntos.

Avancemos con el tema inhibición.

Creo que estará de acuerdo, estimado lector, que la «Inmediatez» se instaló entre nosotros. Todo debe ser ya. El que no se apura pierde. El que tarda es un retardado. Para «pertenecer» hay que apurarse, hay que subirse rápido porque nos dejan abajo. Para ser (ser humano) hay que tener. Y para tener hay que consumir. Entonces corremos hacia lo que nos ordenan, seducen, manipulan y convencen que debemos tener. Es probable, que si pudiésemos detenernos a pensar un poco en lo que necesitamos, muchos de los bienes materiales que nos matamos por conseguir, no son necesarios.

La cuestión es «avivarnos» (lo opuesto a matarnos) y pensar si valen la pena los costos que pagamos para satisfacer las necesidades que nos inventaron. Darnos cuenta que el consumir nos consume. Entonces, esta inmediatez inhibe. Cuando nos apuran nos inhibimos. Necesitamos tiempo para procesar necesidades, para elegir, para dar respuestas, para tomar decisiones.


Uno de los valores importantes que quedó inhibido es la AUTORIDAD. Los padres y los docentes se fueron inhibiendo ante las demandas y transgresiones de sus hijos y alumnos. Otra causa de la perversa inmediatez a la que estamos sometidos, es el uso de la medicación. Todo se medica. La medicación inhibe.


Los chicos que no atienden, los inquietos, los asustados, los que participan con preguntas que los adultos no se bancan responder. Las crisis vitales por las que los adultos transitamos, duelos por diferentes cambios, alguna sintomatología orgánica que está avisando que algo hay que cambiar en el ritmo de vida, todo... se medica todo.
No se resuelve la problemática, se la tapa con medicación para adaptarnos a lo que se nos impone.

Las personas no se deprimen de la misma manera, cada uno tiene una historia diferente, pero la droga es la misma para todos. Los alcoholistas dicen que toman para deshinibirse. – "¡Cómo me la levanté!"  - "¿Estabas en pedo?". "Borracho mal, no!...alegre nomás" ¿Qué tiene inhibido? ¿El miedo a encarar?...¿La alegría?...¿Cómo es estar borracho bien?..
-»Che! Encarala sobrio» -"¡Ni loco!"

Este ejemplo de diálogo se repite a montones con los chicos bebedores. Les cuesta mucho darse cuenta (tomar consciencia) que tienen miedo, inseguridad, vergüenza.
Los sentimientos normales de inhibición ante situaciones desconocidas, como son los primeros abordajes en la sexualidad adolescente son vividos como enfermedad y la enfermedad del alcoholismo es vivida como normalidad.


En la inmediatez del encuentro, hay que medicarse rápidamente y el alcohol es lo que más se tiene a mano. Los lazos sociales son tan débiles que ya el grupo de pares, la barrita de amigos, no es contenedora. Todavía sirve para acompañarse, pero no alcanza.
No importa que duela (dicen los que se cortan o tatúan), no importa la resaca, no importa cuando alguna consigna familiar o escolar es transgredida, no importa.
Y los adultos que inhibieron su autoridad, tampoco tienen consciencia de que la autoridad contiene, la autoridad protege.


 


http://www.elchubut.com.ar/despliegue-noticias.php?idnoticia=9211

Por la licenciada Irene Sofía Rojek

Contribuciones a la Educación -19-

27/09/2009  

lunes, 2 de febrero de 2009

El reto es hacer la Educación colectiva e individual a la vez

Georges Haddad. Director de la División de Educación Superior de la Unesco
Por Lola García-Ajofrín (lolagarcia@magisnet.com)
Sin una buena formación del profesorado, elevar la calidad de la Educación se convierte en misión casi imposible. Para conocer el papel que juegan las Universidades en este campo y cómo deben adaptarse los docentes a lo nuevos tiempos educativos, estuvimos con el máximo cargo en este área, Georges Hadad, director de Educación Superior de la Unesco. Haddad, quien hasta 1994 fue presidente de la prestigiosa Universidad de la Sorbona, y que cuenta con una larga carrera como profesor, ve indispensable para mejorar la individualización de la enseñanza. Los alumnos de hoy son muy distintos a los de hace años,

¿Cómo debe formarse a los profesores para que se adapten a esta nueva situación?
Éste es el principal reto de hoy, porque ya no tenemos la misma escuela que hace 30 ó 40 años. La diversidad de la población en las clases, especialmente en los países desarrollados, tanto en Europa como en Estados Unidos exige la capacidad de enseñar a diferentes culturas llegadas de la inmigración. Y es un reto fundamental cualificar a los profesores para que se adapten a esta nueva circunstancia. Pero para eso necesitan comprender la diversidad de identidades de sus alumnos y crear vínculos entre cada una de ellas y también con los padres. El colegio no debería ser sólo un elevador social para los estudiantes, sino también un vínculo entre la sociedad y las familias llegadas de la inmigración. En este aspecto, los profesores juegan un papel primordial.

¿Y desde dónde debe dirigirse ese cambio?
Creo que la Universidad es el lugar correcto para conducir este asunto con enseñanza cualificada. Considero que los profesores deben ser formados para lograr una buena pedagogía y técnicas de enseñanza pero también para conseguir un enfoque cada vez más humanista en la misión de enseñar. Así que necesitamos una buena enseñanza, de cada una de las materias, pero al mismo tiempo replantearnos la forma de trabajo de los maestros.

¿Qué puede hacer la Universidad para que los profesores contribuyan a reducir el fracaso escolar?
Esto es algo muy difícil. Pero creo que para reducir el fracaso escolar la clave está en que el colegio no puede ser represivo, ni selectivo, en el mal sentido de selección. Y para eso tenemos que darle a los profesores la capacidad de acompañar a cada estudiante en el camino para conseguir lo mejor. Eso significa que el docente debe dirigir esta misión como un aspecto colectivo, pero también individual. Éste es uno de los estándares de la sociedad de hoy. Hay que hacer entender a la gente que ser maestro no es estar a cargo de una clase. Es estar a cargo de una clase donde hay individuos. El profesor debe disponer de una predisposición psicológica, de la capacidad de atender a cada estudiante con una actitud optimista y de desarrollar una capacidad para descubrir lo que necesita cada niño.

Y cuando esto no ocurre y el niño suspende, ¿cuál cree que es la mejor forma de reconducirlo?
No creo que exista una solución universal. Al contrario, considero que el colegio debe ofrecer diferentes opciones para ir en una dirección u otra. Más Formación Profesional, más evaluación para detectar lo que está ocurriendo, si existen problemas familiares, por ejemplo, e intentar adaptarse a la situación de cada estudiante. Repito que el reto es hacer la Educación colectiva e individual a la vez. Habrá estudiantes que necesiten a los 16 años dejar el colegio por un periodo para desarrollar experiencias profesionales y después volver al Bachillerato o a la FP. Creo que la escuela debería tener la capacidad de modularse y de recibir a cada individuo ya sea cual sea su capacidad y el momento. La adolescencia es un periodo difícil, donde a veces converge la rebelión y el rechazo a la autoridad.

¿Cree que es necesaria más autoridad en el aula?
Creo que hace falta autoridad, pero que no debe ser impuesta por la fuerza, sino por condiciones, diálogo e incluso tratando con la inteligencia individual. Simplemente ser autoritario no basta.Habla de adaptar la Educación a cada caso individual.

¿Significa esto que la agrupación de los niños por edad ha quedado anticuada y habría que considerar aspectos concretos como la capacidad?
No, creo que es importante que los niños estén en la misma clase que sus iguales. Y es importante respetar esto especialmente en edades tempranas como son los 12 ó 13 años. Yo experimenté esto personalmente, porque cuando era pequeño era muy bueno en Matemáticas y me pusieron en una clase con niños dos años mayores que yo. Entonces yo tenía 10 años y mis compañeros 12 ó 13 y estaba completamente perdido, especialmente con las chicas, que eran ya chicas jóvenes, y yo todavía un niño. Para mi fue una situación crítica porque me encontraba muy asustado. Por eso creo que cuando los estudiantes son tan pequeños es importante respetar la agrupación por edades. Y después, cuando sean más mayores, en Bachillerato, o quizás en la Universidad, que aquellos más talentosos puedan pasar de curso más rápido.

Otro de los cambios que ha sufrido la Educación es la rápida incorporación de la tecnología. ¿Cuál cree que debe ser el papel de las TIC en clase?
En mi discurso el Día mundial del profesor que celebra la Unesco mencioné que tenemos que cuidar la dimensión emocional de la relación entre el profesor y los estudiantes. El título de mi discurso fue Profesores y estudiantes: la aventura humana. Y esta aventura humana es fundamental en la construcción de la persona. Ni las pantallas, ni los ordenadores pueden reemplazar el contacto directo entre el maestro y el alumno. Recuerda cuando tenías seis o siete años, la emoción que sentías al descubrir a tu profesor el primer día de clase. O al final de curso cuando te despedías. Por supuesto que las TIC son importantes, pero no pueden reemplazar la función del maestro. El colegio es un lugar donde aprendes, pero sobre todo donde desarrollas tus capacidades emocionales.

Recuperado de http://www.magisnet.com/ el 2 de febrero de 2009
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