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miércoles, 23 de septiembre de 2020

NO HAY FÓRMULAS MÁGICAS, PERO SI SABERES PEDAGÓGICO

 Nadie estaba preparado para un ciclo escolar atípico,  la pandemia cimbró todo el sistema educativo, bajo estas circunstancias educar se volvió un reto, las desigualdades socioeconómicas y de acceso a la tecnología resultaron ser el talón de Aquiles de las autoridades e impidieron  la concreción de su plan emergente,  se partió de concepciones parciales y falacias, dando por hecho que el  vivir en  el siglo XXI,  la educación como tal ya estaba  de manera automática  dentro de la  era digital, pero la realidad mostró que  la escuela se  quedó estática en el tiempo,  el abandono por décadas de los gobiernos anteriores  la mantuvo siempre  con un retraso tecnológico.

 


Los docentes nunca se han negado a actualizarse en el uso y manejo  de la tecnología en el aula de clases, pues hoy es evidente que han sido los primeros en buscar estrategias para conocer, aprender y utilizar los recursos informáticos y digitales para complementar su práctica educativa a distancia, fue por iniciativa propia que se adentraron a los medios virtuales y plataformas, conformaron sus aulas interactivas, crearon materiales, buscaron innovar y complementar su enseñanza, se volvieron autodidactas, asumieron su responsabilidad y aun con temores se arriesgaron.

 

Sin embargo los contrastes de nuestro país representaron el primer reto a superar, no obstante  que los maestros y maestras han puesto toda su energía en desarrollar destrezas y habilidades digitales para poder llevar a cabo su labor educativa, las condiciones de los estudiantes no son las más idóneas, su contexto se caracteriza por las  carencias económicas, por ambientes poco propicios para el aprendizaje escolar, sin libros en casa para investigar o consultar, limitados en comunicación, considerando que no todos cuentan con  celulares, computadoras, acceso a internet e incluso algunos sin televisión.

 

La brecha digital se hizo aún más latente, docentes y estudiantes han recurrido a diversos mecanismos y estrategias para no quedarse en el camino, la educación en línea o virtual parece imposible en algunos sectores sociales, pero eso no limita la incentiva de los docentes que siguen ideando una y mil formas de enseñar, transforman su práctica educativa a cada paso que dan, ante la adversidad se fortalecen y se vuelven ejemplo de vida para sus alumnos, los hacen partícipes en las  decisiones y nuevas relaciones que surgen, afianzan los lazos de corresponsabilidad en el proceso enseñanza-aprendizaje, fomentando al mismo tiempo los vínculos afectivos entre maestro-alumno.

 

No hay fórmulas mágicas para educar en tiempos de pandemia, pero sí hay saberes pedagógicos, surgen de la inteligencia colectiva magisterial, saberes que se construyen en el día a día y que en el transcurso de los años se perfeccionan, se abren paso entre visiones unilaterales impuestas de manera vertical por parte de las autoridades, buscan los espacios para hacerse escuchar. Estos saberes pedagógicos son respuestas, son propuestas, son alternativas nacidas desde la experiencia verdadera en el quehacer pedagógico, ante la crisis hoy se vuelve indispensable escuchar estas voces, conjuntar estos saberes para transitar a un proyecto integral educativo que no deje a nadie atrás y no deje a nadie fuera.

 

 

 

Por Ernesto A. Holder

Fuente: El autor escribe para el Portal Otras Voces en Educación

http://otrasvoceseneducacion.org/archivos/358678

domingo, 5 de abril de 2020

La docencia como mediación


Conseguir un saber estructurado, integrado, verosímil, coherente y útil para comprender la realidad y poder intervenir en ella, es un reto que necesita ayuda, entrenamiento, reglas, voluntad, y que interpela directamente a los educadores.


La tecnología digital no es solo un medio para transportar información; es también un entorno para la relación y la participación, que modifica sustancialmente la manera en que los individuos percibimos las cosas, nos informamos, aprendemos y construimos conocimiento. Pero, como han demostrado algunos expertos, el volumen inabarcable de información disponible y fácilmente accesible puede producir saturación, desconcierto, incomprensión e, incluso, desinformación. Además, la velocidad con la que se genera y consume, la convierte en sumamente cambiante, fragmentaria, frágil, y hace difícil distinguir la verdad de la mentira, lo maravilloso de lo despreciable, lo emotivo de lo razonable, lo seductor de lo sólido… Conseguir, a partir de esos mimbres, un saber estructurado, integrado, verosímil, coherente y útil para comprender la realidad y poder intervenir en ella, es un reto que necesita ayuda, entrenamiento, reglas, voluntad, y que interpela directamente a los educadores.

Resulta, por otro lado, que la tecnología digital ha cambiado, de manera casi imperceptible, la función y el estatus de la generación adulta, padres, madres, abuelos, hermanos mayores, profesores, mentores y monitores. No solo por el dominio práctico de móviles, tabletas y ordenadores, no solo por el tipo y la diversidad de informaciones a las que han tenido acceso desde muy temprana edad, sino sobre todo por la experiencia cotidiana de horizontalidad que comporta la red, de participación inmediata, de posibilidad de elección, de libertad… Lo hemos visto en el ámbito político, en el religioso, en el de los medios de comunicación y, por supuesto, en la familia y en la escuela: padres, profesores, libros de texto, bibliotecas… han dejado de ser la fuente hegemónica del saber y han reaccionado a veces con sorpresa, con desconcierto, con resignación o con indignación. El entorno digital exige pues una reubicación de las prioridades y de las formas de actuación de quienes tienen la responsabilidad de la educación de las generaciones jóvenes.

La era digital, nos dicen, requiere sujetos autónomos, críticos, sin vínculos que coarten su independencia, sin miedo a caminar o emprender en solitario, capaces de tomar decisiones rápidas e informadas, competentes para actuar libremente tanto en el mundo profesional como en el social, para moverse en entornos multiculturales, para seguir formándose a lo largo de toda la vida, para crear sin hipotecas del pasado, para inventar sin miedo al futuro, para evaluar alternativas diversas antes de dejarse llevar por lo más atractivo, lo más fácil o lo estadísticamente normal… Es decir, lo congruente con la era digital serían los aprendizajes de orden superior y divergente, mucho más que la memorización y las tareas rutinarias, el análisis o la síntesis. La pregunta pertinente, si damos por buenos estos requerimientos sería, ¿pero esto cómo se hace? ¿Es posible pasar de la dependencia absoluta, que es lo que define a los humanos cuando nacemos, a la plena autonomía que exigiría la era digital sin estaciones intermedias, sin avances progresivos, sin acompañamiento ni supervisión, sin referentes ni modelos, sin mediaciones?

Desde un cierto neoliberalismo enamorado de la liquidez se responde que no hay nada imposible, que el individuo que necesita la era digital debe ser por encima de todo flexible y adaptable, desde luego individualista (pues los vínculos comunitarios son siempre impedimentos a evitar) e independiente (rayando incluso la indiferencia hacia los demás, si suponen un obstáculo para alcanzar los objetivos propuestos), sin proyectos a medio o largo plazo, pues lo único importante es el presente y el futuro inmediato, sin ataduras ni réplicas del pasado, ya que nunca se darán situaciones idénticas ni comparables, sin mediadores que ejerzan su influencia sobre nosotros.

Creo que habrá que decir alto y claro que es totalmente imposible educar según esos parámetros, porque “la educación es un compromiso con la memoria”, porque “el proceso de crecer necesita referencias”. Lograr niveles elevados de autorregulación, de capital relacional, de autonomía y creatividad, de conocimientos sólidos y actualizados, solo es posible con un proceso de socialización progresivo, potente y continuado. Y la socialización demanda límites, influencias, referentes, modelos, hábitos, rutinas, mediaciones; todo lo contrario de lo que predica el sueño neoliberal líquido. Crecemos en contraste con las cosas, con los demás, con las instituciones que nos acogen y condicionan, y esa es la función de los referentes, de los mediadores, esa debería ser la misión de los docentes: no la imposición, sino el testimonio, ofrecer modelos, caminos y alternativas que podrán ser contestados y rechazados, pero absolutamente necesarios para el desarrollo de la persona en formación. Hora es ya de que desde la academia dejemos de enviar mensajes ambiguos y contradictorios, basta ya de predicar en público lo que no practicamos en privado. Tenemos una responsabilidad para con nuestros conciudadanos y debemos ejercerla con sensatez y claridad.






Autor
Xavier Besalú es profesor de Pedagogía de la Universidad de Girona
Fuente

sábado, 12 de febrero de 2011

Saberes previos

La adquisición de información nueva depende en alto grado de las ideas pertinentes que ya existen en la estructura cognitiva y el aprendizaje significativo de los seres humanos ocurre a través de una interacción de la nueva información con las ideas pertinentes que ya existen en la estructura cognitiva.
D. Ausubel

Los fundamentos que no pueden faltar
El concepto de saberes previos nos conduce a otro, más abarcativo: el de aprendizaje significativo. La idea esencial para promover un aprendizaje significativo es tener en cuenta los conocimientos factuales y conceptuales (también los actitudinales y procedimentales) y cómo éstos van a interactuar con la nueva información que recibirán los alumnos mediante los materiales de aprendizaje o por las explicaciones del docente.
Para Ausubel, la clave del aprendizaje significativo está en la relación que se pueda establecer entre el nuevo material y las ideas ya existentes en la estructura cognitiva del sujeto. Por lo expuesto, la eficacia de este tipo de aprendizaje radica en su significatividad y no en técnicas memorísticas. Los prerrequisitos para que un aprendizaje sea significativo para el alumno son:
• Que el material le permita establecer una relación sustantiva con los conocimientos e ideas ya existentes. A esta condición del material se la denomina significatividad lógica. Un material es potencialmente significativo cuando permite la conexión de manera no arbitraria con la estructura cognitiva del sujeto. Es decir, el nuevo material (que puede ser un texto o la información verbal del docente) debe dar lugar a la construcción de significados. Ello depende, en gran medida, de la organización interna del material o, eventualmente, de la organización con que se presenta dicho contenido al alumno.
• Disposición, interés y posibilidad de darle sentido a lo que aprende. Es decir, que el aprendizaje promueva una significatividad psicológica. Ello hace referencia al hecho de que el aprendizaje pueda significar algo para el alumno y lo ayude a establecer una conexión no arbitraria con sus propios conocimientos. Por lo visto, ambos prerrequisitos conducen al concepto de saberes previos, esto es, las ideas o conocimientos previos que los chicos han construido sobre determinados temas, tópicos o conceptos.
Los conocimientos previos de los alumnos en las diferentes áreas difieren tanto en lo que hace al contenido como a su naturaleza. Por ejemplo, algunos son más conceptuales, otros más procedimentales, más descriptivos o más explicativos. Estos factores varían según la edad y los aprendizajes anteriores.




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