sábado, 25 de marzo de 2017
Cinco tácticas para descubrir intenciones ocultas en las noticias
domingo, 4 de enero de 2015
Propuestas desde la Educación Física para vivenciar el cuerpo, ante la propuesta de los medios
Los medios se constituyen en la más poderosa herramienta para fijar sentidos. Respecto a los modelos de cuerpos ¿Qué se puede hacer desde la Educación Física? ¿Cómo desnaturalizar las imágenes establecidas por los medios?
miércoles, 25 de agosto de 2010
Los medios son las nuevas escuelas
"Para enseñar latín a Pedro hay que saber latín,
pero también hay que saber Pedro". Con este proverbio jesuita empieza el libro de Silvia Bacher, profesora de Letras, periodista especializada en educación, directora de múltiples proyectos sobre comunicación, infancia y juventud para organismos como Unesco y Unicef, y autora de Tatuados por los medios, un título que sintetiza un estado de cosas que hace ya unos años se instaló en la escuela. Porque hoy "saber Pedro" implica conocer las nuevas tecnologías y entender que Pedro no llega al aula solo: llega con todas las pantallas que ha mirado.
–Hoy, los medios son las nuevas escuelas –dice Bacher–. Si bien la escuela sigue dejando una marca muy fuerte en aquellos que asisten, a la otra escuela, la de los medios, asisten todos. Con el gran riesgo de que los nuevos "maestros", es decir los guionistas y los gerentes de programación, no tienen formación ni conciencia de su responsabilidad.
El 25 por ciento de los jóvenes latinoamericanos no va a la escuela formal –no es el caso de los niños, que tienen una asistencia del 98%– y el 50% no alcanza los niveles de rendimiento considerados "imprescindibles". Pero todos ellos –los que van y los que no, los buenos y los malos estudiantes– asisten puntualmente a la escuela de los medios. Y esa escuela crece: según diversos estudios, el 95 por ciento de los niños y jóvenes que viven en ciudades latinoamericanas accede de modo habitual a internet, el 83 por ciento tiene celular y el 67 por ciento se entretiene con videojuegos. Además, todos miran un promedio de cuatro horas diarias de televisión.
–Todos los chicos están expuestos a las pantallas, y lo hacen cada vez más tiempo y cada vez más solos y cada vez ante más pantallas –asegura Bacher–. Ya no se trata sólo del televisor sino también de los celulares, internet, los cíber, los videojuegos. Y lo que se termina armando son escuelas, que quizá no son constructivas ni los ayuden en el desarrollo de su autonomía, pero siguen siendo escuelas.
–¿Qué enseñan estas nuevas escuelas?
Tal como están planeadas, construyen modelos a los que casi nadie puede acceder y, en consecuencia, someten a los chicos a un grado alto de violencia simbólica y material. Hay una propaganda que se veía hasta hace un tiempo en la que a un chico lo llamaban por su nombre cuando se apagaba la luz, y cuando se encendía lo llamaban "Dumbo". ¿Qué valores se impulsan? Se enseña a no mirar, a no reconocer.
–¿Por qué la escuela tradicional no puede presentar batalla?
Porque no es la institución sólida que solía ser. Hoy no se sabe para qué hay que educarse, no se sabe cómo.
–Usted dice que ni chicos ni padres saben muy bien para qué hay que ir a la escuela.
¿Y los docentes? La mayoría de ellos tampoco sabe. La sociedad entera perdió el sentido de la educación. Y frente a este desconcierto, el mercado se presenta con certezas: el sentido de su existencia es vender. En ese escenario, la educación, que por un lado parece un bien endiosado y reconocido por todos, queda vacía y desconcertada.
–¿En qué situaciones se nota este desconcierto?
Por ejemplo: se cree que informatizar significa llenar las escuelas de computadoras. Éstas no garantizan innovación pedagógica, ni calidad educativa ni pensamiento crítico, y ni siquiera inclusión. A pesar de esto, los organismos de crédito internacional, apoyados por funcionarios locales, consideran que es urgente llenar las aulas de computadoras. Pero nadie responde a la pregunta "para qué". ¿Para qué querés computadoras? "Para que los chicos las usen", te contestan. ¿Y para qué querés que las usen? ¡Y ahí no hay respuesta! Mientras tanto, no se forma a los docentes. Sólo se los mansilla diciéndoles: "Ustedes son migrantes digitales, no saben nada, son incapaces, los que saben son los chicos…".
–¿De dónde llega este discurso? ¿De las escuelas, de los medios, de las familias…?
De todas partes. En el mundo entero se ha construido un discurso muy perverso y muy ligado a la década de los 90, donde lo valioso es lo nuevo que, al ser novedoso, entretiene.
–De ahí que se les pida a los docentes que sean entretenidos.
Claro, y eso tiene que ver con una estética mediática y de tiempos cortos. Los medios se han ocupado durante mucho tiempo de mostrar a la escuela como un lugar obsoleto y de mostrar a los docentes como gente incapaz de producir una transformación. Porque internet enseña que A es B, pero no pregunta qué pasaría si A no fuera B. Para eso están los maestros.
El libro de Bacher cuenta historias. Entre ellas, la de una maestra que teme hacer el ridículo cuando enseña tecnología; la de otra docente que se abruma cuando le dicen "usá videos en clase, usá la tele, usá la computadora", y ella sólo tiene en su casa un aparato VCR; la de una escuela que recibió una partida de computadoras y, al no saber qué hacer con ellas, las puso bajo llave para que no se rompan, y la de un maestro de escuela "informatizada" que, para captar la señal del teléfono celular, debía subirse al último escalón del tobogán del patio del recreo.
–No alcanza con tener computadoras –explica Bacher–. Por encima de las máquinas, hay que encontrar el sentido a la educación. Vos ves que muchos adultos mayores dicen: "Yo uso la tecnología porque mis nietos o mis hijos viven afuera". Ahí hay un sentido, un para qué. Cuando el docente perdió la ruta de para qué está al frente del aula, cuando no sabe u olvidó o no se lo formó para que recupere ese deseo de usar todos los medios a su alcance para hacerse preguntas, ahí está el problema. Y ese problema se magnifica con el ingreso de las pantallas, los celulares que te graban en clase, el copy-paste en las pruebas...
–Bueno, el copy-paste es la versión actualizada de copiarse. Eso siempre estuvo.
Exacto. Es un problema de ética. Y vuelvo a lo mismo: si uno sabe para qué estudia y cuál es el valor de formarse, no tiene sentido hacer un copy-paste. No es un tema de tecnología sino de pensar por dónde va el compromiso. Y hoy la escuela de los medios instaló que no hay compromiso. Hace un tiempo había una propaganda de una casa de comida rápida que decía: "Es tan barato que vas a sentir que nos robaste". ¿Qué están diciendo? ¿Qué hablan del copy-paste, cuando esta otra "escuela" da estos mensajes?
No es el único mensaje que dan "los medios". En el último año, según analiza Bacher en su libro, la institución educativa llegó a la televisión de la mano de títulos catástrofe como: "Expulsan a dos alumnos por humillar a un docente", "Le queman en clase el pelo a una profesora, lo filman y lo suben a internet", "Adolescentes usurparon el colegio", "Armas en la escuela" y "Cuatro nenes de jardín acusan de abuso a un profesor". Pero Bacher todavía espera los otros títulos: los que hablen del problema mayor; de docentes, pantallas y toboganes.
jueves, 7 de mayo de 2009
PREGUNTAS, EN VEZ DE RESPUESTAS
Muchos y variados son los factores que inciden en el aprendizaje de los adolescentes. Las cuestiones y preguntas para orientar la reflexión y los estudios que podrían ser llevados a cabo se sitúan en los diferentes entornos en los que niños, niñas y adolescentes realizan las distintas experiencias que influyen en el desarrollo de su capacidad para aprender. Un primer listado de interrogaciones podría consistir en:¿Qué pautas de crianza posibilitan y fomentan la capacidad de aprender de forma responsable y crítica?
¿Qué valores promueve la sociedad mediática y qué influencia tienen en la predisposición del alumnado para aprender?
¿Cómo configura la sociedad mediática y la superproducción de información visual las formas de aprender de los más jóvenes?
¿Qué debería tener la escuela en cuenta para conectar con los intereses y capacidades de niños, niñas y adolescentes y llevarlos más allá de la experiencia dada?
¿Hasta qué punto los contenidos del currículum y la forma de ponerlos en práctica propician el pensamiento de orden superior en un mundo mediado por la imagen?
¿Hasta qué punto los centros escolares ofrecen un porqué apasionante a los alumnos, como alternativa a la obligación y al deber o a la hipotética esperanza de un mañana incierto?
¿Cómo se forma al profesorado y hasta qué punto se le prepara para afrontar la complejidad de su tarea en el mundo actual?
¿Promueven la organización de los centros una cultura de colaboración, desarrollo personal y social y aprendizaje en equipo?
Mientras que no comencemos a dar respuesta a estas preguntas, y el debate educativo deje de centrarse en el número de horas que ganan o pierden las materias escolares, o las formas de agrupar a los alumnos, vendrán nuevas pruebas PISA y nuestros alumnos, que no son precisamente tontos, continuarán sin encontrar las respuestas adecuadas, no porque sean incapaces de aprenderlas, sino porque no comprenden las preguntas. Preguntas que son contradictorias con las formas de enseñanza que se les ofrecen en la actualidad en los centros de enseñanza primaria o secundaria.
Extraído de
Re2006.pdf
Número extraordinario PISA
http://www.revistaeducacion.mec.es/
Aprender a los 15 años: factores que influyen en este proceso
Juana Mª Sancho Gil
Universidad de Barcelona
miércoles, 18 de febrero de 2009
Los docentes y los medios
sobre el poder, la educación y la construcción de sentidos.Es nuestra convicción dar cada vez más importancia a la relación Educación-Comunicación, es decir, Escuela-Medios Masivos. Estamos convencidos de que el docente está cada vez más necesitado de “manejar” las reglas de juego y tecnologías comunicativas, no desde el recurso didáctico de “usar” los medios, sino desde la necesidad de “reverlos”. Tanto en defensa de su rol como trabajador de la educación como fomentando el espíritu crítico, dándole batalla desde el aula al flagelo de la masificación.
Hace ya varios años nos decíamos con dolorosa ironía “los docentes enseñamos a leer a los niños, mas no sabemos leer nuestro propio recibo de sueldo”, en clara alusión a la necesidad de crecer en conciencia de nuestros derechos. Hoy, con una escuela que compite en desigualdad de condiciones con la televisión y con Internet, necesitamos aprender a leer el lenguaje audiovisual de las nuevas tecnologías. El hábito de nuestros educandos es “el videoclip y el zapping”.
En este contexto, invito a los docentes a confrontar, influir y construir –poniéndoles “valor agregado” a nuestras palabras– entre las llamadas TIC (Tecnologías de la Información y la Comunicación) y su influencia en el aprendizaje dentro de la escuela. Confrontar con el modelo de exclusión, de una Argentina para pocos, de la eficiencia llevada al grado superlativo, de la especulación financiera, del neoliberalismo social donde “los más aptos sobreviven”, de la escuela de la competencia en contra de la solidaridad, del cientificismo sin trascendencia. Influir ante un gobierno que, cuando acierta, requiere respaldo; cuando duda, requiere aportes; y cuando se tienta con volver a las cómodas recetas del ajuste ortodoxo, requiere firmeza de los trabajadores. Construir con los compañeros, porque únicamente la organización vence al tiempo y no sólo trasciende a ministros, sino también nos trasciende a nosotros mismos.
De ahí que nuestra consigna en el plano de la cultura sea “agreguémosle valor a las palabras”. Y esto desde la doble acepción del concepto de valor, es decir, palabras valiosas y palabras valientes. Por ejemplo, educación liberadora es un concepto valioso, porque nos remite a replantearnos los fines de la educación y a salir de la trampa neoliberal, que la analiza exclusivamente desde la gestión. Pero al mismo tiempo, hablar de liberación requiere un grado de valentía, pues supone denunciar la opresión, la dependencia, la colonización pedagógica y la desinformación. Si anhelamos una Argentina sin excluidos es porque queremos una sociedad de pleno empleo. En consecuencia, es preciso que tomemos conciencia de que solamente lo lograremos a través del sostenimiento de un perfil productivo integrado, diversificado y de alto valor agregado.
Hoy en día se ha desplazado el centro de gravedad del control social desde la escuela hacia los medios masivos, en especial la televisión. Esto implica que los centros de poder invertirán más en la “TV basura” que en la educación. Es contra este antimodelo cultural que debemos confrontar. Para poder revertir esta situación debemos desde el sector educativo influir en la redacción de la próxima ley de radiodifusión. Necesitamos una ley que garantice el derecho a la información de los ciudadanos; así como tenemos una democracia política y queremos una democracia económica, también hay que plantearse la democracia al acceso a la información.
En este sentido, es importante recordar que hay sectores de poder que no quieren que el Estado ni la comunidad desarrollen conocimiento a través de la escuela, ya que esto es susceptible de ser conducido de un modo popular. Se les hace mucho más fácil controlar la sociedad a través de medios de comunicación concentrados y tecnologías difíciles de manejar. Entonces, la escuela tiene una competencia fuerte y la ley de radiodifusión tiene que contemplar esto, porque el rol de los medios masivos debe estar enfocado a ayudar al sistema productivo.
En definitiva, es imprescindible que los docentes nos apropiemos de las Tecnologías de la Información y la Comunicación, no sólo como recurso didáctico para utilizarlos en el aula, sino más bien para comprender los metalenguajes, la construcción simbólica. De este modo, lograremos decodificar y adquirir una posición crítica ante los medios de comunicación.
Promovamos la Formación en la Recepción Crítica de Medios, para evitar una sociedad idiotizada y masificada. Intentemos construir una comunidad en donde cada uno sea artífice de su propio destino y no objeto de la ambición de nadie.
Por Horacio Ghilini *
* Secretario general de Sadop (Sindicato Argentino de Docentes Privados). Secretario de Estadísticas, Registros y Defensa al Consumidor de la CGT.

